Reseña: “A cualquier precio”. Cuando el Justiciero de la Mafia se viste de Agente Federal

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El cine sobre la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos suele moverse entre la solemnidad institutional y el drama de época abnegado. Sin embargo, By Any Means (dirigida por Elegance Bratton) opta por una vía de escape provocadora, violenta y casi irónica: convertir uno de los capítulos más sombríos de la historia de Mississippi en una suerte de buddy-cop thriller en la vena de Mississippi Burning mezclado con Inglourious Basterds.

La premisa enfrenta a dos polos opuestos: Wayne Strider (Yahya Abdul-Mateen II), un metódico y estoico agente negro del FBI que cree firmemente en el debido proceso y la legalidad institucional, y Gregory Scarpa (Mark Wahlberg), alias “The Grim Reaper” (La Muerte), un despiadado sicario de la mafia neoyorquina reclutado en secreto por el propio gobierno federal para hacer el “trabajo sucio” que la ley no puede —o no quiere— ejecutar.

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El hecho real de 1966: El asesinato de Vernon Dahmer y la masacre impune

Detrás de la adrenalina de la pantalla y el dinamismo de la película subyace una herida sangrienta de la historia real de Estados Unidos.

En enero de 1966, en Hattiesburg, Mississippi, el líder comunitario y presidente local de la NAACP, Vernon Dahmer (interpretado en la cinta con maestría por Giancarlo Esposito), cometió el “delito” de ofrecer la tienda de su propiedad como centro de registro de votantes para la población afroamericana, e incluso se ofreció a pagar las cuotas de empadronamiento de su propio bolsillo para romper el cerco del segregacionismo.

La respuesta del Ku Klux Klan fue implacable: en la madrugada del 10 de enero de 1966, miembros del grupo extremista atacaron su hogar con bombas molotov y armas de fuego. Dahmer defendió a su familia a tiros desde la entrada para permitir que su esposa e hijos escaparan por la ventana trasera. Aunque logró salvarlos, sufrió quemaduras de tercer grado y daños pulmonares fatales que le costaron la vida horas después.

La complicidad de las autoridades locales, plagadas de simpatizantes del Klan, convirtió la investigación formal en una burla. Fue en ese contexto desesperado e hipócrita donde el FBI —bajo la gestión de J. Edgar Hoover— decidió aplicar la táctica más heterodoxa y turbia del siglo XX: enviar a Gregory Scarpa, un asesino a sueldo de la familia Colombo, a ‘interrogar’ a los miembros del Klan con métodos de coerción, tortura y secuestro que ningún tribunal legal habría autorizado jamás.

¿Justicia o la trampa de la venganza?

La película utiliza esta incongruencia histórica como su mayor motor dramático. Ver a Mark Wahlberg encarnar a un mafioso amoral que le recita frases de Malcolm X a un consternado agente del FBI resulta chocante, pero extrañamente efectivo en términos de entretenimiento.

• Lo mejor: La química entre Yahya Abdul-Mateen II y Mark Wahlberg. Abdul-Mateen le aporta la gravedad que mantiene a la cinta anclada a la realidad humana, mientras que Wahlberg aporta un ritmo frenético y visceral.

• El dilema de fondo: La película plantea una pregunta incómoda: cuando las instituciones democráticas fallan o se coluden con los opresores, ¿se vuelve aceptable la violencia desmedida como sustituto de la justicia?

A cualquier precio no busca ser un documental pulcro ni una lección académica de historia; es una fantasía de venganza histórica que pone al espectador en un terreno incómodo. Nos recuerda que en el Mississippi de 1966, la barrera entre la ley, la mafia y el terrorismo racial no siempre estuvo dividida por líneas morales claras, sino por quién sostenía el arma en ese instante. Una propuesta entretenida, convulsa y atrevida que invita a reflexionar sobre los límites del poder y la justicia.

Spoiler Show #27