Que es el placer de los dioses, o un plato que se sirve mejor frío. Que mata el alma y la envenena y que dejará al mundo ciego. Que la mejor es el olvido, aunque también el éxito. Muchas cosas se han dicho y se dicen sobre la venganza. ¿Por qué? Porque es un tópico que, como seres humanos, nos apasiona.
Ya desde tiempos antiguos, en la literatura griega, podemos encontrarnos historias que hablan de la venganza. La mismísima Ilíada nos cuenta el proceso de venganza de Aquiles hacia Héctor, sin olvidarnos de otros ejemplos como la tragedia de Medea, o de Prometeo, que eleva su venganza contra el enorme Zeus. También Shakespeare ha hablado bastante del tema, basta con mirar sus obras Hamlet, Ricardo III o La Tempestad. La venganza es un tópico que nos atraviesa culturalmente desde siempre y, por supuesto, el cine y la televisión no han sido ajenos a esto.
Por definición, la venganza es un acto o proceso mediante el cual una persona busca causar daño o sufrimiento a otra, como respuesta a un daño o sufrimiento que le ha sido causado previamente. La venganza, como tal, se relaciona con la retribución y la justicia, aunque también a menudo se considera que es un hecho negativo, ya que saca placer del dolor del otro.
En cine, como en los ejemplos literarios que he mencionado en un comienzo, la venganza ha estado presente desde siempre. Ya en 1913Henri Pouctal dirigía El conde de Montecristo, un filme basado en la obra de Alejandro Dumas que cuenta la historia de un joven traicionado por sus amigos y encarcelado injustamente. Por supuesto, este joven, luego de escapar de la prisión, decide buscar venganza contra quienes lo han traicionado.
Luego, tan solo un año después, uno de los pioneros del cine como lo fue D. W. Griffith, estrenó The Avenging Conscience, que cuenta la historia de un joven que busca venganza contra su tío, quien ha asesinado a su padre y se ha casado con su madre, al mejor estilo Hamlet. The Avenging Conscience es considerada una de las primeras películas en realmente explorar la psicología de un personaje que busca venganza, mostrando el carácter opresivo de la misma.
Sin embargo, desde 1913 y 1914 hacia acá, la venganza ha continuado apareciendo de diferentes formas tanto en el cine como en la televisión, en parte porque es una buena excusa para contar historias plagadas de tensión y drama. Además, la venganza también sirve para plantear debates acerca de la justicia, algo también inherente a la naturaleza humana y que a veces nos cuesta alcanzar.
Así, a lo largo de los años hemos visto tanto películas como series que centran su argumento alrededor de una venganza: desde John Wick hasta Game of Thrones, pasando por clásicos como Kill Bill, Carrie, Taken, Memento, Gladiator o series como la mismísima Revenge, Sons of Anarchy, The Punisher y tantas más. Estos diferentes ejemplos nos muestran diferentes caras de la venganza, que si bien siempre parece interesarnos y apelar a lo más intrínseco de nuestra humanidad, es algo que no nos deja tranquilos.
Es cierto que en algunos ejemplos, como el de John Wick o el de Kill Bill, seguir el camino del protagonista en su búsqueda de venganza resulta satisfactorio y no podemos más que encontrarnos alentando los actos de violencia que estos protagonistas llevan a cabo para ejecutar su propia idea de justicia, sin embargo, cuando volvemos la cara por ejemplo a las historias de superhéroes, cuando nos encontramos con uno que se entrega a la venganza, lo vemos como algo negativo.
No apreciamos cuando el Batman de Robert Pattinson exclama, fuera de sí, “I’m vengeance” y apalea despiadadamente a los criminales, o cuando Thor, luego de haberlo perdido todo, reacciona violentamente cortándole la cabeza a Thanos, porque les exigimos a aquellos que “nos protegen” que tengan la superioridad moral de confiar en la justicia y no tomarla por mano propia.
Entonces, ¿por qué nos atraen tanto las historias de venganzas? En parte porque esa superioridad moral que les exigimos a los héroes no es la misma con la que nos regimos nosotros mismos y, muchas veces, en nuestro fuero más interno, soñamos con convertirnos en pequeñas versiones de John Wick y salir a castigar a aquellos que nos han hecho daño.
Por otro lado, si anhelamos la venganza es claramente porque en el sistema de justicia, que es nuestra forma civilizada de castigar a aquellos que perjudican a otros, está roto. Y este es un mal que, lamentablemente, aqueja mundialmente. Como seres humanos, muchas veces, sentimos que el sistema judicial no responde a tiempo, o con la suficiente dureza como nos gustaría, por eso a veces disfrutamos de ver a personajes como el de Carey Mulligan en Promising Young Woman llevar adelante venganzas planificadas y aleccionadoras para aquellos que hacen el mal.
Ver películas y series que traten la venganza como tópico principal es una suerte de catarsis que nosotros, los espectadores, podemos realizar a través del cine y la televisión. A través de la pantalla cumplimos fantasías que no confesamos y analizamos las implicancias que llevarlas a cabo tendría en nuestras vidas. En un mundo que continúa siendo injusto, en el que la violencia no da signos de aminorar la marcha, las producciones sobre la venganza continuarán siendo exitosas.
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