La realeza, la gran obsesión del cine y la TV

Tener poder es una cosa de pocos. Quizás por eso nos apasiona tanto inmiscuirnos en las vidas de quienes lo tienen. ¿Y quién mejor que aquellos y aquellas que reciben el poder por un mandato divino? Los reyes y las reinas, figuras que forjaron las civilizaciones, generan pasiones. Basta ver el éxito de The Crown, la serie de Netflix que analiza las últimas décadas de la corona británica, para saber de qué hablo.

Desde hace muchísimos años, el cine y la televisión han posado el ojo de las cámaras en los reyes y en las reinas, a lo largo y a lo ancho del mundo y diferentes épocas, analizando juventudes, crisis políticas y más. La realeza es, sin duda, una de las grandes obsesiones de las producciones audiovisuales.

¿Qué es ser un monarca? ¿Qué sienten aquellos que son imbuidos con el peso de la corona? ¿Cómo fueron aquellas figuras históricas de las que solo podemos leer en libros? Estas preguntas son, quizás, las que movilizan numerosas producciones audiovisuales desde hace muchos años. Debido a la naturaleza única de convertirse en monarca, al número reducido de personas que han cargado o cargan con esa responsabilidad, podemos decir que la mayoría del mundo no tiene ni una mínima concepción de lo que puede ser aceptar ese trabajo. Ser monarca es un misterio: ¿qué hay detrás del trono? ¿Excesos? ¿Romances prohibidos? ¿Personalidades siniestras? El cine y la TV intentan levantar el velo.

De las diferentes monarquías, las más trabajadas en el cine y la televisión son, sin dudas, las europeas, que son aquellas que le dieron forma al mundo occidental. Ya en 1933 el cine comenzó a explorar figuras reales diferentes, que demostraran que, debajo de las coronas, había personas de carne y hueso. Ese año, Greta Garbo, nada más y nada menos, se convirtió en la reina Cristina de Suecia, una mujer que supo reinar en ese país durante aproximadamente veinte años y que se distinguió no solo por su intelecto y su apoyo a las artes, sino también por haberse negado a contraer matrimonio, a pesar de las exigencias de la corte para que lo hiciera y tuviera descendencia.

Sin embargo, el cine también intentó, desde ese entonces, buscar monarcas quizás no tan populares en rincones más alejados del mundo. En 1939 se estrenó Juárez, un filme que supo retratar el conflicto político entre Benito Juárez y Maximilian I, el rey designado por Napoleón para gobernar México.

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En retrospectiva, sin embargo, las monarquías más exploradas son la inglesa y la francesa. De la primera, The Crown, el ejemplo que mencionábamos al comienzo, es quizás la producción audiovisual más notable o, al menos, la más vigente, pero hubo muchas otras: desde películas sobre Lady Di, como la reciente Spencer, protagonizada por Kristen Stewart que le valió una nominación a los premios de la Academia, hasta otras más antiguas como El león del invierno, de 1968, que le otorgó a Anthony Hopkins su primer rol importante dentro de la industria cinematográfica interpretando a Ricardo Corazón de León, el hijo del rey Enrique II y su esposa, Leonor de Aquitania, interpretada por Katheryn Hepburn, quien, además, ganó un premio de la Academia por su trabajo.

La lista de producciones que se enfocan en la monarquía inglesa parece interminable: no solo existen estos meros ejemplos que acabo de mostrar, sino muchos otros que, además, también cosechan mucho éxito, como The Favourite, el filme de Yorgos Lanthimos protagonizado por Olivia Colman (que le valió el Óscar a mejor actriz), la icónica serie The Tudors, la película El discurso del rey (que le dio un Óscar a su protagonista, Colin Firth) y tantas otras. Formar parte de producciones que analicen y descubran nuevas facetas de la monarquía británica no solo auspicia éxito entre el público, sino también, como se puede ver, el éxito entre los críticos especialistas.

Por el lado de la corona francesa, los ejemplos también son numerosos: desde clásicos como El jorobado de Notre Dame, o El hombre de la máscara de hierro, hasta la serie que popularizó Netflix, Versalles, que explora la construcción del ahora famoso palacio de la mano del Rey Sol, Luis XIV de Francia, o la película de Sofía Coppola, que se enfoca en la polémica figura de María Antonieta (interpretada por Kirsten Dunst) de un modo muy pop.

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La realeza nos obsesiona. La lucha por el poder, mezclada con el mandato divino, el secretismo y la exclusividad que rodean a la corona no solo nos hace consumir series y películas que analicen figuras históricas, sino que también alimentan ficciones con reyes y reinas de todo tipo, como por ejemplo Game of Thrones, el show que centra su trama en la lucha por el trono de Westeros.

Si bien en la actualidad las monarquías con poder real son pocas y los reyes y las reinas se han convertido en figuras más diplomáticas o decorativas, no cabe duda que en todos los rincones del mundo la realeza ha forjado la realidad en la que vivimos. Entender a estas figuras es, quizás, tambiéen entender el mundo que han construido y, tal vez, por eso nos intriga tanto.

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