Miroslava, requiem por un amor

1 Una imagen en blanco y negro

Una imagen en blanco y negro y una luz iluminando una puerta de una casa lujosa. Un hombre mayor recibe al que parece un documentalista. El punto de vista de la cámara nos hace entender que lo que estamos por ver será un testimonio de alguien cercano a Miroslava. En seguida, el entrevistado se sienta y sin que el documentalista sea revelado o se presente, ni siquiera diga nada, él comienza hablar. 

Miroslava Stern, una joven checoslovaca que venía escapando de la Guerra de su continente, creció con recelo al abandonar a su “babička” que en español quiere decir “abuela”. Un país desconocido y distinto a lo que conocía la confrontó a una realidad a la que nunca antes había conocido. La vida de Miroslava siempre estuvo marcada por el abandono, el luto y la soledad. Desde chica tuvo que enfrentar la muerte de su padre biológico y aceptar que su madre se casara con un nuevo hombre, pero también aceptarlo como su nuevo padre. México la recibió con los brazos abierto, no obstante otra vez se enfrentaba a la pérdida, la muerte de su madre la arrojó a un sentimiento de abandono que cobraría consecuencias emocionales más adelante. 

El director Alejandro Pelayo es un pionero de las biopics en México y con esta película, también del falso documental. Su narrativa es por demás interesante porque también es una adaptación libre de un cuento de Guadalupe Loaeza. “Miroslava” está dentro de esas producciones como “Blonde” de Andrew Dominik (2022), que retoman un texto que crea una ficción a partir de una persona real. No obstante, tampoco olvidemos que este entrevistado, juega a un tipo de narrador que asumimos que fue alguien cercano a Miroslava dentro de esta historia, que puede o no haber existido. 

2 El falso documental

La película “Miroslava” elige un estilo narrativo peculiar: el falso documental, un género que coquetea con la realidad y la ficción, creando una atmósfera intrigante.  A través del testimonio de un personaje anónimo, presumiblemente cercano a la actriz, la película nos invita a reconstruir la vida de Miroslava Stern. Esta voz, filtrada por el tiempo y la memoria,  no busca la objetividad, sino más bien ofrecer una perspectiva íntima, teñida de subjetividad y nostalgia.

La elección del blanco y negro refuerza esta sensación de retrospectiva, de un pasado recuperado a través de fragmentos. La luz que ilumina la puerta de la lujosa casa, donde se realiza la entrevista, crea un contraste visual que simboliza la dualidad en la vida de Miroslava: el glamour del cine y la oscuridad de sus demonios internos.

El silencio del documentalista, su ausencia como voz interrogativa, es un recurso narrativo que potencia el monólogo del entrevistado.  No hay interrupciones, ni preguntas que guíen el relato.  El flujo de la memoria es libre,  dejando espacio para las elipsis, los silencios y las conjeturas.  Este estilo narrativo fragmentado, similar al utilizado en “Blonde”,  nos presenta una Miroslava construida a través de retazos,  una imagen incompleta que el espectador debe completar.

2 Más evocación que representación

Sin embargo, esta apuesta estilística, si bien atractiva,  también presenta sus riesgos.  Al centrarse en la evocación más que en la construcción de un personaje sólido, la película corre el peligro de quedarse en la superficie,  ofreciendo una imagen difusa de Miroslava.  El espectador,  a pesar de la intensidad del testimonio, puede sentir una cierta distancia emocional con la protagonista, quedando como un observador externo de un dolor que no llega a comprender del todo. La  atmósfera de misterio y la belleza visual, si bien cautivadoras, no logran compensar del todo la falta de una conexión más profunda con el personaje central.

“Miroslava” cae en los mismos vicios que caen las de su estilo: Ariel Dombasle aunque logra una gran actuación como una mujer atormentada por la soledad y el abandono, como Miroslava solo logra una ligera evocación y es de los elementos con los cuales el espectador debe hacer las paces si es que quiere entrar al imaginario que el director nos presenta. Alex Fimman, este personaje ficticio que nos ayuda a entrar a los convencionalismos de la película, está interpretado por Claudio Brook a modo nostálgico y es el canal conductor para entrar a la vida de Miroslava. 

Lo que complementa de forma magistral todo este relato y, lo que pienso que ayuda de forma contundente a entrar a esta ficción es la fotografía de Emmanuel Lubezki. Su imagen casi expresionista remarca ese sentimiento de muerte latente y de soledad incesante. Lubezki sabe, ya desde entonces, barajar sus herramientas para hacer del relato algo visualmente relevante. Contra pone las siluetas a la luz, como la vida ante la muerte de una forma magistral y que él sabe hacer de forma imagológicamente perfecta para elevar las atmósferas al nivel que él propio relató necesita. 

3 Fatídicas atmosferas

Vicente Leñero logra escribir un guion importantísimo para el mismo relato, aunque tiene muchas atribuciones creativas y de ficción que no pasaron, la melancolía por lo que ya no es pero tampoco por lo que no será, impregna toda la historia en una narrativa de flash backs en la que vamos recorriendo el último día de Miroslava, pero hojeando algunos capítulos de su vida.

“Miroslava” de Jorge Pelayo logró 9 nominaciones al Ariel ese 1993 de los cuales ganó 7 y casi todos fueron en el aspecto técnico como Mejor Fotografía para Lubezki, Mejor música, Mejor sonido, Mejor vestuario y Mejor actriz secundaria para Verónica Langer como la mamá de Miroslava.

“Miroslava” es un relato que funciona muy bien bajo la ficción y especulación biográfica, melancólica y con una latencia de muerte de la cual saca un partido enorme para crear sus fatídicas atmósferas. 

La pueden ver en YouTube 

Spoiler Show #14