De un tiempo a esta parte, muchas series y películas infantiles se han preocupado en mantener educados a los niños, combinando su contenido con el mundo educativo, pero ¿Es realmente útil? ¿Cumplen con su cometido?
Como explicamos en un artículo anterior esta semana, Sesame Street fue un antes y un después en la creación de contenido infantil, y su programación que ofrecía segmentos educativos interesó tanto a los niños como a sus padres. Cuando se crean series y películas para los chicos, también deben convencer a los grandes, quienes son los que juzgan los proyectos, ya que los niños solo se interesan en la música, los colores, los juegos y el entretenimiento… ¿O no?
Si a los chicos solo les interesa estos aspectos ¿Cómo pueden aprender? La realidad es que el concepto del contenido educativo es mucho más profundo.
Pongamos un ejemplo para empezar a explicarlo. El contenido educativo puede servir mucho para explicar la historia de un país en una forma en la que a los chicos les parezca interesante. En Argentina existe Zamba, una serie animada que se encarga de enseñarle a los niños sobre los próceres, los momentos más importantes y la cultura de la nación, todo combinado con musica, colores y dibujos divertidos.
Contenido como estos provienen de procesos que se desarrollan articulando miradas críticas tanto en lo
educativo como en lo comunicacional.
Por ello, la educación combinada con el entretenimiento, en un contexto donde los más chicos consumen cada vez más producciones digitales a través de diferentes pantallas, es clave para que entiendan el mundo educativo desde una perspectiva distinta a la convencional que se presenta en las escuelas.
El contenido educativo es importante no solo por su dimensión ideológica, sino porque la llegada es cada vez más grande. Al aumentar la atención que los chicos le prestan a las pantallas, la penetración del mensaje audiovisual también aumenta.
En este contexto, el concepto del entretenimiento educativo se presenta como una herramienta útil a la hora de pensar contenidos para los más chicos. Hace varias décadas que el contenido educativo contempla a los niños como sujetos de derecho, haciéndolos partícipes de las producciones, dejándo de lado el concepto ya arcaico del espectador pasivo.
Producciones construidas desde esta perspectiva plantean la formación de escenarios que alientan la reflexión y el debate en distintos espacios. En este sentido, la creación de estos programas y películas se orienta no sólo a proporcionar información sino a involucrar a los niños en el ejercicio de su ciudadanía.