Desde los primeros filmes mudos hasta las complejas historias psicológicas contemporáneas, las películas de terror han evolucionado tanto en forma como en contenido. Lo que hacía temblar al público hace un siglo probablemente hoy no produce el mismo efecto, y el género ha tenido que adaptarse a los cambios sociales y culturales.
La evolución de las películas de terror

¿Cómo empezaron las películas de terror?
El terror cinematográfico comenzó con filmes que buscaban provocar miedo de manera directa, a través de figuras y escenarios reconocibles: monstruos, vampiros, casas abandonadas, castillos y laboratorios oscuros. Obras como El gabinete del doctor Caligari (1920), Nosferatu (1922) o Frankenstein (1931) mostraban villanos claros y un terror tangible.
El miedo estaba ligado a lo visual: la sombra, la expresión grotesca o la iluminación dramática eran suficientes para inquietar al público. Además, el género se alimentaba del teatro y la literatura gótica, adaptando leyendas, mitos y cuentos de terror clásicos para la pantalla. Era un cine de atmósferas, de personajes emblemáticos y de escenarios que se volvían icónicos por sí mismos.
¿Cómo cambiaron las películas de terror con el enfoque psicológico?
Con el tiempo, el público comenzó a buscar historias más complejas y menos predecibles. Las películas de terror dejaron de depender exclusivamente de monstruos o casas embrujadas y se enfocaron en la mente humana, los conflictos familiares y las emociones extremas. Películas contemporáneas como Hereditary (2018), Midsommar (2019) o Get Out (2017) construyen miedo a partir de la tensión, la paranoia, los traumas y la crítica social.
Aquí no importa lo que se ve porque aterra lo que se siente y lo que podría suceder en la vida real. Este cambio refleja cómo la sociedad contemporánea percibe el miedo: ya no se conforma con sustos inmediatos, sino que busca experiencias más profundas y emocionales.
¿Hay factores sociales que influyen en las películas de terror?
El cine de terror siempre ha sido un espejo de la sociedad. Durante la década de 1950 y 1960, la amenaza venía del espacio exterior o de la ciencia descontrolada, reflejando sucesos como la Guerra Fría o la tecnología emergente. En los 70, películas como El exorcista (1973) exploraban la religión, la moral y la descomposición familiar, conectando con crisis culturales y sociales.
Hoy, los miedos se centran en lo psicológico, la violencia cotidiana y problemas sociales, como la discriminación, la pérdida de identidad o la manipulación emocional.
¿Está en decadencia el cine de terror?
Aunque el terror psicológico y los thrillers modernos han ganado reconocimiento, el género enfrenta desafíos. La saturación de fórmulas rápidas, remakes y sustos predecibles ha generado fatiga en el público. La audiencia actual busca películas de terror con narrativas más complejas, innovadoras y socialmente relevantes, y no se asusta con los clichés del pasado.
Algunos críticos, como el caso de The Times con la película The Curse of Frankenstein (1957), señalan que el terror clásico ha perdido fuerza porque las preocupaciones modernas del público no se reflejan en los viejos villanos o en los sustos tradicionales.

¿Qué nos deja la historia de las películas de terror?
Desde los vampiros y monstruos de los años 20 hasta los complejos horrores psicológicos contemporáneos, las películas de terror reflejan los miedos de cada época. Han pasado de un terror tangible y lineal a historias que exploran la mente y la sociedad, mostrando que lo que nos asusta cambia con nosotros.
Su evolución es un espejo cultural: un género que se reinventa constantemente, pero que necesita adaptarse para no quedarse atrás en un mundo que ya no se asusta de la misma manera.