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Hace semanas que vengo viendo que Coraline (2009) de Henry Selick es la que domina los gustos en Google Play Movies & TV. Obviamente, me pregunté el porqué y fue así que me digné a verla. El resultado me sorprendió.
El estudio de stop-motionLaika ha demostrado con los años ser una potencia de la animación. Ha cosechado una cantidad de éxitos al ser aclamados por la crítica, y Coraline fue la película que lo inició todo.
Coraline está basada en una novela escrita por el gran Neil Gaiman. Este viaje del personaje de Coraline es uno de introspección, lanzándose a encontrar y aceptar sus raíces. Frente a su mundo monótono, Coraline se topa con un mundo donde todo, absolutamente todo (hasta sus «nuevos padres»), es mejor… o eso parece. Con el paso de los minutos, ese otro mundo se convierte en una pesadilla.
Así, Coraline se convierte en una película familiar poco regular. Si bien está dirigida para los niños, la búsqueda o la aventura del personaje principal pasa a ser tan pesada y oscura que entrega señales visuales del género de terror para enmarcar los miedos cotidianos de la infancia de la protagonista.
Ya de entrada la mansión que se nos presenta alberga el terror desde la imagen, no desde la acción: con colores apagados y una ubicación insular en la cima de una montaña, la tristeza invade nuestros sentimientos. La economía visual es todo, más aún si vemos ciertos detalles, como el pozo subterráneo infinito, el gato negro que merodea y la flora en descomposición. A la incomodidad generada hacia el espectador, se le suma una verdad que todos exclamamos: qué horrible vivir en esa realidad.
Coraline es nuestro yo en la cinta, siente lo antes expresado, cosa que se refuerza con las interacciones con sus padres. Y es que la protagonista no es más que un espectro para el mundo cerrado de sus progenitores, dos escritores adictos al trabajo que dejan de lado la necesidad de atención que expresa la niña a través de sus súplicas para perderse en los constantes ruidos de sus computadoras.
La casa como espacio acogedor se transforma en un no-lugar para Coraline, un espacio de paso que se cimenta, sobre todo, en el verdadero malestar: la falta de atención de los adultos que viven dentro.
El otro mundo que visita Coraline parecen tener las respuestas a todos los cambios que desea en la vida. Todo es color, cuidado y jolgorio. La familia que se presenta en este supuestamente genial mundo (vale recalcar que la mansión es todo lo esperado) es atenta, imaginativa y ¡cocina!. El nuevo seno familiar (no muy humanos, por cierto, ya que tienen botones en lugar de ojos) le brinda a la protagonista diversión y, lo más importante, un sentido de pertenencia.
Pero ese mundo ideal no perdura. Y todo por la Otra Madre, más conocida como Beldam. Ella fue quien diseñó este otro mundo como atracción de niños infelices para tomarlos por la eternidad. Todo ahora se vuelve horror: ratas enormes, títeres con extremidades de metal y niños fantasmas con ojos de botón son de la partida. Y a partir de este momento, la moraleja de la cinta: el horror de la realidad debe ser enfrentado y no dejarse caer en un círculo vicioso de depresión.
Luego del ajetreo, el viaje de Coraline para valorar a su verdadera familia no termina cuando ella regresa a los brazos de sus verdaderos padres. Poco después de retirarse del horrible otro mundo, sus verdaderos padres son secuestrados y retenidos como rehenes por Beldam, por lo que debe aventurarse una vez más en esta aterradora realidad para recuperarlos. En ese momento Coraline se arma del valor necesario para rescatarlos y da el salto emocional de aceptar a sus verdaderos padres tal como son, con defectos y virtudes; ya está preparada para enfrentar los terrores cotidianos de su realidad.
Coraline es una historia de familia diferente. Explorando miedos pero sobre todo sentidos de pertenencia, la película hace hincapié en que debemos enfrentar nuestros miedos como parte de la vida cotidiana. Porque ser valiente significa tener miedo y de todos modos enfrentrarlo. La familia nunca es perfecta, y ese es el plus: la realidad en el error es lo que nos hace humanos. La tan cuestionada generación de cristal debería ver esta cinta, y más de una vez.
Cassandra Ciangherotti, Alfonso Borbolla y Nash en Spoiler Show con Rana Fonk.
En este programa nos visitan Cassandra Ciangherotti para hablar de Las Locuras, maternidad, actuación y mucho más; además el actor Alfonso Borbolla viene a divertirnos y a contarnos una anécdota genial con Thalia; y la actriz y creadora de contenidos Nash. ¡Charla y diversión asegurada!