Esta semana hemos tratado de forma temática cómo es que la música y las canciones tienen un efecto poderosísimo en el complicado proceso de no solo dar éxito en taquilla o corrida en TV y plataformas, sino en dejar en la memoria auditiva del espectador un impacto tal, que se regrese a ellos posterior a la primera vez que se vieron. Y el negocio es mayor, cuando resulta que esos scores o soundtracks se convierten en éxitos de venta por sí mismos, saltando de plataformas streaming a musicales como Spotify, Amazon Music, Apple Music, etc.
Pues bien, en Japón hay un elemento adicional que impacta de forma extraordinaria en este fenómeno, al cual se siguen sumando miles de entusiastas del anime en todo el planeta: los opening y ending de series (aunque también aplica en películas, pero en otro grado y nivel de importancia).
Son millones de yenes los que se invierten en conseguir estrellas de la talla de LiSA, Hironobu Kageyama, Airi Suzuki y L’Arc~en~Ciel, así como los mejores compositores y músicos para crear temas pegajosos y entrañables que etiqueten el inicio y final de las cientos de series nuevas que se estrenan al año, entre temporada y temporada. ¡Pero son muchos más millones los que se cosechan! Entre el impacto que tenga la serie en sí por su transmisión, los lanzamientos en formatos CD (muy populares aún en Japón), su estreno posterior en plataformas digitales y hasta su exportación (acá en la redacción tenemos al menos un centenar de vinilos y CDs de música y canciones anime), el apartado musical en el anime se ha convertido en una industria en sí misma… y hablamos de una industria muy redituable.
¿Ejemplos? Tenemos Gurenge, el tema de entrada de Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba (interpretado por LiSA), gracias al cual la compositora Kayoko Kusano ganó la insólita cantidad de 250 millones de yenes ($2.2 millones de dólares) solamente en regalías. Y un reporte indica que, tan solo en 2020, el segmento musical en el anime obtuvo ganancias cercanas a los $30 MDD, aparte de su desempeño durante las corridas de sus respectivas series o películas.
Aunado a esto, los seiyuu (actrices principalmente) que se animan a cantar los temas llegan a hacer tanto ruido que saltan de la actuación a estrellas idol, otra enorme y millonaria industria (aunque efímera) en el país del Sol Naciente.
Curiosamente, se ha tratado de replicar el fenómeno en otras regiones del mundo pero:
a) ni los Estados Unidos o Corea del Sur cuentan con un nivel tan elevado de animación;
b) aunque el susodicho país vecino de los japoneses ha llegado a superar el éxito musical con su K-Pop, las talentosas estrellas de allá terminan cantando temas para el anime, engrosando aún más las billeteras de las distribuidoras.
Basta y sobra despedirse con esta selección musical para que tú, querido lector, concuerdes en que, aunque no entendamos «ni J» de lo que dicen estas grandiosas canciones, sin lugar a dudas son un fenómeno musical absoluto y exclusivo del Japón y su anime.