¿Por qué nos asombra tanto Edgar Wright con Last Night in Soho?

Seguimos fascinados con Last Night in Soho (la cual sigue en cartelera y les recomendamos ver desde una butaca).

El trabajo de Anya Taylor-Joy, Thomasin McKenzie, Matt Smith y la grandiosa Diana Rigg es sencillamente espectacular y tan bien orquestado, que al salir de la sala de cine simplemente quieres regresar a ese extraño baile de colores y sonidos del ayer.

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Pero además de nuestra reseña de la semana pasada, es menester revisar por qué, a demás de ser un excelente thriller de corte sobrenatural/sci-fi, El misterio de Soho es quizás la mejor película del talentoso cineasta, Edgar Wright.

Por supuesto, lo siguiente implica SPOILERS importantes de la película y su giro final…

El juego de colores

¿Notaron cómo, al final del primer acto de la película, los tonos sepa del moderno Londres se transforman en una hermosa paleta de colores neón de los años 60, acorde con los «viajes» de Ellie al pasado, pero manteniéndose hasta cierto punto al «regresar» al presente?

Este increíble recurso por supuesto se recarga en el gran trabajo del director de fotografía Chung-hoon Chung (It), pero también muestra la evolución de la visión de Wright iniciada en Scott Pilgrim vs. The World y con la que se jugó un poco en Baby Driver.

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La ingeniería inversa en su narrativa

Les sugerimos MUCHO ver la película más de una vez, pues se darán cuenta de la importancia de los detalles y cómo Wright da pistas de lo que sucederá MUCHO ANTES de que se revelen muchas situaciones.

Un ejemplo es la casera que acoge a Ellie, quien desde un principio dice que su nombre es ALEXANDRA. Otro más, que el olor a ajo al que refiere Ms. Collins no es realmente por el bistro de a lado… ¡sino porque el ajo oculta el olor de los numerosos muertos en la casa! ¿Y qué tal la discreta referencia al póster de Audrey Hepburn (Breakfast at Tiffany’s), donde se vaticinan muchas de las acciones de Eloise Turner y su «paralela» Sandie?

¿Qué tal, lo notaron?

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Un excelente OST que ofrece referencias

«Wishin’ and Hopin‘» de Dustin Spriengfield, «I’ve Got my Mind Set on You» de James Ray, «Heat Wave» de James Ray y la electrizante «You’re My World» de Cilla Black (cantada después por la maravillosa Anya)… ¡vaya desfile de grandes temas ingleses de los años 60!

¿Qué nos deja esto, además del exquisito gusto musical de Wright? Que, tal como lo hizo con Baby Driver y Scott Pilgrim, las canciones que usa realmente son vehículo de su narrativa, en contraste a derroches de temas y pagos de licencias sin sentido, como en la primera Suicide Squad… ¿se acuerdan?

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El giro y asombroso final

De la filmografía de Wright, quizás solo Shaun of the Dead ofrece –aunque en ese caso con un peculiar humor negro– un giro tan intenso como el de Soho, aunque realmente es en esta última obra donde el cineasta nos deja con la boca abierta no sólo con un twist al estilo Sexto Sentido o The Others, sino con una resolución y conclusión que darán de qué hablar entre grupos de cinéfilos que acostumbran discutir las películas recién vistas con un buen café o un tarro de cerveza.

¿Viajó Eloise al pasado realmente? ¿Qué tan inocente resultó Sandie? ¿Notaron que Ellie NO MUERE envenenada, porque en un brevísimo instante en las escaleras alcanza a vomitar el veneno? ¿Estamos hablando de fantasmas como dicta la tradición occidental, o de energías sobrenaturales que de algún modo buscaban liberarse (justicia)? ¿La mamá de Ellie al final indica que la chica verá MÁS COSAS en su camino a convertirse en una gran modista?

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¿Qué les parece? ¿Verdad que hay que regresar a la sala de cine a ver esto una vez más? ¡Y queda para nosotros como la mejor de las 9 películas actuales de Edgar Wright!

Spoiler Show #11