Esta semana, que es la antesala a Halloween, fecha también llamada Noche de Brujas, nos hemos centrado en hablar de las brujas en distintos artículos, y es por eso que hemos hablado de su historia tanto en el cine como en la televisión. Y este artículo es inevitable: no podemos no mencionar que las mujeres son más estigmatizadas en cuanto a la brujería.
Analizando históricamente, Silvia Federici, en su libro El calibán y la bruja, hace un análisis, a grandes rasgos, sobre la relación del inicio del capitalismo con la cacería de brujas. Y esto abre otro debate: la sociedad de consumo alejando a los consumidores significa, en un mundo capitalista, que los calla.
Ahora pasemos al cine y a las series.
Ya de entrada, el acto: NUNCA se habló de «caza de brujos», siempre fue «caza de brujas». Un ejemplo de esto es de The Crucible (1996): en Salem un grupo de mujeres son acusadas de brujas y todo se liga con la infidelidad.
Otro ejemplo es Akelarre (2020), película de Pablo Agüero que profundiza en cómo las cacerías de brujas no necesariamente estaban vinculadas a la magia, sino que las mujeres libres también eran un peligro.
La tercera parte de Fear Street, ambientada en 1666, muestra cómo un brujo el encargado de lograr que una mujer sea acusada para seguir con su poderío.
Hay mucho más por decir y analizar. Lo único cierto es que la discriminación existe, en el plano terrenal como más allá. Y tiene que terminar.