En poco más de dos décadas, Blumhouse Productions ha pasado de ser una pequeña compañía independiente a uno de los nombres más influyentes del cine de terror contemporáneo. Su crecimiento ha sido tan constante como sorprendente, marcando una nueva era para el género y redefiniendo lo que significa asustar al público en pleno siglo XXI.
La historia comenzó en el año 2000, cuando Jason Blum fundó la productora con una idea simple pero revolucionaria: apostar por el talento y las ideas antes que por los grandes presupuestos. Quería permitir que los directores tuvieran libertad creativa para experimentar con el miedo.
Esa filosofía dio frutos en 2007, cuando una cinta filmada casi sin recursos cambió el rumbo del cine de terror. Actividad paranormal, rodada con apenas 15 mil dólares, se convirtió en un fenómeno mundial que recaudó más de 190 millones. Aquella película no solo demostró que el público seguía buscando historias inquietantes, sino que también inauguró la era dorada de las películas de Blumhouse.
A partir de ahí, la productora se consolidó como una fábrica de éxitos que entendía el terror desde la cercanía y la imaginación. Con títulos como La noche del demonio (2010), Siniestro (2012) y The Purge (2013), Blumhouse creó universos de pesadilla que mezclaban lo sobrenatural con las ansiedades modernas. Su estilo se distinguió por la eficiencia narrativa, la tensión constante y el equilibrio entre lo comercial y lo autoral. El estudio supo escuchar al público sin perder su sello de identidad.
El verdadero punto de inflexión llegó en 2017 con Get Out, de Jordan Peele, una obra que combinó el miedo con la crítica social y que le valió a la productora su primer Óscar al mejor guion original.
A partir de entonces, las películas de Blumhouse comenzaron a explorar nuevas vertientes: El hombre invisible (2020) reinterpretó un clásico desde la violencia de género, Feliz día de tu muerte (2017) jugó con el humor y los bucles temporales, y M3GAN (2023) trajo el horror tecnológico al siglo digital.
Blumhouse demostró que su talento no se limitaba al terror. Fue tres veces nominada al Óscar a la mejor película, por producir Whiplash (2014), Get Out (2017) y BlacKkKlansman (2018), lo que también le valió a Jason Blum una nominación personal.
La productora continúa expandiendo su universo con producciones para streaming y colaboraciones con grandes estudios como Universal. Su éxito demuestra que el terror sigue evolucionando, y que mientras existan buenas ideas, las películas de Blumhouse pueden marcar el pulso del miedo moderno.