Los engranajes están aceitados, todos conocen de qué la va el programa, ya no hay sorpresa, ¿a qué college vamos? ¡Veamos en Kansas! Acaban de sacar las restricciones de cupo de jugadores extraestado! Pero la tierra de Dorothy y los tornados está por ser sacudida por la malvada bruja del oeste, un coach de Compton (LA), tierra de NWA, de tiros, droga… y ese… ese es el tipo al que amamos… amamos odiar.
Gente que amamos odiar: Jason Brown, coach de la tercera temporada

1 En contexto
¡Bienvenidos a la tercera entrega de Last Chance U! ¡Bienvenidos a Independence! Pueblo que, otrora, tuviera el mayor ratio “humano/millonario” de EEUU debido al líquido negro pringoso que emana de las capas inferiores de esta roca itinerante a la que llamamos La Tierra.
En la decadente ciudad están habituados a ver a su Independence Community College perder por más de 40 puntos en football contra los otros pueblos. En pocas palabras: son el absoluto hazmerreír de la zona. Claro que todo ser tiene un límite y los hinchas de los Pirates llegaron a él en el torneo 2015/16.
Al finalizar el mismo tomaron la extrema decisión de contratar como entrenador a quien se fuera a las trompadas de la universidad de Garden City, competidora directa de Independence, el señor Jason Brown; su sed de venganza le sirve a los Pirates y a él… pero, quizá no mucho a los chicos, que se ven atrapados en ese emparedado de revanchismos, condimentado con abundante sobreexigencia.
Por la antigüedad del programa ya los jugadores saben qué puede pasarles (el reconocimiento, etc.) y en varios momentos se los escucha compararse con quienes estuvieron en las temporadas anteriores; el nivel de conciencia está altísimo y podría empañar la espontaneidad si no fuera porque -y aquí reaparece- el Sr. Terremoto, el jefe máximo, Jason Brown te destruye, te aplana. Él -y no otro- será el centro de atención.

En el lado positivo, implica que el resto se quita la presión de encima; en el negativo, es dar carta blanca a un tipo que llama fucking perdedor o fraude o ignorante o lo que sea a sus jugadores y técnicos, durante las prácticas, charlas y los partidos. Sí, también a los referís, policías y directivos de los otros equipos.
2 Al sur del Cinturón Bíblico
Tanto el director como los lugareños y el conductor del programa deportivo número uno de la radio local opinan, mayormente sobre Jason Brown. Su estilo absolutamente frontal contrasta insalvablemente con el de Independence y su gente, mucho más modesto. Para ejemplificarlo: se compra un coche, pero no cualquier auto, sino su (ya) cuarto Cadillac; el rodado pasa a ser el punto de comparación en toda charla de peluquería.
En las primeras dos temporadas el staff de coaches era religioso al 120%: rezaban antes de los entrenamientos, antes de los partidos, antes de las comidas, en el sanitario… Acá eso no se ve y es saludable observar gente sin esa mística educando a chicos que vienen del margen de la legalidad.
3 En LA no pueden unir dos frases sin un insulto en el medio
Es el director de la institución el que pone la cara como quien seleccionó a Brown y sabe que su perfil es llamativo y violento; conoce que la idiosincrasia de LA es diametralmente opuesta a la de su pequeña ciudad. De todas formas -hay que admitirlo- Jason va a los programas de radio, a las charlas de cuanto grupo se forme para conseguir que la gente vaya a apoyar al equipo, que vuelvan al estadio.

4 Pues, no todos son la destrucción
Ya no existe una asistente académica en la universidad, pero sí una profesora de inglés que persigue y se toma a pecho lo de acompañar a estos semiadultos a desarrollarse mentalmente para proseguir con sus vidas, pase lo que pase con sus carreras de jugadores.
Latonya Pinkard es un ser increíble; en cada momento aparece con distintas pelucas y peinados y esa actitud que enamora, con respuestas ingeniosas que terminan haciendo pensar y reencuadrar a los chicos. No acepta el uso de la palabra “nigger” y hace talleres de lectura que -se nota- les hace muy bien a los estudiantes. En ningún momento se cruza con el coach Brown y -quizá- sea mejor así… No andar mezclando nitro y glicerina.

Sin lugar a dudas es una serie de episodios increíbles, no da respiro. Brown es una bomba que detonó en Independence y que manda tsunamis constantemente. Cuando parece haber paz, sucede algo. Cuando un coach sabe que solo contará con sus jugadores por seis meses o apenas más, no se le escapa -tampoco- que la relación con ellos será intensa. Él se da a conocer como el mejor reclutador y parece tener razón. Pero una cosa es saber buscarlos, hacerles la cabeza para que acepten firmar (“parece un vendedor de coches usados”; «creí que era negro«) y contratarlos y otra es hacerlos madurar y crecer. Pero ese parece ser el trabajo de otro…

Bonus track
Luego de ver los episodios sobre Independence hay un extra, que es la vida luego de East Mississippi (universidad de las temporadas 1 & 2), qué pasó con todo el mundo luego de terminadas las dos primeras temporadas. El caso de Isaia Wright es el más tremendo, arrestado por un asesinato que él no vio, ni en el que estuvo presente. Hay entrevistas con la familia de la víctima y parte el alma… No pueden pasárselo por alto.
Isaia actualmente está, desde el 8 de agosto, en libertad. Aceptó declararse culpable del cargo de facilitar el crimen, con lo que su involucramiento quedó como mínimo: se trata de la típica trampa judicial de EEUU, donde usted es inocente, pero la urgencia en quedar libre (casi un año preso estuvo el chico de, actualmente, 20 años), ingresar en una universidad y seguir con su vida (ojalá la NFL) le ganan a la realidad de los hechos.
Wright está, en estos momentos, en la Temple University.