La codiciada China desde la óptica estadounidense

China es la ¿próxima? potencia mundial (y lo pongo entre signos de interrogación porque una parte de mí cree que ya lo es). Como tal, hace años que lleva una pulseada a veces más silenciosa, a veces más espamentosa, con la única potencia mundial que reconocimos hasta ahora varias generaciones: Estados Unidos.

Este enfrentamiento significa, también, el enfrentamiento de dos modos de vida: el american way of life versus la vida oriental bajo el régimen chino. Y aunque sabemos sustancialmente menos del segundo que del primero, poquito a poco esa vida oriental bajo el régimen chino empieza a asomarse en los productos culturales que consumimos.

¿A qué se debe esto? ¿Por qué cada vez más Estados Unidos, el país que ostenta el poderío de las grandes producciones cinematográficas (no en cantidad, pues ahí es derrotado por Bollywood y amenazado por Nollywood), se preocupa por representar a la comunidad china en sus películas? Esto, simple y llanamente, se debe a una cuestión de mercado, pero también significa algo mucho más poderoso.

Como obras culturales, las películas son una gran forma de compartir con el mundo nuestra forma de pensar, nuestra forma de vivir, nuestra identidad. El cine hollywoodense, hasta ahora el más exitoso del mundo, el que llega a cada rincón, lleva décadas esparciendo por el mundo productos culturales que nos mostraban a todos cómo era la forma de vida yankee. Bailes de graduación, ahorros para la universidad, el servicio militar como el máximo honor, etc. Todos reconocemos esa forma de vida aunque no sea la nuestra gracias a las películas que hemos visto.

Sin embargo, desde hace algunos años para acá, esa representación de la american way of life, esa vida norteamericana idealizada como modelo a seguir, comenzó a filtrar, al menos en las películas, la representación de las diversidades y, en especial, de la comunidad china.

No es una casualidad que en los últimos años hayamos tenido películas como The Farewell, Crazy Rich Asians, la versión live action de Mulan e incluso la llegada de un superhéroe asiático como Shang-Chi. China, con su exuberante población, es uno de los mercados más grandes a los que pueden acceder las películas hollywoodenses. El problema es que no es tan fácil entrar en él.

Seguramente has escuchado acerca de la censura que sufren muchas películas extranjeras cuando llegan al mercado chino. Esto se debe al férreo control que ejerce el Partido Comunista, partido que se encuentra en el poder en China, sobre los productos que deben o no deben consumir sus ciudadanos. Si el Partido Comunista cree que un filme expresa valores que van en contra de aquellos que ellos defienden, la película será censurada.

Como si esto fuera poco, tampoco es que cualquier película puede llegar a estrenarse en China. El gobierno mantiene un coto de cuántas películas extranjeras pueden estrenarse en el país. Algo que empezó con aproximadamente una docena, actualmente se encuentra en un número entre 30 y 40. Es decir, para acceder a uno de los mercados más grandes del mundo, hay que poder entrar entre esas 30, 40 películas extranjeras que el gobierno del Partido Comunista permite que ingresen al país. ¿Y cuáles son las elegidas? Exacto, las que mejor se adapten a la visión del gobierno. Las que representen a la comunidad china de la mejor manera. Las que no necesiten ser censuradas por lo que muestran.

Esto, sin duda, está modificando la forma de hacer películas. Si bien cada filme es un producto cultural y transmite ideología, cada uno de ellos también es producido por una compañía que se rige por las leyes del mercado y, como tal, quiere ganar dinero con aquel producto en el que invirtió. ¿Y dónde mejor que en el mercado más grande del mundo? Así, los filmes norteamericanos que llevaban décadas contándonos una narrativa donde la única posibilidad de salvación era the american way of life empiezan a doblegarse ante el poderío del mercado chino, aunque eso signifique adaptarse a las censuras y a las ideologías del Partido Comunista.

Mientras que los gobiernos de los dos países continúan con su pulseada a veces silenciosa y a veces no tanto, en Hollywood, China ya ha ganado: en el gigante asiático había, en el 2021, más de 75000 pantallas en las cuales podrían estrenarse películas extranjeras (y así hacerles la diferencia de taquilla), mientras que en Estados Unidos el número ronda alrededor de las 40000. La matemática no miente: China es un mercado mucho más amplio para que Hollywood pueda ganar dinero, aunque eso signifique resignar ideales y patriotismos para venderlos al mejor postor.

Spoiler Show #11