Fue hace mucho tiempo, antes de los asesinos enmascarados y las “final girls”, que existió un hombre llamado Norman Bates. Era 1960, cuando Alfred Hitchcock transformó para siempre la manera en que el público entendía el miedo con Psycho.
De esa manera el terror ya no provenía de criaturas sobrenaturales, sino de elementos cotidianos, un motel, una madre y un cuchillo.
Con apenas 800 mil dólares de presupuesto, Psycho recaudó más de 50 millones, y su famosa escena de la ducha se convirtió en uno de los momentos más icónicos y estudiados de la historia del cine.
Los 70 y 80: el nacimiento del slasher modernohttps://www.youtube.com/watch?v=ek1ePFp-nBI Fue 18 años más tarde, cuando John Carpenter perfeccionó la fórmula con un asesino silencioso, un suburbio cualquiera y una protagonista que debía sobrevivir a cualquier costo en Halloween, de 1978.
De ahí nacieron los pilares del slasher moderno, Viernes 13, Pesadilla en la Calle del Infierno, Masacre en Texas, donde el miedo era físico, directo, y la violencia, casi ritual.
Con presupuestos bajos y creatividad desbordante, el terror se convirtió en un negocio rentable y culturalmente influyente. Michael Myers no solo mató adolescentes sino que inauguró una industria del susto.
Para muestra, sólo falta ver sus números, mientras que Halloween recaudó más de 70 millones de dólares con un presupuesto de apenas 325 mil dólares, una proporción de ganancia que aún se estudia en escuelas de cine.
Los 90: la era del meta-slasher y la cultura pop sangrientahttps://www.youtube.com/watch?v=U0LETmDvuXc Cuando el slasher parecía agotado, curiosamente 18 años después de Halloween, es decir en 1996, llegó Wes Craven y lo revivió con Scream.
¿Cuál fue su truco? Muy fácil, aquí los personajes sabían que estaban dentro de una película de terror, donde ese juego de ironía y autoconsciencia convirtió al género en fenómeno cultural.
La década también dio joyas como Sé Lo que Hicieron el Verano Pasado y Leyenda Urbana, donde la fórmula se adaptó a la estética de la década (una formula muy MTV si le pregutnan al autor de esta nota) con jóvenes hermosos, humor negro y un soundtrack alternativo.
El terror se volvió un reflejo del público adolescente, cínico, consciente y adicto al suspenso.
Con Get Out de 2017, Jordan Peele cambió las reglas otra vez, ahora el terror dejó de ser sólo entretenimiento y se convirtió en una forma de discurso político y psicológico.
El miedo ya no era el monstruo, sino el sistema, donde el racismo, el clasismo, la culpa, el trauma, entre muchas otras cuestiones eran llevados al extremo.
Películas como Hereditary, The Witch, Midsommar o The Babadook profundizaron en el terror como metáfora emocional y así nació el “horror elevado”: historias que asustan, pero también invitan a pensar.
De hecho, Get Out recaudó 255 millones de dólares y ganó el Oscar al Mejor Guion Original, un logro inédito para una película de terror/slasher.
El presente: del trauma al espectáculo con concienciahttps://www.youtube.com/watch?v=FV6wgLBgPe8 En esta nueva etapa, el terror abraza lo visual sin abandonar lo simbólico, El Payaso del Maizal de 2025, es el ejemplo más reciente que combina una atmósfera rural, crítica social y estética neo-slasher, mientras recupera el miedo clásico con una mirada moderna.
El público ya no busca sólo gritar, sino que busca entender qué representa su miedo. Algo es claro, el género se diversificó, hoy en día el terror es arte, metáfora y espejo social, mientras que antes era morbo, ahora es catarsis.
Con el auge del streaming, las fronteras del género se diluyen con series, películas y antologías exploran nuevas formas de tensión. Los jóvenes cineastas que crecieron con Scream y Hereditary son notorios, ya que hacen que el miedo ya no es enemigo, sino que es narrativa.
El terror sobrevivió a la parodia, al exceso y al olvido, porque aprendió a cambiar de forma.
Del grito a la reflexión, del cuchillo al espejo, el terror dejó de esconderse en la oscuridad, hoy el miedo tiene rostro, contexto y propósito y sigue siendo… inevitable.