Los hermanos Andy y Barbara Muschietti vuelven al mundo de Stephen King con Bienvenidos a Derry, una serie que expande el universo de IT y nos lleva de nuevo al pueblo más siniestro de la literatura moderna. Disponible en HBO Max, esta precuela combina terror, drama y misterio para mostrar cómo el mal ha estado presente en Derry desde mucho antes de los eventos que conocimos en las películas.
La historia se desarrolla a lo largo de distintas décadas del siglo XX. Cada etapa muestra una cara diferente del pueblo y cómo la presencia de Pennywise ha marcado a generaciones enteras. No se trata de repetir lo que ya vimos, sino de descubrir qué pasó antes y por qué Derry parece condenado a revivir el miedo una y otra vez. Esa estructura permite que la serie cambie de tono y estilo sin volverse confusa, manteniendo la atención con nuevas historias y personajes.
A diferencia de las películas, esta vez no seguimos al Losers Club. Los protagonistas son nuevos y representan distintos sectores de la comunidad: familias, militares, jóvenes y adultos que intentan entender lo que ocurre. Eso hace que la serie se sienta más amplia y diversa, con distintos puntos de vista sobre lo que significa vivir en un lugar dominado por el miedo.
Uno de los aciertos de Bienvenidos a Derry es que no se enfoca solo en el payaso. Aquí se exploran otros aspectos del pueblo: las tensiones sociales, los secretos, la violencia, los prejuicios y, entre ellos, un leve vistazo a la parte mafiosa de la ciudad, uno de los temas que King mencionaba en los libros. Todo eso ayuda a entender que el verdadero peligro de Derry no siempre viene de algo sobrenatural.
El regreso de Bill Skarsgård como Pennywise the Dancing Clown es uno de los puntos más esperados, y cumple completamente. Su interpretación sigue siendo tan aterradora y carismática como en las películas, pero ahora se nota una evolución. Aparece menos tiempo en pantalla, pero su presencia se siente todo el tiempo. Skarsgård consigue que el personaje sea impredecible, inquietante y a la vez fascinante. Cada vez que aparece, la tensión sube.
Visualmente, la serie mantiene el sello de Andy Muschietti: un equilibrio entre realismo y espectáculo visual. Hay bastantes efectos digitales, pero se usan con mesura y de forma funcional, al servicio de la historia. Los escenarios están llenos de detalles, la iluminación refuerza el tono opresivo y cada rincón de Derry transmite peligro y misterio. El miedo no depende solo de los sustos, sino del ambiente, los sonidos y el silencio.
Los mejores momentos son los centrados en los niños. Conservan esa mezcla de curiosidad y vulnerabilidad que funcionó tan bien en las películas, y logran que el espectador vuelva a sentir el miedo desde una perspectiva inocente. Es en esas escenas donde la serie recupera la magia del cine de los Muschietti: lo cotidiano se vuelve extraño, y lo normal, aterrador. En cambio, las partes enfocadas en los adultos son más tranquilas y reflexivas. A veces el ritmo baja un poco, pero eso permite que los personajes respiren y que el miedo se sienta más real, más emocional.
La serie también toma caminos inesperados. Hay giros que rompen con lo que el espectador espera, momentos que mezclan el terror con la emoción o con la crítica social. No todo se trata de monstruos y sangre; Bienvenidos a Derry también habla de la culpa, la negación y lo fácil que es acostumbrarse al horror cuando forma parte de la vida diaria. Esa mezcla de géneros y tonos la vuelve impredecible, lo cual es uno de sus mayores méritos.
Un detalle que llama la atención es la participación del influencer Rudy Mancuso, que aparece en un papel pequeño pero curioso. Su inclusión podría parecer fuera de lugar o como un distractor, pero funciona y le da un nuevo empuje a la carrera de esta figura internacionalmente conocida dentro del mundo de las redes sociales.
Bienvenidos a Derry, hasta donde se sabe, está pensada para tres temporadas, cada una con un enfoque distinto dentro del mismo universo. Esta primera sirve como introducción: presenta las reglas, los personajes y la historia del pueblo. Aun sin resolver todos los misterios, deja claro que hay mucho más por explorar. Es una apuesta ambiciosa que busca construir algo más grande que una simple historia de miedo.
El guion se centra en cómo el terror afecta a la gente común. Los personajes no son héroes ni villanos, sino personas que intentan sobrevivir, callar o entender lo que pasa. Lo más interesante es ver cómo la comunidad reacciona ante lo imposible: algunos lo niegan, otros se aprovechan, y unos pocos tratan de enfrentarlo. Esa variedad de reacciones hace que Derry se sienta como un lugar real, con gente que prefiere ignorar el problema en lugar de enfrentarlo.
El ritmo es irregular, pero funciona dentro del tipo de historia que se quiere contar. No todos los capítulos tienen la misma intensidad, pero la tensión nunca desaparece. Incluso los episodios más tranquilos mantienen el interés porque siempre hay una sensación de peligro que se va acumulando poco a poco.
En cuanto a producción, todo está muy bien logrado. La ambientación de cada década está cuidada, el diseño de sonido es impecable y la música acompaña sin exagerar. Cada elemento está pensado para sostener la atmósfera de inquietud. Nada se siente forzado o fuera de lugar.
Lo más valioso de la serie es que no intenta copiar el éxito de las películas, sino ampliar su universo. Los Muschietti entienden que el terror puede venir de muchas formas, y aquí lo usan para hablar de la culpa colectiva, de lo que la gente decide no ver y de cómo un pueblo puede convivir con el miedo sin darse cuenta.
Bienvenidos a Derry es una historia sobre lo que se esconde debajo de la rutina, sobre los secretos que todos conocen pero nadie menciona. No necesita explicar demasiado para incomodar. A veces el simple sonido de una risa lejana basta para recordarnos que algo terrible sigue ahí, esperando.
Los fans de IT y los lectores de Stephen King encontrarán una producción respetuosa con el material original, pero con ideas nuevas que la hacen sentir fresca. Tiene momentos de gran tensión, personajes bien construidos y una dirección que equilibra emoción y terror con bastante seguridad.
En resumen, Bienvenidos a Derry es una serie sólida, bien actuada y visualmente impresionante. No es perfecta —algunos momentos podrían avanzar más rápido—, pero su propuesta es clara y ambiciosa. Toma riesgos, presenta nuevos enfoques y mantiene vivo el espíritu de IT sin repetirse.
Más que una historia sobre un payaso, es un retrato sobre cómo el miedo puede convertirse en parte de una comunidad. Y eso es lo que hace que Bienvenidos a Derry funcione: nos muestra que el verdadero terror no siempre se esconde en las alcantarillas, sino en lo que la gente prefiere no enfrentar.