¡Han sido nombrados los nominados!… Ahí vienen… ¡Son los Emmy! Como siempre ocurre, muchos quedan en la vereda de enfrente viendo a sus colegas compitiendo.
En este artículo solo criticaremos, brevemente, tres ausencias (en los rubros de Mejor actriz y actor de comedia) de dos series diferentes con una importancia tan relevante que, quien escribe entiende, son una de las causas relevantes de que sus entregas sí estén peleando por una estatuilla.
A saber…
1 Alison Brie como Ruth Wilder (GLOW)
La actriz que venía de ser “segundona” en programas anteriores, se encuentra (literal y metafóricamente) luchando en GLOW contra la típica rubia norteamericana y un director demasiado cascarrabias.
Sale por demás victoriosa, pero tengamos presente que su inicio es de derrota absoluta: en la primera temporada es rechazada de todo casting por su estilo tan poco obvio (pelo castaño, pechos no inflados) y su vida privada es una bomba a un triz de estallar, teniendo relaciones con el marido de su mejor amiga.
Durante la primera temporada se la ve batallar, completamente muda, contra todo lo anterior, y llevar en sus espaldas el proyecto de un show de wrestling que es torpedeado por su propio director, la enemistad de la víctima de su amorío (Debbie Eagan) y el embarazo producto del mismo, el que aborta en unas escenas que deberían quedar en el recuerdo de todos los que las atestiguamos.
Alison Brie en GLOW | Crédito: Netflix
En la segunda tanda de episodios (intentando no spoilear) su pelea y ella se agigantan. Es víctima de acoso sexual por parte del dueño de la cadena de TV que emite GLOW, show al que rechaza, llevando a que el mismo sea condenado a la madrugada. Pero este escenario, solo la empuja a enfrentarse -nuevamente- con Debbie, quien -como mujer- entiende que Ruth tenía que tragarse el mal momento y aceptar el avance.
Se podría entender que hablar de este tema es lo que “está en el candelero” y no es hija de una mayor creatividad de los guionistas y por ello la castigaron a Brie. Pero esto es una falacia, ya que -en un show sobre mujeres en el show bussiness- este tipo de problemáticas están al caer, solo era cuestión de tiempo.
La actuación de Alison es siempre descomunal ante las crisis: no renuncia a ser su personaje siempre el apaleado, se mueve como puede, pero es pragmática. Quizá, luego de dos temporadas memorables, el Emmy castiga a Alison Brie por su morochez, como lo es Ruth Wilder en los castings hollywoodenses…
2 Marc Maron como Sam Sylvia (GLOW)
Acaso personificar a un director de cine, venido a menos, cocainómano, con una hija no reconocida, fue tomado como una traición al establishment, pero no podemos soslayar que este comediante, de largo recorrido, nos ha entregado a un gruñón muy humano. Sus actitudes son terriblemente palpables, actúa por impulso de frustración o incomodidad, casi siempre contra su propio interés (trabajar).
Él quería ser director de cine y se encuentra, sin más remedio, dirigiendo un show de lucha libre femenino en un cable zonal. Toda su apetencia de reconocimiento artístico se va por el sanitario y él no deja de demostrar la contradicción.
Sam ya tuvo demasiado...
Finalmente este Sam termina siendo el alma mater de las actrices, su padre profesional (además de biológico, a los tumbos, de Justine); el que da el consejo; el que sale a matar o morir y se juega el pellejo por su reaparto (en el sentido de ser el jefe). No olvidemos que acompaña a Alison a realizar el aborto de su embarazo en la primera temporada.
Marc Maron muestra todo tipo de capas en su personaje, no cae en la bidimensionalidad bueno-malo:… es humano, muy humano y cómico. Nuevamente, solo una persona en una actuación digna de ser nominada al Emmy nos puede hacer querer a Sam Sylvia.
3 Lakeith Stanfield como Darius (Atlanta)
En un programa delirante, donde -como en GLOW– reinan los silencios, necesitas alguien que rompa, que destruya la realidad. Hete ahí a Stanfield, en su personificación de Darius para la genial Atlanta.
Brillante.
Veamos: ¿alguien sabe qué hace de su vida? ¿De dónde vino? ¿Cómo cayó ahí? No. Siendo algo éticamente reprochable, es un Kramer: un desgarbado, delirante, que no trabaja y cae parado siempre de las situaciones más inverosímiles. Los otros dos principales del show, Earnest y Alfred, pelean la vida… Darius anda por ahí, yendo a un polígono de tiro a apuntarle a una diana con un perro dibujado (escena memorable, histórica); buscando un piano con las teclas pintadas con fibras de colores de la casa de un símil Michael Jackson; olvidándose que tiene el pasaporte vencido a horas de acompañar en gira con Alfred.
Darius conoce a Teddy Perkins
El trabajo de Lakeith es absolutamente gestual (diferenciándose del antes citado Michael Richards): sabe hacer transitar a Darius de un ente flotador a un pensante intenso, aportando reflexiones de la vida que al resto se le pasan de largo. En la segunda entrega está la obra cumbre: Teddy Perkins.
Darius va a una remota mansión a buscar un piano de teclas coloridas (ya sabemos, ya fue mencionado) que alguien le ofreció en un chat. Llega solo, con un camión de alquiler a recogerlo. Descubre que en el tal alejado hogar vive Teddy Perkins, un afroamericano de piel decolorada, que habla susurrando y trabajó en la industria de la música (sí, muy parecido a MJJ). Desde allí todo es un torbellino surrealista del que es víctima y lo maneja con una expresividad de miedo casi infantil, encerrado en un laberinto macabro.
Tanto como protagonista, como siendo parte del entourage de Alfred, Lakeith resalta, da verosimilitud por contraste al resto del cast y nos hace esperar sus palabras sobre el cosmos y las energías del universo.
Resumiendo
La idea de los premios debería, idealmente, basarse en el desempeño de los actores durante el último año, pero lo cierto es que se nota que se toman en cuenta acumulados de toda la carrera. Por ello es que resulta aún más llamativo que estos exponentes, de dos de las mejores muestras de la TV, no hayan calificado para una nominación al menos.
Quizá, a la Television Academy, le rechace que se hayan tocado ciertos tópicos de la forma en que lo hicieron y por ello no reconozcan ciertas labores. Esto… suena a injusticia.
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