En los últimos años, el cine y la televisión se han llenado de producciones centradas en villanos o en personajes con una moral bastante cuestionable. Estas además han tenido un buen recibimiento por parte de la crítica y la audiencia. ¿Pero por qué las encontramos tan atrapantes?
¿Por qué los villanos como protagonistas funcionan tan bien?


Realmente siempre han existido historias donde el villano es el foco de atención y no el héroe o las personas víctimas de su locura, manipulaciones o violencia. Como ejemplos tenemos a The Godfather (1972), The Shining (1980), Fight Club (1999) y American Psycho (2000). Sin embargo, ha sido recientemente cuando hemos comenzado a mirar a los villanos desde otra perspectiva, una que ya no los pone como simples monstruos que hacen el mal solo por hacerlo, sino que trata de mostrarlos con diferentes matices, humanizándolos.
Los espectadores entonces nos encontramos apoyando a personajes que son genocidas como Anakin Skywalker/Darth Vader de la franquicia de Star Wars, asesinos en serie y/o caníbales como Hannibal Lecter de Hannibal (2013-2015), gánsteres como Thomas Shelby de Peaky Blinders (2013-2022), brujas como Maléfica de Maléfica (2014) y Scarlet Witch de Doctor Strange in the Multiverse of Madness (2022), y antihéroes como Peacemaker y Harley Quinn de The Suicide Squad (2021) o Loki Odinson de Loki (2021).

Sus historias resultan atrapantes porque muchas veces son más ingeniosos, poderosos, carismáticos, atrevidos, protectores, resilentes y dispuestos a hacer lo que sea para alcanzar sus objetivos que los héroes a los que se enfrentan. Además, se les llega a ver vulnerables tanto física como mentalmente, anhelantes de cariño, dubitativos, traumatizados por su pasado e incluso capaces de sentir amor (o lo que entienden por ello) y hasta cierto punto empatía por otros.

En resumen, el viaje del héroe nos lo sabemos de pies a cabeza, pero el viaje del villano nos lleva por caminos tempestuosos e inesperados. Puede que reciba un arco de redención y nos sorprenda con un gran cambio en su corazón o que al final pague por todo lo que cometió, dejando nuestros corazones partidos, pero con el sabor en la boca de una buena historia.