El cine mexicano está pasando por una racha en la que al cine comercial le va muy bien en taquilla. Eso sirve para poder crear industria de la que salgan joyas independientes con propuestas provenientes de miradas nuevas. También el cine de autor alcanza cada vez un mayor número de gente y los recintos cinematográficos que los proyectan se han convertido en lugares de culto para cinéfilos en busca de algo diferente. Por eso, Donde duermen los pájaros de Alejandro Alatorre.
Leonardo es un adolescente con un sueño recurrente dentro: una cueva con un caballo blanco dentro. Al mismo tiempo, y fuera de lo onírico, Leo se enfrenta al proceso complicado de crecer y darse cuenta de nada es para siempre por el constante cambio por el que la vida nos hace pasar.
Alejandro Alatorre nos hace recorrer las calles serpenteantes de Zacatecas que visitan la hermosa catedral para acompañar los paseos oníricos de Leo que dialogan con la profundidad de su contexto emocional y familiar. Como todo adolescente, su vida se centra en amigos, interés amoroso y su verdadera pasión: el skating. El director nos cuenta, a modo de una narrativa habitual, una anécdota sobre el crecer y madurar por medio de las vivencias que pronto se volverán nostálgicas.
Alatorre combina de forma muy natural los elementos surrealistas con la realidad de Leo para englobarla en una historia que incluye también el desamor. Donde duermen los pájaros es evocativa por momentos a Eterno resplandor de una mente sin recuerdos en la relación entre Leo y Scarlett, dialogando con la desilusión del primer amor, con las heridas que deja con el dolor de la desintegración familiar.
Donde duermen los pájaros tuvo una nominación a Mejor Película Mexicana dentro del FICUNAM y también dentro del Festival Internacional de cine de Guanajuato. Donde duermen los pájaros es una obra cinematográfica sencilla, muy elocuente, que evoca lo mejor y lo peor de crecer. Una verdadera joya del cine mexicano independiente.
Ya en cines.