Los sonidos superan al lenguaje: la historia de la música en cine y series

El poder de la imagen es tal que a veces olvidamos que el cine también está compuesto por sonidos. Algo que por supuesto incluye a la música, una alianza tan importante que comenzó a forjarse desde los albores de la propia industria. Así se apreció en la denominada era silente donde se recurrió a fonógrafos, pianistas u orquestas en vivo para acompañar lo visto en pantalla. Una vez que la sincronización del sonido al celuloide se hizo posible en 1929, la música se convirtió en un aspecto fundamental dentro proceso narrativo.

Aunque el uso de piezas originales creados para películas en concreto comenzó en 1908 con el cortometraje francés L’assassinat du duc de Guise, la tendencia no se popularizó sino hasta la llegada del sonoro. Fue entonces cuando nació la profesión de compositor cinematográfico, quien debían idear temas orquestados no sólo para acompañar las historias, sino para complementar las emociones vistas en pantalla. Lo que hoy conocemos como score.

Fue así como surgieron los primeros grandes compositores cinematográficos de todos los tiempos. Una lista que incluye nombres como Max Steiner (King Kong, 1933), Enrich Korngold (The Adventures of Robin Hood, 1938) y Alfred Newman (Mask of Zorro, 1940) , por nombrar algunos. Fue también en este tiempo cuando surgió otro fenómeno musical clave dentro de la industria: el soundtrack.

Antes de continuar, no está de más aclarar la diferencia entre score y soundtrack, ya que ambos términos suelen generar confusión en algunos sectores del público. El primero se integra por piezas musicales netamente instrumentales, lo que en español responde al nombre de partitura. La segunda es la recopilación de canciones que componen la música de la película.

El de Blanca Nieves y los siete enanos (1937) pasó a la historia como el primer soundtrack liberado comercialmente. El hecho de que algunas de sus canciones más emblemáticas, como Heigh-Ho y Someday My Prince Will Come, se mantengan en el imaginario colectivo a casi un siglo de distancia es una prueba contundente de la calidad narrativa del filme, pero también de la capacidad que tienen estos temas para permanecer en la mente de las audiencias valiéndose de los vínculos directos con lo visto en pantalla. Y es que es imposible escuchar la primera pieza sin pensar en los enanos saliendo de la mina, ni la segunda sin rememorar a la doncella cantando ante sus amables anfitriones.

Sin embargo, la industria fílmica no empezó a sacar verdadero provecho al soundtrack sino hasta los 60 con la incorporación de temas musicales exclusivos que inmediatamente rememoraran a lo visto en pantalla. Tal fue el caso de Moon River en Breakfast at Tiffany’s (1961) o Mrs. Robinson de El graduado (1967). Esta última tiene como valor agregado la interpretación de Simon & Garfunkel, así como el hecho de ser la única canción original de un soundtrack compuesto primordialmente por temas preexistentes. Otra tendencia que llegó para quedarse al ser clave para elevar el potencial musical de las distintas producciones.

Piezas inolvidables

Ya lo decíamos al inicio. El poder de la imagen es incuestionable, pero el de la música no se queda atrás, al grado que hoy día resulta imposible pensar en algunos títulos sin recordar sus piezas más representativas, sin distinción de que éstas sean partituras o canciones, y en el caso de estas últimas, originales o preexistentes.

Si de compositores se trata no podemos olvidarnos de nombres como Bernard Hermann con Psicosis (1960), Henry Mancini con La pantera rosa, Nino Rota con El padrino (1972) o Howard Shore con El Señor de los Anillos (2001). Una lista que también debe abordar el terreno de las series, una tradición que va de Marius Constant para La dimensión desconocida (1959) a Ramin Djawadi con Game of Thrones (2011). Mención aparte para Ennio Morricone y John Williams, dos auténticos genios de la composición cinematográfica capaces de pasar de la mayor grandiosidad al más puro intimismo y cuyo talento ha resultado en algunos de los scores más memorables de todos los tiempos. La historia del audiovisual no sería la misma sin ellos.

Más curioso es el caso de los soundtracks. La tendencia descrita anteriormente puede apreciarse en historias que giran alrededor de la música como sería el caso de Saturday Night Fever (1977) sobre un joven amante de la discoteca o Dirty Dancing (1987) sobre una chica que se enamora de su instructor de baile, pero también aplica para muchas otras sin ningún tipo de base musical como Top Gun (1986), Ghost (1990) o incluso Friends (1994) cuyo I’ll Be There for You terminó convirtiéndose en un símbolo de la popular sitcom. Y claro, también puede verse en títulos como Pulp Fiction (1994), Watchmen (2009), Guardianes de la galaxia (2014) o El misterio de Soho (2021) cuyas brillantes recopilaciones transmiten con enorme destreza las emociones de los personajes principales al tiempo que conquistan a los aficionados musicales más selectos.

La importancia de la música es tal que algunas producciones sustentan sus bases netamente sobre ésta. No nos referimos a musicales puros de los que ya hemos hablado anteriormente, sino a los velados como El guardaespaldas (1992) o Nace una estrella (2018), beneficiados además por la presencia estelar de cantantes convertidas en actrices como Whitney Houston o Lady Gaga.

Ni qué decir de Disney, que apoyó sus eras del renacimiento y resurgimiento sobre soundtracks increíblemente potentes que incluyen La sirenita (1989), La bella y la bestia (1991), Aladdin (1992), Enredados (2010), Frozen (2013)o la más reciente Encanto (2021) cuyo tema We Don’t Talk About Bruno se ha convertido en todo un fenómeno del que irónicamente es imposible no hablar. Mención aparte para El rey león (1994), cuya combinación de canciones de Elton John y Tim Rice con las partituras de Hans Zimmer resultó en una de las experiencias musicales más memorables de la industria audiovisual.

Podríamos dedicar incontables artículos a los mejores scores y soundtracks en la historia del entretenimiento, pero aún así seríamos incapaces de definir adecuadamente lo que cada uno ha provocado en el público por generaciones. Por esto preferimos quedarnos con las palabras de Leonard Cohen, cuyas canciones engalanan más de 300 créditos audiovisuales, y quien describía a la música como “la vida emocional de la mayoría de las personas”. No hay mejor manera de entender la relación que películas y series han tenido con la música a través del tiempo: más que un simple complemento, la compañera perfecta para garantizar la inmersión audiovisual absoluta con acordes tan inolvidables como la más espectacular de las escenas.

Spoiler Show #11