Esta es una de las películas que yo hubiera visto de niño y con la que habría deseado ser el héroe principal. Esta es una de esas cintas que, cuando vas al cine, o te hunden en el asiento o te ponen al filo de la butaca por pura emoción. Es una obra que te da esperanza, luz y el estímulo para ser un gran ser humano. Esta es la película que, al verla, te hará recuperar la fe en algo más grande que tú. Porque el cine también —y a veces se nos olvida— es esto: inspirarnos a ser mejores versiones de nosotros mismos.
Phil Lord y Chris Miller, directores del “Spider-Verse”, saltan al mundo del live-action con una película de ciencia ficción y aventura que conmociona al espectador. Ryan Gosling interpreta a Ryland Grace, un profesor de biología y matemáticas reclutado por un organismo de cooperación internacional para investigar la aparente muerte del sol. Dentro de treinta años a partir de hoy, el sol dejará de existir, y con él, la vida en el planeta Tierra.

Esto no solo está pasando en nuestra galaxia, la Vía Láctea, sino también en otras. Es una infección que está devorando a los soles de varios sistemas. Ryland debe ir, a regañadientes, a intentar salvar al mundo.
Hay una escena que me impactó profundamente de Proyecto Fin del mundo: cuando Rocky y Grace se despiden. Aunque Grace comprende el concepto de la despedida y Rocky no, a ambos les cuesta trabajo decir adiós para siempre e ir a salvar sus respectivos planetas. Lo conmovedor no es el adiós en sí, sino cómo la historia, sostenida por un guion magistral de Drew Goddard, logra transmitir una emoción tan compleja a través de una de sus partes que ni siquiera conoce el concepto de la separación.
Los directores logran algo impensable con una película sumamente inteligente, audaz y aventurera, pero, sobre todo, llena de empatía por el otro. Actualmente, nuestro planeta está en guerra, y esta surge precisamente por la falta de entendimiento hacia quienes nos rodean. No quiero catalogar entre buenos y malos, porque desde las perspectivas individuales todos son ambas cosas y se vuelve un cuento de nunca acabar.

Nos falta empatía, amor y amistad por los seres que nos rodean. Los humanos, hoy en 2026, se pelean por un pedazo de tierra. Hoy se pelean por combustible líquido y pronto lo harán por alimentos. Hoy una isla está en crisis porque otro país decidió que un bloqueo económico sería la solución perfecta para doblegar a toda una nación. Hoy, varios países se encuentran confrontados por la falta de empatía mutua, llevándonos al borde de una tercera guerra mundial.
Si el cine es una herramienta de reingeniería social masiva, este es el cine que necesitamos. Este es el cine que deben ver nuestros niños. Este es el cine que hace falta que nuestros gobernantes vean para sensibilizar sus corazones. Esta es la clase de película que puede hacer de nosotros alguien mejor y, con suerte, construir un mundo un poco más brillante en el futuro.
¡Este es el cine!
