La vida de Pedro Friedeberg es tan fascinante como su obra. De origen germánico y judío, nacido en Italia en 1936 y emigrado a México en 1939 al estallar la Segunda Guerra Mundial, su infancia transcurrió rodeado de la comunidad extranjera radicada en el país del norte que incluía científicos e ingenieros ateos, teosofistas vegetarianos, millonarios estadounidenses excéntricos y aristócratas europeos extravagantes, seguidores ya sea de Peter D. Ouspensky, Emanuel Swedenborg, George Gurdjieff o León Trotski. Su formación se nutrió de los colores y la festividad criolla y mestiza de la República Mexicana, una muy diversa no solo por su cultura sino también por su geografía. Estas características nutrieron una personalidad excéntrica y reacia, al mismo tiempo que extravagante y atractiva.
El arquitecto define su arte como una corriente neo barroca kitsch. ¿Pero yo qué sé de arte y corrientes artísticas? Los que me han leído frecuentemente y me conocen, saben lo que causa en mí un buen documental con un buen tema o una vida interesante que plasmar. He visto varios, y Pedro de Liora Spilk (nominado como Mejor ópera prima en los Ariel 2023) es un trabajo espontáneo en inicio y fino en su final. ¿A qué me refiero? La documentalista, de 26 años en ese momento, ve una pintura del artista ítalo mexicano en la casa de su abuela y decide hacer un documental sobre él, decisión de la cual luego trató de arrepentirse.


