Hay escenas que se quedan contigo no sólo por lo que dicen, sino por lo que suena de fondo, y es que a lo largo de la historia hemos podido ver momentos musicales del cine que viven en nuestra mente, sin pagar renta.
La razón para que esto pase es sencilla y a la vez difícil de lograr, ya que una canción bien elegida puede elevar una secuencia, romperte el corazón, ponerte a bailar o marcarte para siempre. El cine y la música son almas gemelas, y cuando se sincronizan bien, crean magia.
En esta lista no se habla de musicales como La La Land o Mamma Mia!, aunque los amo como cualquier theatre kid, sino de esos momentos inolvidables donde una canción transforma completamente una escena, y nos hace sentir que la música era justo el personaje que faltaba.
Un grupo de criminales se reúne tras un atraco fallido en Perros de Reserva de 1992, hay desconfianza, sangre y traiciones que reinan en esta ópera prima brutal y estilizada que puso a Quentin Tarantino en el mapa.
Es inolvidable porque Mr. Blonde baila con una sonrisa perturbadora al ritmo de Stuck in the Middle with You, mientras tortura a un policía. El contraste entre la ligereza de la canción y la violencia de la escena es puro Tarantino. Después de eso, nunca la escuchamos igual.
Ferris Bueller es un genio de la evasión escolar que decide vivir el mejor día de su vida en la película de 1986 de John Hughes, Un Experto en Diversión. Entre sus aventuras, llega a un desfile en el centro de Chicago.
El momento inolvidable es cuando Ferris toma el micrófono y transforma el desfile en una fiesta al ritmo de Twist and Shout de The Beatles. Es una escena que captura el espíritu juvenil como pocas: alegre, rebelde y contagiosamente libre.
Wayne y Garth son dos amigos fanáticos del rock que hacen un programa desde su sótano. Un homenaje al amor por la música y la amistad, en El Mundo Según Wayne de 1992.
La escena memorable es de las iniciales en la que es la suma de cinco amigos, un auto, una canción de Queen y mucho, mucho headbanging. Bohemian Rhapsody revive gracias a esta escena, que se convirtió en un clásico instantáneo de la cultura pop.
Alex y su pandilla son adolescentes ultraviolentos en una sociedad futurista decadente se aprecian en La Naranja Mecánica en la que Kubrick adapta la novela de Anthony Burgess con estilo perturbador.
Es inolvidable, y uno de los grandes momentos musicales del cine, porque Alex canta alegremente Singin’ in the Rain mientras comete una brutal agresión. La ironía musical es tan brutal como eficaz: la escena perturba, hipnotiza y se queda contigo.
En el Club de los Cinco se ve cómo son castigados cinco adolescentes muy distintos entre sí un sábado en la escuela. Lo que parecía un día eterno de encierro se convierte en un viaje de autoconocimiento y conexión.
Lo que la hace inolvidable es cuando los jóvenes bailan por toda la biblioteca al ritmo de We Are Not Alone de Karla DeVito. Es liberador, divertido y profundamente simbólico, en su rareza y diferencias, los personajes encuentran una unión inesperada.
La escena sintetiza perfectamente la energía ochentera, el espíritu rebelde y el mensaje central de la película, nadie está realmente solo.
Estos momentos no sólo acompañan a la película, la definen, la elevan y se vuelven imposibles de olvidar. Algunas canciones renacieron gracias a estas escenas; otras se convirtieron en himnos generacionales.
Lo cierto es que el poder de una buena canción, en el lugar y momento indicados, es capaz de hacer historia. Y tú, ¿cuál escena musical nunca vas a olvidar?