La verdadera historia sobre el caso de María Marta García Belsunce

Uno de los asesinatos más crueles, misteriosos e inolvidables en la historia argentina lleva más de 18 años sin resolverse. Poco después del estallido socioeconómico de 2001, un homicidio en un barrio cerrado o country operó como una historia mediática que contenía todos los conflictos y secretos que rodean a la clase alta.

La tarde del domingo 27 de octubre de 2002, mientras se disputaba un River – Boca en el Monumental, la socióloga María Marta García Belsunce de 50 años jugaba un match de tenis con su amiga y vecina Viviana Binello en la cancha Nº 1 del country Carmel, de Pilar. La lluvia obligó a suspender el partido y María Marta regresó a su casa antes de la hora habitual. Entró por la puerta principal del chalet que compartía con su esposo, dejó la campera en el pasamanos de la escalera y subió al baño para ducharse y estar lista para la sesión de masajes que se aplicaba todos los domingos. En ese transcurso la atacaron.

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Ella intentó evitar que el asesino le hiciera daño, pero fue golpeada tres veces en la cara, en la frente y en una oreja. Después de casi 3 minutos de lucha, le gatillaron seis tiros con un revólver calibre 32. Un proyectil le rozó el cráneo; los otros cinco los recibió todos en la sien. Nadie escuchó el sonido de los disparos y el asesino abandonó la vivienda sin que nadie lo viera. La masajista, Beatriz Michelini, quedó esperando en la puerta del country.

María fue hallada por su esposo, Carlos Carrascosa de 72 años, quien declaró que encontró el cuerpo de su mujer en la bañera a medio llenar, con las zapatillas aún puestas. Después llegaron Guillermo Bartoli e Irene Hurtig, con quienes habían estado almorzando ese mediodía.  Luego llegó el médico de emergencia Juan Gauvry Gordon en una ambulancia, quien no advirtió que María Marta tenía cinco tiros en la cabeza, creyó que había tenido un accidente doméstico y ordenó limpiar la sangre en el piso. Poco más tarde la historia continuó con la supuesta llamada de uno de los hermanos de la víctima a un importante jefe policial para que “frenara” a los policías que habían llegado a la puerta del country.

Esto nunca pudo ser confirmado, ya que los agentes jamás fueron llamados a declarar para ratificar o rectificar la existencia del llamado. Fuentes del periódico argentino La Nación también dijeron que esa noche llegó un patrullero al country, avisado por la guardia, pero los familiares dijeron que se trataba de un accidente y se fue.

Fuente: Netflix

Este es un punto fundamental: ¿por qué no hubo intervención de la policía desde el primer momento? Cuando hay una muerte, aunque sea accidental, debe hacerse una autopsia. En este caso, el primer médico que revisó el cuerpo no advirtió los disparos en la cabeza, y el facultativo de la funeraria que suscribió el certificado de defunción indicó que había muerto de un paro cardíaco no traumático y en otra ciudad. Solo así se explica que no haya habido autopsia en ese momento, sino semanas después, cuando el cuerpo fue exhumado, luego de que se depositó en la bóveda familiar del Cementerio de la Recoleta ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

El caso se hizo público rápidamente, debido a que la familia Belsunce es una muy rica y poderosa, y comenzaron las hipótesis en torno al homicida. Existieron tres:

1 El marido

Esto fue debido a la cantidad de disparos efectuados. Un asesino profesional hace uno o a lo sumo dos tiros, para rematar a su víctima. Pero en este caso, el criminal vació el tambor del arma. Según los investigadores, en su cometido no había frialdad, sino emoción. De los cinco tiros, tres fueron efectuados juntos y con el arma apoyada arriba de la oreja izquierda de la víctima y los otros tres se hicieron desde más lejos.

Además, Carrascosa fue el primero en encontrar el cuerpo, fue él quien llamó a los médicos diciendo que respiraba (cuando no era cierto) y junto a un amigo llevaron el cadáver a una funeraria de Capital Federal (varios kilómetros lejos de Pilar) para que le aceptaran el certificado de defunción.

Crédito: Netflix

2 El sicario

Junto con esta idea también confluyeron varias otras alimentadas por los muchos puntos misteriosos que rodean al asesinato. En Pilar se debatía la privatización del Hospital Municipal, donde estaban en juego unos 10 millones de pesos. La asociación Amigos de Pilar, que integraba García Belsunce como vocal, pretendía administrar el hospital, al igual que un sector gremial. En medio de esa pugna pudo haber ocurrido el crimen, ya que el secretario privado del intendente fue muerto a balazos en un supuesto intento de robo días antes.

Otra teoría involucra al Cartel de Juárez en México. Los investigadores en un momento sospechaban que Carrascosa y parte de la familia de la víctima estaban vinculados con el narcotráfico y que García Belsunce había descubierto esto y amenazó con denunciarlos.. Además, la hermana de una de las amigas íntimas de María estaba involucrada con este grupo.

El viudo también temía que la hayan mandado a matar por ser parte de Missing Children, una agrupación que busca chicos desaparecidos. María Marta trataba con fiscales, policías de las fronteras, gendarmería y mucha gente poderosa, y era una de las caras visibles del proyecto.

Crédito: Netflix

3 El ladrón

Según esta posibilidad, García Belsunce vio a un delincuente que entró en su casa para robar, lo reconoció y por eso la mató. En Carmel había antecedentes de robos y tanto los familiares de la víctima como los habitantes del barrio cerrado señalaron a uno de los vecinos, Nicolás Pachelo (ex vecino del country).

Antes del homicidio, Pachelo había sido denunciado por hurtar en varios domicilios del country Carmel. De hecho, los copropietarios del lugar realizaron una reunión y le pidieron que se fuera, pero se negó. Entre los integrantes de la comisión directiva decidieron que uno de los custodios estuviera cerca de su casa para vigilar sus movimientos. Carlos Alberto Villalba, el vigilante designado, sufría una miopía degenerativa en grado avanzado y fue incapaz de ver al sospechoso dejando el barrio cerrado el 18 de diciembre de 2002, cuando se confirmó que a María Marta la habían asesinado.

En la asamblea antes mencionada, María Marta vinculó la desaparición de su labrador negro con la llamada que recibió en la que un hombre le pidió una recompensa de 5 mil pesos como rescate por el perro. Además, una empleada doméstica relató a sus vecinos que ese animal estuvo encerrado en la casa de Pachelo, quien ya tenía antecedentes penales, un proceso por robo en San Isidro y otro por estafa en la misma ciudad.

Pachelo dijo haber recibido la herencia de un familiar, pero los vecinos sospechaban que no fue ajeno a la muerte del pariente que le dejó el dinero. Además, luego de la sustracción de algunos elementos del country, un vecino pidió y obtuvo los videos de seguridad de un comercio de Pilar donde encontró las cosas robadas, y allí apareció este vecino junto con su esposa.

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A pesar de esto, las primeras personas acusadas fueron las más cercanas a la víctima. Un grupo cerrado de familiares y amigos encontraron un objeto metálico deformado que confundieron con el soporte de un estante o parte de los instrumentos usados por el médico en la fallida reanimación, y lo tiraron al inodoro minutos después del homicidio. No sin antes agarrarlo con un papel.

Casi un mes después, Horacio García Belsunce, hermano de la víctima, se presentó en la fiscalía de Pilar de Diego Molina Pico y le comentó sobre este “pituto” (así lo denominó). Esto sembró las dudas y el fiscal ordenó realizar el tamizado de la cámara séptica de la casa, descubriendo que el “pituto” era el sexto proyectil disparado, lo cual motivó la autopsia y cambió la historia. 36 días después de la muerte se hizo la autopsia y el forense Héctor Moreira encontró los cinco balazos restantes, confirmando que a María Marta la habían matado. Las investigaciones posteriores también determinaron que fueron 3 los responsables: dos hombres y una mujer.

A esto se sumaron declaraciones contradictorias de los familiares y amigos, el hecho de nunca contactar a la policía, la presencia de un químico que viene en un pegamento dentro de tres agujeros en la cabeza de María, los audios con los médicos donde se hoyen diferentes voces y el testimonio de Santiago Biasi, el segundo médico que vio a la víctima: él dijo que encontró los orificios en el momento, que no quiso firmar el falso certificado de defunción y que claramente no se trataba de un accidente. Molina Pico imputó de “encubrimiento agravado” a Horacio García Belsunce, a Carrascosa, al cuñado Guillermo Bártoli, al padrastro Constantino Hurtig, al medio hermano Juan Carlos Hurtig, a la masajista Beatriz Michelini, al primer médico que vio el cadáver Juan Gauvry Gordon y a dos vecinos de Carmel, Sergio Binello y Nora Burgues de Taylor.

A partir de aquí comienzan los vaivenes judiciales que fueron de un extremo a otro. En abril de 2003, y a pedido del fiscal Molina Pico, Carlos Carrascosa fue detenido como asesino de su esposa, pero en mayo de ese año salió libre y así llegó a juicio. Años más tarde, en junio de 2006, determinaron que la sangre encontrada en la casa donde asesinaron a María Marta no pertenecía a su esposo. Además, en abril de 2007, los análisis de ADN realizados a Horacio García Belsunce, Juan Hurtig, Bártoli y a la esposa de éste, Irene Hurtig, también dieron negativos. Por otro lado, Burgues de Taylor fue sobreseída del encubrimiento del crimen.

Carrascosa comenzó a ser juzgado por el homicidio calificado de su esposa o el encubrimiento agravado en el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 6 de San Isidro y en julio de 2007  fue absuelto del asesinato, pero fue condenado a cinco años y seis meses de prisión por haber sido encontrado culpable de encubrirlo. El tribunal consideró que, con ayuda de otras personas, alteró la escena del crimen, acondicionó el cuerpo, escondió una bala al tirarla al inodoro y obtuvo un certificado de defunción falso para evitar la autopsia.

No obstante, en junio de 2009,  tres jueces de la Cámara de Casación Penal bonaerense, sin escuchar a ninguno de los testigos que declararon en el juicio oral realizado en 2007, consideraron que Carrascosa había sido coautor del homicidio de su esposa y no un encubridor, tal como habían sostenido dos de los tres integrantes del Tribunal Oral Nº 7 de San Isidro cuando le aplicaron una pena de cinco años y medio de prisión. Así que lo condenaron a prisión perpetua.

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Dos años más tarde, en noviembre de 2011, el TOC 1 de San Isidro, dictó las siguientes condenas: 5 años de prisión para Bártoli; 4 a Horacio García Belsunce; 3 y medio para Juan Hurtig; 3 para Gauvry Gordon y Binello; y absolvió a Michelini. Sin embargo, pocos días después, los condenados por encubrimiento recuperaron la libertad luego de que la Sala I de la Cámara de Apelaciones de San Isidro les concedió la excarcelación.

En septiembre de 2012, la Corte Suprema de Justicia bonaerense ratificó la condena a prisión perpetua de Carrascosa al rechazar por tecnicismos la apelación de la defensa. Mientras que dos años más tarde, en noviembre de 2014, la Corte Suprema de Justicia de la Nación anuló el fallo que confirmó la perpetua para Carrascosa y dispuso que el Tribunal de Casación bonaerense dicte un nuevo pronunciamiento.

El viudo y Horacio tuvieron una fuerte presencia en los medios y esto también derivó en que una periodista y una anestesióloga abrieran un blog para que todos los datos de la investigación sean públicos y, en cierta medida, defender a la familia. Finalmente, en diciembre de 2016, el Tribunal de Casación bonaerense absolvió a Carrascosa por detectar graves irregularidades en el proceso. La Fiscalía General de San Isidro designó a un equipo de fiscales para que vuelva a investigar todo el caso, ya que el expediente iba a prescribir si no se ordenaba ninguna medida nueva. Pero esa absolución del viudo fue apelada por la Procuración General bonaerense, y en 2018 la causa recayó otra vez en la Corte Suprema. Actualmente está bajo el análisis del ministro Ricardo Lorenzetti, luego de que el expediente ya pasó por sus colegas Juan Carlos Maqueda, Elena Highton de Nolasco y Horacio Rosatti, según confirmaron a Télam fuentes judiciales.

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Después de años de apelaciones, vericuetos legales e interpretaciones de indicios, los fiscales de San Isidro se hicieron cargo de la investigación y avanzaron con la acusación que tiene como hipótesis el involucramiento de Pachelo y dos vigilantes que hace 18 años trabajaban en Carmel. María Inés Domínguez y Andrés Quintana pidieron a la Justicia de Garantías que Nicolás Pachelo y los vigilantes Norberto Glennon y José Ramón Alejandro Ortiz sean enjuiciados como supuestos coautores del homicidio. En cuanto a móvil, se pasaba de un crimen por una disputa familiar interna a un homicidio en ocasión de robo.

Tras analizar durante más de un año las pruebas que ya contenía el expediente, y luego de realizar una nueva reconstrucción del crimen, interrogar nuevamente a testigos y escuchar por primera vez a personas que habían sido descartadas en la etapa inicial de la investigación, los fiscales concluyeron que uno de los tres acusados cometió el crimen para evitar ser denunciado. Los familiares de María Marta pidieron que Nicolás Pachelo sea sometido a juicio oral como presunto coautor del crimen, ya que consideraron que había mentido en seis oportunidades durante el proceso judicial. Entre los elementos que los fiscales tuvieron en cuenta para acusar a Pachelo estaba la declaración de una testigo que afirmó que el día del crimen él lavó su ropa, cuando jamás lo hacía. Los investigadores creyeron que él fue la última persona que estuvo cerca de la víctima. Tres testigos dijeron que se habían cruzado con el sospechoso en la calle paralela a la vivienda de la víctima un minuto antes de que María Marta llegara. Para los fiscales, Pachelo “no podía justificar lo que hizo” el día que asesinaron a García Belsunce. Además, su madre se suicidó días antes de tener que declarar para respaldar la coartada de su hijo en el crimen.

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Actualmente, Pachelo está detenido con prisión preventiva por haber robado en otros countries con la misma modalidad que en Carmel. Según establecieron los fiscales Domínguez y Quintana, los damnificados de los robos advertían varios días después las intrusiones y los faltantes. Algo así habría pasado con la caja fuerte portátil de la Asociación Damas del Pilar que María Marta, como tesorera de la entidad, tenía en su casa. Para los fiscales, esa caja fuerte fue robada por quienes entraron a la casa de la víctima antes del crimen.

Lo curioso es que esta línea de investigación llegó a juicio cuando la absolución de Carrascosa aún no está completamente firme. Es decir, a 18 años del asesinato, la justicia aún no definió la absolución definitiva del viudo, ni pudo iniciar el tercer juicio para saber si Nicolás Pachelo y dos ex vigilantes fueron los responsables del crimen.

El TOC 4 de San Isidro debía realizar el 3 de agosto y el 14 de octubre de este año el tercer debate oral por el caso, pero la pandemia lo impidió. La única novedad judicial del año es que en mayo el TOC 1 de San Isidro sobreseyó a Horacio García Belsunce, John Hurtig y Sergio Binello, al declarar la prescripción por el paso del tiempo.

Por el lado de Carrascosa, espera que la Corte Suprema de Justicia confirme la absolución que lo liberó de la cárcel en 2016 y que Pachelo sea juzgado. Además, hace poco lanzó su libro autobiográfico que escribió durante sus años de cárcel en la Unidad 41 de Campana: Diario de un inocente: un amor, una causa, una vida.

“Necesito morir inocente y es la confirmación de mi absolución último pasito que falta. Entiendo la demora porque con toda esta pandemia tengo entendido que los ministros de la Corte sólo se reúnen para las causas de relevancia nacional. Espero que pronto se puedan juntar también para resolver lo mío”, le dijo el viudo a Télam en 2020.

Spoiler Show #12