La cuarta temporada y una nueva clase magistral de cómo atrapar al público

A fines del Siglo XIX, William Randolph Hearst, director del New York Journal, y Joseph Pulitzer del New York World, sin quererlo, se convirtieron en los mejores (psico)analistas del mundo: concentrándose en contenidos relacionados a morbosidades varias para la época (crímenes, accidentes, dimes y diretes de los estratos más altos y sexo, MUCHO sexo), sus periódicos entregaban al público lo que el público quería.

Primeros minutos: una chica flotando, desmayada, en un lago; sirenas y luces de la policía; supuestos responsables siendo interrogados. Poco tiempo después: acercamientos sexuales variados (hetero, homo, pansexual, LO QUE DÉ); violencia social contenida; frustración. La cuarta temporada de Élite da cátedra de cómo atrapar a cualquiera combinando TODO lo que TODOS (sin distinguir condición social, credo o lo que fuese) queremos ver.

Nota: no te asustes, no hay spoilers en este artículo.

Haciendo un paralelo con los nombrados editores, se puede argumentar que, al fin y al cabo Élite es una serie burda, pero, ¿de lo más honesto que se puede sintonizar en estos tiempos? Sí, claro que sí. Es una apertura de un clóset infernalmente gigante, sin tapujos, sin corrección moral. Porque si algo sucede a lo largo de los 8 episodios de esta nueva temporada es que se sacan todos los trapos al sol de todos los personajes, otra vez.

Claro, la cuarta entrega de la serie española número 1 de Netflix es repetitiva, pero, vamos, ¿acaso no quisiéramos que nuestra película preferida dure 5 horas más o que aquellas sagas que amamos sean un fiel reflejo de lo que nos atrapó en primera instancia?

También se podría decir que los escenarios son pocos, que las tramas suceden en los mismos espacios, y también como en los pasados episodios, los jugadores cambian, rotan, pero esos son otros verdaderos reflejos de uno y cada uno de los espectadores: de casa al trabajo y del trabajo a casa, como diría un político argentino hace ya muchos años y, a su vez, no importa quién es quién, todos formamos parte de un engranaje poco complejo que empieza en el nacimiento y culmina con la muerte, otalmente asegurado y comprobado.

En definitiva, la cuarta temporada de Élite (por no decir toda la serie) es como ir a un concierto en un pequeño bar, esos espectáculos más íntimos, más cercanos: todos van por algo; todo el público tiene el mismo acceso a la banda que está tocando, solo depende de cada persona qué tanto se acerca o no; todos y cada uno de los asistentes son iguales. Y eso, hoy día, es impagable.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=pIkRdltnA4Y
Spoiler Show #12