Puede gustarnos más o menos, pero es indiscutible que Netflixhoy es la empresa líder en el mercado del streaming. Tiene más de 230 millones de suscriptores en todo el mundo, un botón en prácticamente todos los controles remotos de cada hogar y ha redefinido la forma en la que vemos películas y series. Hoy, todo es una maratón, todo se piensa para ver y digerir en un fin de semana, para pasar a la siguiente producción. Pero, no siempre fue así.
Hubo una época, en la que Netflix recién comenzaba a aparecer en el mercado y con un sistema completamente analógico (o casi, si tenemos en cuenta que había mucho de correspondencia por email). Netflix se creó, inicialmente, como una empresa dedicada a alquilar DVDs por correo.
Era 1997 y la pequeña empresa daba su primer paso con una gran idea pensada por Reed Hastings y Marc Randolph en Scotts Valley, California. Cuenta la leyenda que todo comenzó a partir de una multa que le cobró el videoclub de la cuadra a Reed Hastings, por devolver de forma tardía una copia de Apollo 13 a su videoclub local, por la que tuvo que pagar 40 dólares. ¿Podría existir una mejor manera de alquilar películas?
Así comenzaba a gestarse la revolución: ¿y si en vez de ir a un videoclub nos contactamos por correo con una empresa para alquilar un DVD? Sin multas por retraso, claro. En 1998, Netflix comenzaba a funcionar como una tienda en línea que ofrecía sus alquileres de películas a una tarifa fija mensual. Los clientes podían elegir sus películas en el sitio web de Netflix, y las copias se enviaban directamente a sus casas en sobres prepagados. Al terminarla, simplemente había que ponerla en el mismo sobre y mandarla por correo.
Era novedoso, claro, pero, ¿suficiente para destronar a Blockbuster?
¿Cómo fue el nacimiento de Netflix como plataforma de streaming?
A Netflix le iba a quedar un as bajo la manga capaz de terminar de patear el tablero: el streaming. Una pequeña revolución comenzaba a caminar que volvía poco a poco obsoletas a las líneas de teléfono y terminaba con el problema de no poder usarlo mientras se navegaba por internet: la banda ancha. Reed Hastings, ni lento ni perezoso, entendió que ahí estaba la pata que le faltaba a su negocio.
De a poco, se gestaba la idea de una nueva forma de ver películas: el streaming. Íbamos a poder ver series y películas en línea sin necesitar un disco físico para reproducirlas. Pero, claro, iba a tomar un tiempo porque la mayoría de los hogares no contaban con la velocidad de internet necesaria para soportarlo.
De todas formas, la idea ya había enamorado a un Hastings convencido de que el streaming era el futuro del entretenimiento. Por eso, Netflix se lanzó al mercado como servicio de streaming en 2007, en los Estados Unidos. Había un catálogo limitado de películas y programas de televisión pero esto no era un problema. Es que, el cambio iba a darse de forma gradual e iba a coexistir con el servicio por correo: el streaming se incluía sin costo adicional con las suscripciones de alquiler de DVD.
¿Cuál fue el primer contenido original de Netflix?
La maquinaria del streaming ya estaba en marcha. Ahora solo quedaba llenar la plataforma de contenidos que volvieran tentadora a la oferta de Netflix, que poco a poco se iba a expandir mundialmente. Pero, para que esto fuera irresistible, había que ofrecer algo novedoso y por eso comenzaron a invertir en sus propias producciones. De esta manera, nacía House of Cards, la primera serie original de Netflix que contaba con un talento como el de Kevin Spacey (aún sin cancelar) en el rol protagónico y la mirada de David Fincher como director. Estaba destinada a ser un éxito y tanto la audiencia como la crítica no tardaron en abrazarla.
Netflix dejaba de ser una simple plataforma de contenidos para empezar a ser, también, una productora. A los acuerdos con otros estudios para distribuir títulos, creaba sus propios originales. Así nacían historias que no paraban de sumarse al catálogo… hasta que apareció una pequeña serie llamada Stranger Things que terminó de solidificar al servicio y ponerlo al frente. Cambiar las formas de ver televisión.
Su catálogo en expansión y exclusivo atrajo a millones de nuevos suscriptores. Y el dinero se fue reinvirtiendo (con aciertos y desaciertos). The Crown, Narcos, Romay El Irlandés nos mostraron que Netflix también podía competir en el terreno de alta calidad, que para 2010 ya se había instalado en Canadá. Al año siguiente, ya era parte de algunos países de América Latina, Europa, y Asia. El gigante había emergido.
Y aunque podamos debatir sobre la calidad de los títulos originales de Netflix, es imposible negar la presencia de la N roja, que hoy llega a más de 190 países, con contenido en varios idiomas. No sabemos si su reinado será para siempre. Pero sí sabemos que ha dejado de ser esa empresa alguna vez ninguneada por Blockbuster para ser un gigante que marca tendencia y al que siguen históricos como Disney y HBO, que intentan cada vez más crecer en un mercado dominado por una marca que no solo entendió que había que hacer. Lo hizo y revolucionó la forma en la que consumimos nuestras ficciones.
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