Viernes 13 de octubre de 1972. El vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, uno chárter de la nave modelo Fairchild FH-227D que el día anterior había partido de Montevideo (Uruguay) a Santiago (Chile), transportaba a un grupo de jugadores de rugby adolescentes uruguayos del equipo Old Christians. Todo normal, pero no: el vuelo se estrelló en los Andes camino a Chile.
De la sobrevivencia de los pasajeros de ese vuelo trata La Sociedad de la Nieve, y en este artículo te contaré la verdadera historia del caso que la película no te contó.
De los 40 pasajeros y 5 miembros de la tripulación que tomaron el vuelo, 16 murieron cuando el avión se estrelló contra una montaña, cuando se rompió el fuselaje del avión. Los 29 restantes racionaron la poca comida que habían encontrado en el equipaje y algunos de ellos murieron en los días siguientes. Encontraron una radio portátil, que les dio la peor noticia posible el décimo día: los equipos de búsqueda habían cesado y el mundo supuso que todos estaban muertos.
Lo que siguieron fueron dos meses de trauma psicológico inimaginable, enfermedades debilitantes, temperaturas gélidas sin ropa abrigada, una avalancha que mató a 8 personas más, hambruna y la desesperada decisión de alimentarse con los cuerpos de sus amigos. La desesperación llevó a una caminata de 10 días a través de picos nevados sin más equipo que zapatos de rugby y un saco de dormir hecho por ellos mismos.
El Milagro de los Andes, como se lo ha rotulado a este hecho, ha sido objeto de varios libros y adaptaciones al cine en tres ocasiones. La primera fue la olvidada película mexicana de 1976 titulada Supervivientes de los Andes, la cual se centró en los aspectos más polémicos de la historia, o sea, el canibalismo. En 1993 se estrenó una versión de gran presupuesto de la historia, dirigida por Frank Marshall. Esa producción, protagonizada por Ethan Hawke, fue una adaptación del libro ¡Viven! de Piers Paul Read, un relato detallado de los hechos. La última película, La sociedad de las nieves de J.A. Bayona, está teniendo un impacto en la sociedad a nivel global, y todo gracias al streaming: posee un récord de casi 23 millones de reproducciones en una semana en Netflix, la plataforma que la transmite.
Candidata de España a los Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional, la cinta de Bayona está basada en el libro del mismo título de Pablo Vierci. A diferencia del relato exhaustivo de Read, escrito solo 2 años después del suceso, el libro de Vierci es una serie de testimonios en primera persona que los supervivientes dieron 50 años después del accidente. Y eso es lo que atrapa, más que ¡Viven!, cuyo relato se encuentra en tercera persona. Sí: La sociedad de las nieves se siente más cercana, más personal. Es más, la figura de Numa Turcatti (interpretado por el actor Enzo Vogrincic) domina el relato con su voz hasta su fallecimiento. Y es que ¡Viven! es una historia de sobrevivientes con los personajes de Nando Parrado y Roberto Canessa como el dúo heroico, mientras que Bayona cambia entre puntos de vista, enfocándose en las experiencias y sentimientos de los personajes en ese imposible infierno blanco.
Si bien las diferencias entre las películas son notorias, como he mencionado antes, ninguna de las tres cintas hace foco en un aspecto fundamental del caso: la búsqueda desesperada de las familias de los pasajeros. Esta incluyó desde ayuda sobrenatural (algunos padres recurrieron a la ayuda de psíquicos) hasta lógicos e incesantes vuelos privados sobre las montañas después de que se detuviera la búsqueda oficial. El reconocido artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, cuyo hijo Carlitos iba en el avión, se puso la capa de héroe y nunca bajó los brazos. Tan fuerte fue la intervención de Páez Vilaró que llegó a ser catalogado como un loco que no aceptaba la muerte de su hijo. Es más: el artista incluso terminó en la cárcel después de sobrevolar un área restringida bajo sospecha de espionaje.
Siguiendo con la historia real, finalmente los ya mencionados Parrado y Canessa llegaron a Chile el 20 de diciembre, casi sin fuerzas y sin más comida después de una travesía de 10 días a pie por los Andes. Al otro lado del Río Barroso vieron a un pastor local, Sergio Catalán. Este noble hombre se tomó un día completo para contactar a las autoridades, las mismas que no creyeron su historia sobre los dos sobrevivientes uruguayos hasta que les mostró una carta que Parrado le escribió y la arrojó al otro lado del río. Catalán fue un ángel para los 16 supervivientes, quienes luego se convirtieron en sus cuidadores: se mantuvieron en contacto, lo visitaron y lo ayudaron a pagar las cirugías y tratamientos médicos a los que se sometió hasta que falleció en 2020 a los 91 años.
Al ejército chileno le tomaría tres días más rescatar a todo el grupo. Otro error bastante grueso de las películas: tanto la de Marshall como la de Bayona resumen deliberadamente el rescate en helicóptero en un solo evento, pero fue una aventura en sí misma. El primer helicóptero aterrizó en el lugar del accidente el 21 de diciembre y llevó a 6 supervivientes de regreso a su campamento base. El viaje en helicóptero hacia un lugar seguro fue polémico. Los supervivientes describieron un vuelo aterrador, con vientos de montaña y turbulencias que amenazaban con un segundo accidente. Cuatro miembros del equipo de rescate se quedaron en el improvisado campamento de los sobrevivientes y ellos fueron los primeros civiles en presenciar la horrible escena de restos humanos a medio comer esparcidos por el avión. Mientras dos de ellos pasaron esa noche dentro del fuselaje junto a los supervivientes, los otros dos montaron una tienda de campaña separada, conmocionados por el lugar y lo que significaba.
No fue hasta el 23 de diciembre que llegó el segundo helicóptero de rescate y recuperó a los supervivientes restantes, que habían sobrevivido 72 días. Varios años después, las autoridades lograron enterrar los restos de las víctimas y levantar una tumba con una enorme cruz de hierro.
A lo largo de los años, los supervivientes de El Milagro de los Andes han regresado al lugar del accidente, solos, juntos y hasta con sus familias. El lugar, un valle cercano al volcán Tinguiririca y al cerro Sosneado, se convierte en glaciar en invierno. Su nombre parece haber sido escrito específicamente para esta desgarradora historia real: Valle de las Lágrimas.
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