Review: «Sentimental value», el peso del legado emocional de Joachim Trier

1 El eco de una carrera

Joachim Trier ha forjado una filmografía íntima y demoledora, cimentada en la exploración de las barreras emocionales que separan a las personas, especialmente dentro del núcleo familiar. Su última obra, Sentimental Value, no es la excepción; por el contrario, representa una maduración y condensación de los temas que lo han obsesionado desde sus inicios.

La filmografía de Trier comenzó con una aguda disección de la ambición juvenil y la amistad en Reprise (2006). En su ópera prima, dos amigos de la infancia, Phillip y Erik, envían sus primeros manuscritos. El destino juega con ellos: el de Phillip es un éxito rotundo, mientras que el de Erik es rechazado. La película juega c no on esta dicotomía del «qué pasaría si,» mostrando cómo el éxito puede ser tan destructivo como el fracaso, llevando a Phillip a un colapso mental. Aquí ya se establece una de las primeras barreras: la que separa al triunfador del que se queda en la sombra.

Años después, en Más fuerte que las bombas (Louder Than Bombs, 2015), con un reparto estelar que incluía a Isabelle Huppert, Trier eleva la apuesta hacia el drama familiar y la omisión parental. La trama gira en torno a un padre y sus dos hijos que intentan sobrellevar la muerte de la madre, una famosa fotógrafa de guerra. La relación entre ellos siempre está impedida por algo: el trauma, la distancia y, sobre todo, la ausencia de una figura materna que eligió la adrenalina de los conflictos bélicos por encima de la estabilidad familiar. La barrera emocional no es ya de ambición, sino de legado y de perspectivas dispares sobre la persona que se ha ido.

2 La constante de Trier: la carga emocional

En casi todas las películas de Joachim Trier, la carga emocional resulta pesada y, a la vez, profundamente reflexiva. Sus personajes se enfrentan a un dolor inmenso, casi siempre detonado por una muerte por suicidio, un abandono o una omisión parental. El luto y la distancia se convierten en las atmósferas principales, obligando a los protagonistas a vivir contenidos por dentro, a pesar del inmenso enojo o melancolía que los carcome. Esta contención es la que alimenta la tensión dramática de su cine, haciendo que la inmersión en la psicología de sus personajes sea tan intensa.

3 El arte como vaso catártico

Con Sentimental Value, Trier regresa a estas atmósferas emocionales tan melancólicas y densas. Volviendo a trabajar con su musa, Renate Reinsve (La peor persona del mundo), el director explora nuevamente cómo estas emociones, reprimidas o no resueltas, encuentran una salida. El arte —ya sean trabajos literarios, cinematográficos o musicales— se convierte en una vasija donde el artista vuelca todas sus emociones y frustraciones.

La película, al igual que las anteriores, funciona como un espejo que confronta a sus personajes con su propio pasado y sus padres. Es en el proceso creativo (o en su contemplación) donde este material emocional se transforma, ofreciendo la posibilidad de una catarsis personal, tanto para los personajes como para el espectador. El arte en el cine de Trier no es solo un tema, es una herramienta de sanación, una forma de, aunque sea brevemente, derribar esa barrera emocional impuesta por el trauma.

4 El favorito de Cannes

La madurez del director noruego no ha pasado desapercibida. Tras el éxito de La peor persona del mundo, Sentimental Value consolidó a Joachim Trier como un favorito indiscutible del Festival de Cannes. La película no solo fue aclamada por la crítica, sino que también fue recibida con una efusiva ovación tras su proyección.

En la 78ª edición del festival, Sentimental Value fue premiada con el Gran Premio del Jurado (también reportado como Gran Premio del Festival), uno de los máximos galardones. Con este reconocimiento, Joachim se ha convertido en un nombre recurrente y aclamado por la Croisette, en un contraste notable con su tío, el polémico Lars Von Trier, quien en algún momento se convirtió en una figura no grata en el festival. Joachim, en cambio, ha sido adoptado por su cine de una humanidad conmovedora y sin cinismo.

Joachim Trier repite sus líneas, sus trazos emocionales y con esto vemos ya a un director cinematográfico maduro, pero sobre todo, con la pluma y la cámara más firme que nunca porque regresa con una película demoledora.

Spoiler Show #11