El Día de la Marmota: la película filosófica más impactante de la historia

Díganme soñador, díganme exagerado, díganme loco, pero defiendo el título de este artículo con uñas, dientes y lo que sea.

Si lo vemos desde un punto muy terrenal Groundhog Day (1993), o como la conocimos en español, El Día de la Marmota, es solo una comedia romántica más de Hollywood: una trama del tiempo con intervenciones de amor con un final esperanzador y punto. Pero si nos detenemos un poco, deslumbra en su guion el concepto de eterno retorno de Friedrich Nietzsche. Y no solo eso: hace foco sobre el pensamiento posmoderno con respecto a los simulacros y una vista de renacentista .

Increíble, ¿no?

Vamos por partes. Nietzsche pensaba que hemos vivido la vida exacta que estamos viviendo ahora un número infinito de veces en el pasado, y lo haremos un número infinito de veces en el futuro. Y eso tiene matices: si la pasamos bien, la noticia de esta teoría es genial; ahora, si vivimos penurias una y otra vez, el eterno retorno se convierte en una maldición. En ningún momento esto cambia: siempre es el mismo patrón, por siempre.

En El Día de la Marmota, Phil Connors, interpretado por el gran Bill Murray, Phil Connors, descubre que haga lo que haga, todas las mañanas se despierta a la misma hora, en la misma cama, en el mismo hotel, en la misma pequeña ciudad estadounidense, en la misma calle, el mismo día (2 de febrero, el Día de la Marmota). Si lo pensamos un poco, parece que el personaje alcanzó la inmortalidad. Pero, ¿es esto una bendición o una maldición?

Leyendo el subtexto detalladamente, podemos decir que la elección de los escritores de la cinta está más cerca de un eterno retorno pero modificado, sobre todo al final del derrotero de Phil: su retorno no es idéntico; con el paso de las vueltas, Phil selecciona lo que va a terminar mejorando su vida rechazando lo que le hace mal.  Algo así interpretó el filósofo francés Gilles Deleuze a Nietzsche: «podemos ver así cómo el eterno retorno está ligado, no a una repetición de lo mismo, sino al contrario, a una transmutación. Es el momento o la eternidad del devenir que elimina todo lo que se le resiste. Libera, de hecho crea, la afirmación puramente activa y pura». Sin embargo, lo que opina Deleuze también cae en la producción audiovisual: Phil actúa de manera diferente cada día y hace que sucedan momentos diferentes; cada repetición propia del protagonista principal es única e irrepetible, ni negativa ni positiva.

Por otro lado, en la concepción de Nietzsche del eterno retorno el individuo no tiene memoria de sus vidas anteriores. En El Día de la Marmota, el personaje principal recuerda casi al detalle todo y, es más: se siente único. Su desolación gravita por ese pesar. Se eleva como un Superhombre (Übermensch en alemán) en decadencia, una raza superior apabullada, ya quienes lo rodean no tienen ningún recuerdo de sus existencias pasadas.

Sí: El Día de la Marmota presenta una versión mucho más humana del eterno retorno. Connors se abre camino en gran medida. El amor es la fuerza motriz de la transmutación, y la recurrencia acaba gracias a él. 

Avancemos. Mientras que en el esquema de Nietzsche cada mundo renacido es una réplica exacta del anterior, en El Día de la Marmota cada uno es una copia imperfecta, un simulacro, según lo trabajado por Jean Baudrillard.

Los simulacros se convierten en entidades independientes en el preciso momento que dejan de parecerse al original que copian. En la película, Phil se aleja del día original constantemente; todo lo que rodea su mente se ha convertido en otra cosa; no vuelve a la rutina, crea otra, transita otro espacio, genera un nuevo universo ante cada despertar. Y allí entra otro concepto posmoderno: el del libre albedrío. No existe un dios, dios es uno consigo mismo, una amalgama de sentimientos y acciones que no tienen recuperación de otra manera que viviendo al parecer (y en este caso, muchas veces pesar) de cada persona. 

Finalmente, el camino que transita Phil es la de aprovechar al máximo el mundo en el que ahora habita: estudia, practica música, se cultiva físicamente, etc. Si a esto le sumamos que se desarrolla como persona y logra una conciencia de sí mismo cada vez mayor, la figura del pensador renacentista está a la orden del día. Phil escapa del eterno retorno solo, de la maldición, está en su intención, se aleja de Nietzsche al 100%: vuelve a entrar al presente como un ser humano transformado, plenamente autorrealizado.

El Día de la Marmota es una obra maestra. La lección de la película es que podemos escapar de cualquier dilema en el que nos encontremos adoptando la actitud correcta. Phil lo sabe, es una lección difícil, pero aprender es obtener los medios para trascender los problemas de la vida.

Muy pocas películas son tan poderosas. Hay que darle una nueva oportunidad.

Spoiler Show #12