Primera temporada de Nadie nos va a extrañar: el comienzo de una historia que nunca olvidaremos

Primera temporada de Nadie nos va a extrañar
Fuente: IMDb

La primera temporada de Nadie nos va a extrañar nos llevó hasta los años 90 para conocer a Alex, Memo, Marifer, Tenoch y Daniela, cinco jóvenes que además de enfrentarse a los problemas propios de su edad, encontraron en su amistad un refugio.

La serie trascendió porque ninguna situación se siente ajena. Al contrario, detrás de cada personaje había emociones que podían resultar familiares para cualquier persona y experiencias que nos recuerdan el valor de la amistad.

Una serie que habla de todos

La primera temporada de Nadie nos va a extrañar no intenta presentar la adolescencia como una etapa sencilla o idealizada. Sus protagonistas tienen aspiraciones, inseguridades, deseos, miedos y contradicciones. Quieren descubrir quiénes son, pero siguen aprendiendo a entender completamente lo que sienten.

Esa es una de las razones por las que la serie puede conectar con cualquiera. No es necesario haber vivido exactamente las mismas experiencias que los personajes para reconocer algo propio en ellos.

Quizá alguien pueda identificarse con la inseguridad de uno, con las decisiones de otro o incluso con alguno de sus errores. La serie entiende que crecer no significa saber exactamente qué hacer, sino aprender mientras avanzamos.

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Una retrato genuino de la adolescencia

La primera temporada de Nadie nos va a extrañar también destaca por algo que podría parecer sencillo, pero que no siempre es fácil de conseguir: los adolescentes se sienten como adolescentes.

Los protagonistas son personas sin respuestas y mucho camino por recorrer. Pueden ser impulsivos, egoístas, inseguros, valientes, cariñosos o incluso tomar decisiones equivocadas. Y todo eso forma parte de quienes son.

La serie tampoco necesita justificar constantemente sus acciones. Los personajes pueden hacer algo bueno y después equivocarse. Pueden lastimar a alguien sin querer. Pueden tomar una mala decisión y tardar en comprender sus consecuencias. Son humanos siendo humanos.

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Crecer es para siempre

La primera temporada de Nadie nos va a extrañar también entiende que crecer no es algo que termina cuando dejamos de ser adolescentes. Todos tienen dudas y atraviesan situaciones que los obligan a cuestionarse sus propias decisiones.

La serie no presenta a un solo personaje con la vida resuelta, son seres humanos que siguen aprendiendo. Y eso resulta importante porque rompe con la idea de que los adultos son quienes tienen todas las respuestas.

Al igual que sus protagonistas, ellos también se equivocan, cambian de opinión, intentan entender lo que sienten y aprenden de lo que les ocurre. Quizá tienen más experiencia, pero eso no significa que hayan dejado de crecer.

La primera temporada de Nadie nos va a extrañar presenta el crecimiento como un proceso que nunca termina, cada personaje con sus propias decisiones y con los cambios que llegan a sus vidas.

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El valor de hacer que todo se sienta real

La primera temporada de Nadie nos va a extrañar cuenta su historia de una manera en la que todo parece suceder realmente. Las conversaciones, las amistades, los conflictos y los momentos más complejos fluyen sin sentirse forzados.

Esa naturalidad también permite que la serie construya sus relaciones poco a poco. La amistad entre ellos no parece existir solamente porque la trama necesita que estén juntos, se siente como una amistad que fue creciendo con el tiempo, con sus momentos buenos y malos.

Igualmente, por esa razón la primera temporada de Nadie nos va a extrañar consigue que conectemos con ellos y nos preocupemos por lo que les sucede. El vínculo que se forma con los personajes hace que lo que les ocurre tenga peso en nosotros.

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La amistad dentro de las adversidades

Aunque cada integrante del grupo tiene una vida, un pasado, problemas que los acompañan y deseos que aún están descubriendo, la primera temporada de Nadie nos va a extrañar demuestra que la amistad puede convertirse en el mayor refugio durante los momentos más difíciles.

Ellos no siempre saben cómo ayudarse y puede que a veces no tomen las mejores decisiones, pero existe una sensación constante de que están intentando atravesar juntos una etapa que ninguno entiende por completo.

La amistad también se presenta de una manera hermosa y realista. Se presenta como una etapa que eventualmente termina, y eso no es malo necesariamente. Nos recuerda que nada es para siempre, pero que eso no significa que deje de ser importante.

Durante la adolescencia es fácil sentir que lo que vivimos estará presente para siempre. Con el tiempo descubrimos que no siempre es así, y que algunas de las relaciones y situaciones que más nos marcaron pertenecen precisamente a momentos que ya no podemos recuperar.

Pero son precisamente esos momentos, esas personas y las experiencias que compartimos con ellas las que terminan dándole sentido a una etapa de nuestra vida.

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La primera temporada de Nadie nos va a extrañar demuestra que todos hemos sido esa persona que no sabe qué hacer. Todos hemos tenido una amistad que parecía eterna o hemos tomado una decisión de la que aprendimos después.

La serie presenta experiencias que todos podemos reconocer y que hacen que sus personajes se sientan tan cercanos, mientras nos recuerda el valor de la amistad y que nunca dejamos de crecer, incluso cuando creemos que ya deberíamos tener todas las respuestas.

Spoiler Show #23