Argentina es el faro del cine de terror para esta Latinoamérica del Siglo XXI

Vengan, pasen y lean: vamos a aprender un poco sobre cine argentino hoy. Más allá de que cada región de América Latina tiene sus producciones destacadas, podemos afirmar con certeza que la industria argentina y la mexicana son las más exitosas de estos lugares. No obstante, el género de terror siempre ocupó un lugar bastante extraño en este escenario.

Como dijimos en un artículo anterior, los monstruos sobrenaturales pocas veces han habitado el horror en América Latina y Argentina no es la excepción. El terror ha tenido muy pocas expresiones cinematográficas en comparación a otros géneros desarrollados en el país, la apuesta por historias de este estilo fue bastante esporádica, pero esto se modificó gratamente en los últimos años.

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https://www.youtube.com/watch?v=B2j8Jjo8KAs

Apoyándonos en El cine de terror en Argentina: producción, distribución, exhibición
y mercado (Carina Rodríguez, 2014) podemos ver que la industria del cine de terror argentino se inició como una de las líderes de la región, pero declinó luego de los años 50 y desapareció casi por completo durante los 70 con la llegada de la dictadura cívico-militar.  No fue hasta el año 2000 que comenzó a recuperarse.

Una nueva generación comenzó a filmar producciones de terror en Argentina a partir de la necesidad de ver plasmada en las pantallas las historias con las que crecieron, y no necesariamente copiar el formato de zombies o vampiros que llegaba desde el extranjero.

Se llegó casi a los 100 largometrajes en pocos años y en el camino se edificaron las bases para un circuito cinematográfico propio: exhibición a través del BARS y distribución a través de VideoFlims y SRN Distribution. Y obtuvo lo que se consideraba imposible: el horror argentino comenzó a obtener subsidios del INCAA y a estrenarse en salas comerciales.

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https://www.youtube.com/watch?v=KhvutJlWopQ

En la investigación mencionada más arriba vemos que los realizadores de terror que comenzaron a filmar en el nuevo milenio son, en el 90% de los casos, jóvenes de 30 años aproximadamente, es decir, la generación post-dictadura, se criaron durante los 90 y fines de los 80, una época mucho menos oscura que los 70.

El surgimiento de los cineastas de terror argentino se dio principalmente por tres factores: una explosión de material extranjero de terror que circuló a finales de los 80 y principios de los 90; una alta profesionalización de los recursos cinematográficos y las nuevas tecnologías digitales; y los circuitos de exhibición y distribución de culto, donde circulan los materiales que no tienen salida comercial.

El desarrollo del horror autóctono siempre estuvo ligado a las temáticas anglosajonas, pero en los últimos años el horror argentino comenzó una tarea artesanal de transformación del género, representó una nueva manera de filmar y suscitó interés a finales de la década de 2000 por su carácter de producto exportable al mercado directo-a-DVD estadounidense.

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Número 8 (2007), Inzomnia (2007), Mala Praxis (2010), El nacimiento del mal (2012), Visitante de invierno (2008), Sudor fío (2011), Lo siniestro (2011) y Penumbra (2012) son algunas de las películas destacadas de los primeros años del Siglo XXI. Pero a pesar del aumento de producciones, sólo las últimas cuatro películas de terror argentinas pudieron acceder al circuito comercial desde la década del 80 hasta el 2012 y lo hicieron con resultados agridulces.

Llegar con las películas a los complejos de cine es el inicio, lograr que el público las
vea es aún más difícil. Tres de estas películas, distribuidas por empresas nacionales, tuvieron los resultados esperados: una paupérrima asistencia, pocas salas de estreno y promoción casi inexistente. Sudor frío fue la única que escapó a la tendencia general
con una distribución de Disney y una promoción de Telefé, quedando entre las películas argentinas más vistas de 2011.

Más adelante, con la revolución del streaming y un cambio absoluto del escenario audiovisual, comenzaron a llegar películas más fuertes como El día trajo la oscuridad (2018), Necrofobia (2014), Historia de lo oculto (2021), Muere, monstruo, muere (2018), Los Olvidados (2017), Los que vuelven (2020), Luciferina (2018), Resurrección (2015) y El prófugo (2021). Las cuales fueron nominadas y premiadas en varios festivales.

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En esta nueva ola de películas de terror argentinas me quiero concentrar en dos: Aterrados (2018) y Cuando acecha la maldad (2023), ambas cintas dirigidas por Demián Rugna y que se convirtieron en dos de los éxitos más grandes del género en el país.

Aterrados llegó a las salas y se mantuvo allí varias semanas y como si fuese poco, un tiempo después fue adquirida por Netflix, lo cual le permitió llegar a un público aún más amplio a través de un terror violento en donde una entidad que está atrapada en una casa revoluciona todo a su alrededor.

En 2023, Cuando acecha la maldad logra destacarse aún más, emergiendo como un nuevo referente en la escena del cine de terror latinoamericano, captando la atención de aficionados, críticos especializados e incluso directores destacados. La cinta se lanzó en más de 600 salas de cine en el exterior y llamó la atención de Scott Derrickson (The Black Phone).

Con la llegada de Cuando acecha la maldad a los cines de Argentina el 9 de noviembre y las críticas y el éxito que tuvo en algunos festivales (nominada a Mejor Película en Fantastic Fest y ganadora del premio a Mejor Película en el Festival de Sitges), podríamos estar ante una de las cintas latinoamericanas de terror más destacadas de la década.

Teniendo a Guillermo del Toro como uno de los creadores más destacados del género en nuestra región, es muy importante que directores más jovenes de otros países de América Latina puedan llevar la antorcha del terror en los años siguientes. Demian Rugna parece ser uno de ellos en Argentina.

Spoiler Show #11