En las películas de terror, estamos acostumbrados a ver a los fantasmas como entidades que nos aterran y persiguen a los protagonistas, pero existen otras ocasiones donde pueden utilizarse para hablar de uno de los temas sobre los que más se ha filosofado en la historia de la humanidad: la vida después de la muerte y la reencarnación.
Los fantasmas ocupan un lugar muy especial en la galería de criaturas de terror: no son físicamente terroríficos como los hombres lobo o los zombies, tampoco son criaturas que realmente existen en este mundo, no los podemos ver y rara vez los podemos escuchar. Sin embargo, son los únicos de todos los «monstruos» que realmente pueden existir.
Seguramente alguno de ustedes ha tenido una experiencia con un fantasma, y quienes no lo hayan hecho, probablemente hayan escuchado historias de alguien que sí. Esta característica en particular hace que su presencia en series y películas convierta la historia en una mucho más «real» o convincente.
En las películas de terror esto se utiliza de manera brillante, pero lo que no nos ponemos a pensar cuando miramos estas historias es que los directores y escritores de cada proyecto se están uniendo al debate sin fin de la raza humana: ¿Qué pasa después de la muerte?
Aún no tenemos una explicación científica para los fantasmas, pero lo cierto es que el mero rumor de su existencia hace que el tema de la reencarnación se ponga en debate, y el género de terror ha sabido aprovechar eso mejor que nadie. En el universo ficticio que ellos crean, es posible que haya vida después de la muerte, solamente que una muy distinta.
Como decía al principio, los fantasmas suelen protagonizar series y películas donde su único objetivo es atemorizar a los humanos y hasta incluso matarlos, pero también existen varios ejemplos de fantasmas buenos como Casper, Duke Ellington de Big Mouth, Hector de Coco, Adam y Barbara de Beetlejuice.
La diferencia en las personalidades de estos fantasmas no solo se explica a través de las historias que protagonizan, es decir, mientras que los malos están en historias de terror, los buenos suelen estar en otros géneros; pero también hay que tener en cuenta que el trágico suceso de su muerte los cambió para siempre, y la vida que tienen ahora es una que no se puede comparar con la de antes. Conservan los recuerdos, pero no son los mismos.
A algunos los volvió más rencorosos, peligrosos, dañinos y envidiosos; mientras que los otros llegaron a aceptar sus equivocaciones, lograron estar en paz con la vida que llevaron o incluso se quieren redimir por los errores que cometieron. En definitiva, en la ficción, la muerte es tomada como un nuevo capítulo en la vida de las personas y la manera en la que afrontan esta nueva etapa depende mucho de cuanto aprendieron a lidiar con el final de las cosas en su tiempo como humanos.
Hay una sola verdad en esta vida y es que las cosas se terminan, existe un final para todo. Tu tiempo en la universidad se va a terminar, tu tiempo en el trabajo también, la relación con tus familiares, la relación con tu pareja, con tus amistades, el buen momento que estas pasando va a llegar a su fin, el mal momento también, tu felicidad, tu tristeza, todo tiene su final. Pero, ¿cómo lidiamos con eso una vez que las cosas cambian? ¿Cómo afrontamos el final de algo?
El cambio de ser humano a espíritu que merodea sin que nadie se dé cuenta de su presencia es el más grande que puede llegar a existir para aquellos que crean en los fantasmas, y las producciones audiovisuales que son protagonizadas por fantasmas intentan presentarnos una variedad de opciones de cómo las diferentes personas pueden enfrentar el final de su vida en la Tierra.