La última entrega de Animales Fantásticos es un espectáculo muy fastuoso pero con poca magia

Después de 4 años de espera llegó la tercera entrega de la saga Fantastic Beasts, la cual se titula The Secrets of Dumbledore (Animales Fantásticos: Los Secretos de Dumbledore). Con el regreso a la silla del director de David Yates y la inclusión de Mads Mikkelsen como el malvado Grindelwald, planea ser el cierre de esta primer trilogía de películas y a partir de hoy ya se puede ver en cines de toda la república.

En estas nuevas películas Warner Bros. trataba de emular el éxito de las películas de Harry Potter enfocándose en un público más adulto y con temas más maduros. Sin embargo, desde el inicio hubo problemas tanto dentro como fuera de la producción. Por un lado estaban los problemas legales de Johnny Depp que obligaron a cambiar de actor en esta última cinta, los problemas de Ezra Miller, quien también tuvo líos legales después de atacar a una familia en un bar de Hawái y para terminar están los problemas de J.K Rowling quien emitió comentarios contra la comunidad trans que la obligaron a retirarse del ojo público.

Todos estos temas afectaron de una manera u otra a Los Secretos de Dumblemore. Sin embargo, el problema principal viene desde la primera entrega: ninguna película ha funcionado del todo, y esta última parece un intento apresurado de cerrar todas líneas que habían abierto para, presumiblemente, reiniciar el «mundo mágico» con mejor suerte que en esta trilogía.

David Yates eliminó a varios personajes con tal de limpiar un poco los cabos sueltos y darles menor tiempo en pantalla a personas «cancelables» como Ezra Miller. Entendible pero… También el personaje de Tina (Katherine Waterson) es eliminado sin razón alguna; solo sirve para eliminar el plot amoroso de Newt Scamander (Eddie Redmayne) que tanta falta le hacía para el desarrollo de su personaje.

El cambio más significativo es la llegada de Mads Mikkelsen. Yates tomó la decisión de quitar todo el maquillaje y demás aditamentos que Depp, muy en su estilo, había adoptado para interpretar a Grindelwald y decidió que Mikkelsen lo hiciera «al natural». Esto en lugar de ayudar al estilo interpretativo de Mads se vuelve un estorbo porque no hay continuidad con la película anterior. Esto se nota al ver las tres al hilo: en cada una hay un Grindelwald diferente, no solo en su actuación sino en sus poderes y sus motivaciones. Esta falta de continuidad hace que el desarrollo de este personaje tan importante para la saga se derrumbe en cada película.

Yates trata de corregir no solo los problemas de la historia sino que intenta hacer que se parezca más a los films de Harry Potter que las dos entregas anteriores, para lograrlo nuevamente le da importancia a los Animales Fantásticos y los mete de lleno la historia. Además centra la historia en el personaje de Dumbledore (Jude Law), dejando a Scamander como un personaje secundario más. Este cambio de enfoque desconcierta además de lo que ya hemos mencionado. Si bien la hace más entretenida, el público se queda sin brújula acerca de hacia dónde va la historia.

Las partes oscuras y tristes, memorables de las películas anteriores, son reemplazadas por un plot que, como lo mencionó Redmayne en alguna ocasión, se parece más a una película de Oceans Eleven en el mundo mágico que a otra cosa. Dumbledore arma un equipo de magos que tratarán de acabar con la farsa que está armando Grindelwald al tratar de meter una criatura mágica dentro de una ceremonia en donde se va a escoger al nuevo líder de los magos mundiales.

Por el lado de las actuaciones, al darle más peso a Dumbledore también se acentúan sus deficiencias. El valor que tuvieron  Richard Harris y Michael Gambon al interpretar al mítico mago en Harry Potter es una dura losa que ni aún Law con todo su carisma puede igualar.

Los personajes de Jacob (Dan Floger) y Queenie (Alison Sudol), secundarios en las primeras dos películas, aquí adquieren mucha más importancia pero funcionan perfectamente y aportan el romance que Newt perdió y que era necesario para la historia.

El score de James Newton Howard es muy adecuado y funciona muy bien sobre todo en las escenas que nos llevan de vuelta a Hogwarts y en las de acción (que son mínimas).

Fantastic Beasts: The Secrets of Dumbledore (Animales Fantásticos: Los Secretos de Dumbledore) es un esfuerzo apresurado por terminar con esta saga. La película tiene de todo pero carece de magia. La suma de las controversias fuera de cuadro, los cambios bruscos de timón de la historia, los cabos sueltos cerrados a fuerzas y la corrección e inclusión política dan como resultado una película a ratos entretenida, a ratos romántica y en otros llena de efectos especiales, pero al final es como un truco de feria mal ejecutado: muy espectacular, mucha pirotecnia pero carente de magia.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=sT7Pcn1lFh8
Spoiler Show #11