Concierto para otras manos, un adagio para el alma

David González Ladrón de Guevara es un pianista, compositor y concertista que ha ganado premios en Japón, Venecia, Vancouver y ha interpretado piezas musicales originales que su padre, otro concertista jalisciense reconocido,  José Luis González Moya, ha compuesto para él. Ambos exitosos, ambos mexicanos, ambos con dos manos y uno con ocho dedos.

Por eso, “Un concierto para otras manos” de Ernesto González Díaz.

David desde que estaba esperando llegar a este mundo fue detectado con una capacidad distinta. El síndrome de Miller aunque de presenta de distintas formas en varias personas, en David se arraigaba con extremidades más cortas en las manos, incapacidad auditiva y funcionamiento ocular distinto. José Luis, su padre, un reconocido pianista esperaba que su único hijo varón pudiera heredar su talento musical. Esto en algún punto pensó que sería imposible. 

David a su corta edad no era consciente de sus limitaciones, esto lo llevó a practicar piano y aprender a interpretarlo como cualquier otra persona. La ignorancia es felicidad. Desde muy joven David ganó un concurso de concierto de piano para personajes con capacidades diferentes en Vancouver. Tokio Yosida, el director del festival reconoció en David habilidades que personajes con diez dedos no tienen, mayor sensibilidad musical.

A partir de ese momento David confirmó que sí, sí podría tocar el piano algún día en colaboración con su padre. José Luis, sabe las limitaciones físicas de su hijo y así, decidió componer un concierto de piano para ocho dedos. Una pieza original que el padre escribiría y el hijo interpretaría en el Teatro Degollado con la orquesta filarmónica de la ciudad. ¡Era un reto para David!

“Un concierto para otras manos” es de una sensibilidad enorme. Es de un corazón cálido y notas emocionales tan familiares y cercanas que lleva al espectador a una intimidad cálida y reflexiva. Te demuestra que nada de lo que quieres hacer es imposible. Que todo lo que puedes soñar, se puede alcanzar. Pero también te dice que no será fácil y se debe de luchar. 

 

Los padres de David entendieron que si su propio hijo nunca vio sus limitaciones como eso, ellos tampoco las verían. La ignorancia selectiva a veces ayuda que creamos en nosotros mismos. Nos empuja a no escuchar esas voces de no puedo porque no tengo lo mismo que aquella persona o ese artista. La ignorancia selectiva nos lleva a no ver los muros que nos detienen, porque no existen. Nos da un poder inusitado de control sobre nosotros mismos y nuestro destino. David no veía esos obstáculos, se convenció a sí mismo que si quería, se podía. 

“Un concierto para otras manos” está nominado al Premio Ariel 2025 como mejor documental. Y que está ópera prima de Ernesto González pueda hacerse de este premio sería el CODA perfecto para la vida de trabajo de un joven sensible a la música, pero más sensible a su sueño. ¡Poderoso documental, grandioso mensaje! 

Ya en cines 

Spoiler Show #11