Películas, series y videojuegos: el poliamor perfecto del streaming

Películas, series y videojuegos. Hubo en tiempo en que estos audiovisuales fueron vistas como mundos no sólo distintos, sino contradictorios. Tan incapaces de congeniar entre sí que casi parecía que el gusto por una impedía acercarse al otro. El ejemplo histórico por excelencia puede apreciarse en la pantalla grande y la chica, que rivalizaron tanto en sus primeros años por la atención del público que incluso hoy día pueden encontrarse trazas de la disputa. Esto puede verse en las respectivas industrias, pero también en los medios que batallan por la homogeneización de sus coberturas y en la propia gente que en ocasiones sigue renunciando a uno en beneficio del otro. Pero lo cierto es que los tiempos han cambiado, apoyados en buena parte por las nuevas tendencias del streaming.

Si hay algo que ha caracterizado a las plataformas es el rompimiento de viejos esquemas. Como la tan referida forma de ver películas y series, libre de las ataduras horarias propias de la cartelera cinematográfica y la parrilla televisiva, pero también de los eternos espacios físicos. Algo tan novedoso que hoy día son muchos los que se mofan de la gente que ve cualquiera de estos contenidos en su celular, así como hubo un tiempo en que algunos especulaban que la televisión fracasaría porque no podía competir con la espectacularidad sensorial de las salas. Tal vez no, pero el medio sí que ofrecía otras ventajas como la comodidad del hogar, así como los celulares y las tablets hoy permiten la portabilidad. Al final, no son más que soluciones para facilitar el acercamiento del público con sus títulos favoritos que quizá no podrían disfrutar de otro modo.

El cambio en la ecuación no termina aquí y hoy día también incluye a los videojuegos que recientemente han sido añadidos al catálogo de servicios como Netflix. Una adición que, como no podía ser de otro modo, ha sido seguida de cerca por los desarrolladores. La historia nos dice que augurar la desaparición de la vieja consola sería precipitado, y que tal y como ha sucedido con el cine y la televisión, existe un espacio para todos.

Pero la creciente cercanía entre películas, series y videojuegos no concluye en los catálogos de las distintas plataformas, sino que se extiende por sus narrativas e incluso sus prácticas comerciales. El mundo del entretenimiento está cambiando frente a nuestros ojos y es imposible no quedar anonadado ante lo que nos depara el futuro.

Cambio de fórmula

El cine, tan prestigiado en la actualidad, fue visto como un arte menor en sus primeros años. Una narrativa de carácter popular y como tal limitada al vulgo que no tenía las capacidades para comprender ni disfrutar de artes mayores como la literatura, la ópera o el teatro clásico. Estos prejuicios se rompieron con el tiempo con el cine demostrando su valía cultural y artística con propuestas cada vez más elaboradas que cautivaron incluso a las grandes mentes de otras disciplinas, aunque eso sí, sin desechar nunca al público masivo. Por su parte, las llamadas artes mayores desembocaron en propuestas más asequibles como operetas, zarzuelas y novelas. Al final, había opciones para todos.

Resulta irónico que una industria que fue tan duramente juzgada hiciera lo propio sólo unas décadas después al señalar a la televisión como una forma de entretenimiento menor. Así, de entretenimiento, porque las primeras series ni siquiera aspiraban a la calidad artística. Pero las propiedades de la pantalla chica no pasaron desapercibidas para las majors, que eventualmente buscaron el modo de aprovechar sus propiedades para la ampliación de sus principales historias. Ahí está Casablanca, no el clásico cinematográfico de 1942, sino la serie de 1955 cuya trama se desarrolla un año antes de la película.

Hoy día es la práctica más recurrente del mundo, pues son muchas las cintas que desembocan en shows y viceversa. Recordarán a Hannibal, Bates Motel y Cobra Kai que continuaron el legado de clásicos como El silencio de los inocentes, Psicosis y Karate Kid o Los expedientes secretos X, Los Simpson y Los Soprano que han expandido sus narrativas a la gran pantalla. No menos importante es el hecho de que, sean o no producciones originales para streaming, su inminente presencia en plataformas ha resultado en una fusión narrativa más orgánica que les permite ser vistas de manera conjunta.

A esto sumamos que el nivel de las series ha crecido tanto que hoy día es común escuchar rumores de series saltando directamente a la pantalla grande con episodios especiales. El caso más sonado de los últimos años ha sido Game of Thrones, pues mucho se especuló sobre la posibilidad de que su gran final estrenaría en cines. Aunque el sueño no se concretó, sí que hubo algunas proyecciones promocionales de algunos capítulos. Habrá que esperar para ver si la próxima House of the Dragon, que aspira a convertirse en una de las cartas fuertes de HBO Max, logra el cometido impulsada por la creciente fuerza de las plataformas.

El caso de los videojuegos podría parecernos más marcado porque temporalmente lo hemos vivido más de cerca, pero realmente es muy parecido. Los primeros no contaban ninguna historia y las primeras en llegar eran tan básicas como primarias. Hoy día sus narrativas son tan complejas que se han convertido en la envidia de cualquier franquicia cinematográfica. Un recelo que se ha solucionado con la adaptación de cada vez más títulos. Un camino complicado –por años hemos escuchado sobre la pobreza de las películas y series inspiradas en videojuegos–, pero que parece despejarse con el estreno de cada vez más proyectos exitosos.

La cercanía actual es tal, que el streaming ha aprovechado sus propiedades para una hibridación de fórmulas narrativas que permiten al público decidir el rumbo de las acciones. Ahí está Black Mirror: Bandersnatch, que convirtió al público en un auténtico usuario interactivo al darle un poder cuasi absoluto sobre la historia. Un concepto extraído de los libros juveniles de tramas alternativas, pero que tecnológicamente sólo pudo hacerse realidad con la base del videojuego. Una cualidad impensable para el cine convencional, que cuando mucho puede filmar múltiples finales para su proyección aleatoria, como fue el caso de Clue o la escena poscréditos de X-Men Orígenes: Wolverine.

Ni qué decir de las cada vez mayores inversiones, siendo Red Dead Redemption 2 el mejor ejemplo. Su presupuesto deambuló cerca de los $540 MDD, mientras que el de Piratas del Caribe: Navegando aguas misteriosas que es la película más costosa jamás realizada, fue de apenas $379 MDD. Una inversión de este tipo exige campañas promocionales titánicas que bien pueden ser equiparadas a las de las mayores superproducciones. Hoy día, son muchos los videojuegos que merecen ser etiquetados de blockbusters.

Y para terminar las etiquetas, porque muchas de las fusiones realizadas por el streaming también han obligado a una evolución de la terminología. Sólo basta echar un vistazo a muchos medios convencionales que batallan por definir la ubicación de los principales estrenos de las plataformas. ¿Cine y televisión o ameritan una sección exclusiva para el streaming? Debates absurdos que invariablemente impactan en la sociedad, cuando realmente son películas, series y videojuegos. Los audiovisuales de siempre pero adaptados al hoy.

La industria del entretenimiento ha cambiado a pasos agigantados y las plataformas han jugado un rol decisivo en esta evolución. Y esto apenas empieza, pues con una oferta tan amplia en estos servicios, sólo queda soñar con las innovaciones del mañana. Que todo sea para el bien de la industria y del público.

Spoiler Show #11