Review: «No me sigas», punzante crítica social en la era digital

«No me sigas» marca un hito trascendental al ser la primera película mexicana producida por Blumhouse Productions, la reconocida casa productora estadounidense. Este hecho es notable porque Blumhouse, célebre por franquicias como Actividad Paranormal y Halloween, se distingue por producir casi exclusivamente productos propios e ideas intelectuales de su propiedad. Su respaldo a la visión de los hermanos Lecuona, rodada íntegramente en la Ciudad de México con talento local, no solo valida la creatividad del cine de género latinoamericano, sino que también abre una nueva puerta para que las historias de terror mexicanas trasciendan fronteras bajo un sello de prestigio global.

2 El espectáculo de lo oculto
La trama sigue a Carla (Karla Coronado), una aspirante a influencer de contenido paranormal que está desesperada por ganar seguidores. Para lograr la viralidad, se muda a un supuesto edificio embrujado en la Ciudad de México y comienza a fingir eventos sobrenaturales con trucos baratos en sus transmisiones en vivo.
Los hermanos Jimena y Eduardo Lecuona utilizan esta premisa para una crítica incisiva sobre las redes sociales y la presión social que ejercen. La película funciona como una oscura autopsia del presente digital. Muestra hasta dónde está dispuesta a llegar una generación obsesionada con el «like» y la exposición constante, desdibujando la línea entre el performance y la realidad. El terror se desata cuando sus trucos invocan accidentalmente a una entidad maligna real, que comienza a manifestarse frente a ella y sus seguidores. La película advierte: lo que se finge por entretenimiento puede volverse una pesadilla incontrolable, donde el «follow» se convierte en un testigo involuntario de la caída.

3 El miedo a la irrelevancia
El arco del personaje de Carla y la manifestación del fantasma constituyen una dicotomía fascinante y aterradora. El verdadero motor de Carla es su miedo a ser olvidable, a no ser relevante en el vasto mar de contenidos digitales. Su obsesión por los seguidores y la necesidad de ser «vista» es la grieta emocional que el espíritu maligno explota.
El fantasma no es solo una amenaza sobrenatural que se vuelve real; es una poderosa metáfora de ese miedo a la irrelevancia. La entidad se vuelve una extensión de la ambición y la desesperación de Carla, un reflejo físico de la monstruosidad que emerge al anteponer la fama a la identidad y la moral. El espíritu real es el costo de su mentira, el precio por intentar jugar con las fuerzas oscuras de la viralidad. El horror reside en que, para cuando Carla logra la fama que anhela, ya ha sido consumida, y nadie —ni ella ni sus seguidores— puede distinguir dónde termina el show y dónde comienza la auténtica posesión.
«Cuando el ‘like’ es tu alma, el fantasma de la irrelevancia siempre te estará siguiendo. «No me Sigas» representa el terror de volverse viral.»