División Palermo: la nueva, polémica pero genial serie argentina de Netflix que los centennials odiarán

Año 2023. Los jóvenes, vía redes sociales, se ofenden por lo que tenga que ver con gestos, actos y dichos que eran muy usuales en el siglo pasado. Todo se comenta, todo se cuestiona, todo se cancela. Y entonces División Palermo, la muy genial serie argentina que estrenó Netflix hace muy pocos días.

Pero, ¿de qué se trata División Palermo? Felipe (interpretado por el creador y director de la misma, Santiago Korovsky) es un muchacho judío frágil que se separa de su pareja, lo invitan a abandonar el trabajo en la empresa familiar y, como un mal paso en el camino de su destino, decide formar parte de la Guardia Urbana de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), aunque no se la nombre.

Esta División, como dije más arriba, se creó con el objetivo de mejorar la imagen de las fuerzas de la  ley y el orden. ¿Y cómo realizar eso? Haciéndola tan inclusiva como inservible para las tareas que deben llevar a cabo: Diego (Jonatan Nugnes) es un joven con sobrepeso importante; Sofía (Pilar Gamboa) es una chica tullida, Johnny (Hernán Cuevas) es enano; Mario (Renato Condori Sangalli) es un inmigrante boliviano (en Argentina los bolivianos son burlados por varios motivos que no explicaré en este artículo); Bernardo (Julio Marticorena) es una persona mayor sorda; Edgardo (Facundo Bogarin) es ciego; Vivianne (Valeria Licciardi) es una chica trans hija de un comisario. Bajo el liderazgo de Miguel (un excelente Daniel Hendler), el grupo es acompañado, secundariamente, por una pareja de policías metropolitanos bastante particular, por no decir bastante caótica: Esteban (Martín Garabal) y Paloma (Charo López).

Ninguno de los nuevos reclutas sabe qué hace ahí, ninguno entiende la razón de la unidad, ninguno quiere saberlo: lo importante es que cada uno buscan un porqué ser y aceptan su rol en la sociedad, sin importar el ridículo o la bajeza. Y allí la genialidad de División Palermo: no hay momentos lacrimógenos por más que veamos a muchas discapacidades o disidencias en pantalla, a la serie solamente le interesa generar carcajadas en base a los rasgos de los personajes. Por más que ciertas críticas quieran justificar a la serie como una que «se ríe de las minorías sin faltarle el respeto», eso no sucede porque ¿desde cuándo una burla repetida no es la piedra fundante de la estigmatización hacia una persona? Seamos serios…

A su vez, es interesante su nombre. Que sea División Palermo hace referencia al barrio de Palermo en CABA, uno que, en los últimos años, es señalado como aquel espacio en el que la libertad de ser es moneda corriente pero, quienes vivimos en Argentina, sabemos que no es así: ciertos discursos inclusivos reflejan meras poses, y muchos que se llenan la boca con el respeto hacia uno y cada uno de los seres humanos y de formar parte de un grupo open minded, no dejan de ser tan o más tradicionales que la realeza misma.

En sus 8 episodios, cada con una duración de 25 minutos aproximadamente, el nivel de humor negro e irreverente que maneja División Palermo es hermoso: no es solo una comedia que se ríe de la corrección política y los discursos de falsa diversidad por parte de las autoridades, sino que invita al público a que se saque la careta y se ría de las discapacidades, por más horrible que suene lo que estoy escribiendo. Porque no existe persona en el mundo tan «desconstruída», como en cierto momento dice Felipe. Aceptémoslo de una vez.  

Como dice nuestro título, los centennials odiarán a División Palermo. Y te lo agradecemos, Netflix.

Video
https://www.youtube.com/watch?v=Ozz-5rWXoI0
Spoiler Show #11