El color rosa, Barbie y los productos culturales para mujeres

De niña odiaba el color rosa. Odiaba el concepto de feminidad porque aunque no conocía la palabra como tal, sabía que el vestirse o comportarse como una niña, por alguna razón, me restaba valor respecto a los niños/hombres. Imagínense, siendo yo una niña ya comprendía que el mundo no estaba hecho para nosotras, las mujeres. Sin embargo, el domingo pasado fui al cine a ver Barbie, la nueva película de Greta Gerwig, con una chaqueta de mezclilla rosa. Muy rockera, por cierto. Y me dio mucha alegría ver a más mujeres como yo que iban al cine a ver Barbie con prendas rosas.

Por supuesto, en los días previos al estreno de Barbie ya había visto miles de hombres (supongo, hetero y cis, menos deconstruidos, pues) quejarse de nosotras, las morritas que íbamos “disfrazadas” para ver una película. Porque aparentemente vestir de rosa es igual a llevar un disfraz, de acuerdo con su lógica. Incluso hubo algún hombre que se atrevió a poner en un tweet la pregunta “¿a nivel psiquiátrico tiene explicación?” adjuntando una foto de una sala de cine llena de personas (en su mayoría mujeres) vestidas de rosa para ver Barbie, sugiriendo que estábamos “locas” simplemente por disfrutar de algo tan simple como ir al cine con una prenda de un color en específico.

Eso me puso a reflexionar sobre cómo nosotras las mujeres no tenemos permitido disfrutar de productos audiovisuales y culturales o de deportes y artistas de la misma manera que lo hacen los hombres, porque mientras a ellos se les llama “fanáticos” por ir al cine vestidos de Spiderman a nosotras se nos llama “ridículas” por ir a ver Barbie vestidas de rosa. Nosotras somos “histéricas” por llorar en conciertos de nuestros artistas favoritos, pero si ellos salen a la calle a romper cosas (o a pelearse con otros hombres) porque su equipo favorito de fútbol perdió se le llama “pasión” por el deporte. Nosotras somos “básicas” porque nos gusta Harley Quinn o Merlina, pero ellos son “expertos en cómics” porque les gusta el Guasón o Batman.

Crédito: Warner Bros.

Siempre, las cosas que nos gustan a las mujeres son “despreciadas” por gran parte del público masculino. Ellos piensan que si a nosotras las mujeres nos gusta, por ejemplo, cierta banda musical o artista, entonces no han de ser buenos porque “ellas qué van a saber de buena música”. Si a nosotras nos gusta el fútbol americano o cualquier deporte, seguramente es porque “nos gustan los deportistas” y no el deporte en sí. De cualquier manera, se cuestiona nuestra inteligencia y nuestra capacidad para consumir productos.

No me dejarán mentir, cuando la saga Crepúsculo se volvió un éxito hace unos ayeres, fue calificada por los hombres como basura. Independiente si es buena o mala, la crítica se centraba en que como era un producto hecho para mujeres, jamás tendría la calidad de un producto hecho para hombres. También criticaban a Robert Pattinson, quien interpretaba a Edward Cullen, por no ser una estrella protagonista fornida y porque su personaje era bastante caballeroso con Bella, actitud que relacionaban con ser gay. Y cómo a una mujer le podría gustar un hombre como él, que para nada cumple con los estándares que ellos mismos se han impuesto de lo que debe ser un hombre.

Crédito: Summit Entertainment

Pero no solo los hombres (y me refiero a los machitos) desprecian los productos dirigidos hacia mujeres, sino que también desprecian lo que las mujeres hacen. El otro día justo me encontré un video que hablaba de este fenómeno. Y es que cuando le preguntas a un hombre su cantante o banda favorita, casi siempre te van a mencionar a un artista hombre o una agrupación masculina. Nunca (o casi nunca) dirán una artista mujer. Y cuando llegan a mencionar a una mujer cantante, lo primero que aprecian es su belleza física y no su talento. Como si valiera más (o solo tuviera valor) por su físico.

Lo mismo pasa con los personajes femeninos en cine y televisión. Iron Man es el puto amo, pero Capitana Marvel es una insoportable, aunque tengan la misma actitud. Rey es una “mary sue” por aprender tan rápido la Fuerza, pero Luke Skywalker es un héroe por hacerlo en el mismo tiempo que ella. Para ellos, resulta inverosímil que una mujer pueda tener un poder igual o superior al de un hombre.

Crédito: Marvel

Y es que en la sociedad patriarcal en la que vivimos, lo femenino se asocia con debilidad, delicadeza, maternidad y sumisión. Mientras que lo masculino se asocia con poder, fuerza, inteligencia y valentía. Lo femenino es expresivo y lo masculino inexpresivo. Cuando realmente no es así. Y estas categorías se vuelven limitantes porque no solo afectan a las mujeres, sino también a los hombres que se ven presionados a cumplir todos estos estándares que los demás esperan de ellos y que son imposibles de cumplir. Y si no los cumplen, entonces no son hombres, y son excluidos de ciertos círculos sociales o actividades.

Así que hombres, la próxima vez que les moleste ver a una mujer disfrutando de manera sana de su fanatismo por algo, pregúntense realmente por qué les molesta. Y por qué no adoptan la misma postura con los fanatismos de ustedes, los hombres, fanatismos que llegan a ser violentos como cuando dos vatos se pelearon por boletos de Spiderman: No Way Home en un centro comercial de Cuernavaca o la tragedia que ocurrió en el Estadio Corregidora en un partido entre Querétaro y Atlas.

Crédito: Sony
Spoiler Show #14