El terror contemporáneo exige más películas de hombres lobo

An American Werewolf in London

Existe la creencia de que los llamados monstruos clásicos, aquellos concebidos del folclor y que en muchos casos fueron inmortalizados por la literatura, se han tornado obsoletos. Nada más equivocado y como prueba sólo basta recordar sus apariciones en cine y televisión a lo largo de los últimos años.

Los vampiros se mantienen firmes en el imaginario colectivo con presencia en una amplia gama de proyectos, destacando la más reciente adaptación de Drácula a cargo de BBC. Guillermo del Toro concibió La forma del agua para que el siempre solitario monstruo de la Laguna Negra fuera capaz de amar, un esfuerzo que fue reconocido con el Oscar a Mejor película. Blumhouse aprovechó al hombre invisible para plasmar la situación de una mujer violentada, en un proyecto que dio nuevos bríos a un Dark Universe de capa caída tras la mala recepción de La Momia. Esta última, hay que decirlo, fracasó por errores en la construcción del filme y sus personajes, mas no por la antigüedad de la criatura.

¿Pero qué hay hombre lobo? La bestia que figurara entre los monstruos más representativos de la franquicia Universal Monsters y que alcanzara nuevos bríos en los 80, parece haber perdido potencia en los últimos años. Y aunque han sido varias las películas que lo han usado como eje central de sus acciones, Dog Soldiers, Wer o Late Phases por nombrar algunas, ninguna ha gozado de la popularidad necesaria para impulsarlo de vuelta a lo más alto. Ni siquiera El hombre lobo, que protagonizada por Benicio del Toro, Anthony Hopkins y Emily Blunt, sucumbió en sus esfuerzos por rescatar el mito para una nueva generación.

Pero la luna se va llenando y existen buenas razones para creer que el mundo necesita más películas de hombres lobo. No por su importancia histórica, sino por sus valores simbólicos que parecen convertirlo en el monstruo perfecto para los tiempos convulsos en que vivimos.

Aullidos a la luna

¿Alguna vez han sentido que la ira es la emoción dominante del mundo contemporáneo? Tal vez estén en lo cierto. Estudios aseguran que la humanidad tiene picos de violencia cada 50 años [vía], los cuales pueden atribuirse al incremento en las brechas socioeconómicas. De acuerdo con lo establecido por esta teoría, las últimas alzas sucedieron aproximadamente en 1870, 1920 y 1970, lo que implicaría que de nueva cuenta nos encontramos en un punto crítico.

El terror siempre ha sido un catalizador importante para sobrellevar estas adversidades, con los monstruos clásicos entre sus herramientas más efectivas. Si estos seres han protagonizado pesadillas por generaciones no ha sido sólo por sus bases sobrenaturales ni sus escalofriantes apariencias, sino por todo lo que han representado a través del tiempo. Distintos reflejos del lado más oscuro de la humanidad y que además han resultado ser sumamente maleables al adaptarse a toda clase de contextos. Como ejemplo El hombre invisible: el de 1933 cuestionó la ética científica en el periodo de entreguerras; el de 2020 abordó la amenaza invisible pero siempre presente que padecen incontables mujeres maltratadas.

En el caso del hombre lobo nos encontramos ante una criatura que alude directamente a la dualidad entre el estado civilizado y el salvaje. Esto hace que detrás del animal se oculten poderosos mensajes de transformación y emancipación. Personas aquejadas por distintos problemas que alcanzan el punto más alto de sus respectivas crisis cuando son tocados por la maldición. Aquella que cada noche de luna llena les hace explotar hasta alcanzar una condición de libertad extrema, pero también de desenfreno, violencia y muerte. Sucesos extraordinarios que les obligan a replantear su existencia, su capacidad de raciocinio y muy especialmente su condición humana, y en la mayoría de los casos buscar una solución para regresar a su estado actual o morir en el intento.

Con estas bases narrativas, resulta casi increíble que los hombres lobo no dominen un terror contemporáneo que ha brillado con sus alusiones a toda clase de crisis políticas y sociales, aunque centrándose más en la desesperanza que en el malestar global. También parece sólo cuestión de tiempo para que alguien se percate de esta oportunidad. De momento la mira está en Blumhouse, cuya inminente Wolfman protagonizada por Ryan Gosling y dirigida por Leigh Whannell tratará de regresar al licántropo a lo más alto con una trama cuyos detalles no han sido revelados. De cualquier modo, no está de más recordar que el productor Jason Blum es uno de los creativos que mejor ha comprendido la necesidad de liberar la ira con The Purge.

La historia del licántropo cinematográfico nos dice que es posible. Werewolf of London (1935) se convirtió en la gran olvidada de Universal Monsters por atenuar a la bestia, mientras que El hombre lobo (1941) le rebasó con creces por la ferocidad de la misma, pero también por el contexto en el que estrenó. La II Guerra Mundial, cuya brutalidad hizo que las personas perdieran su condición humana para convertirse en auténticos monstruos capaces de todo por sobrevivir. Tuvieron que pasar cuatro décadas para que estos seres regresaran a lo más alto con títulos que capturaron la libertad juvenil de los 80, un periodo de jovialidad y bonanza, pero también de experimentación y excesos tras los turbulentos 60 y 70. Tal fue el caso de Travesuras de un lobo adolescente, The Company of Wolves, Aullido, Wolfen y muy especialmente Un hombre lobo americano en Londres que hizo historia con su brutal conversión, quizá la mejor de todos los tiempos.

Unos años después llegaron nuevos proyectos de gran impacto simbólico como Ginger Snaps o Dog Soldiers, pero cuya falta de popularidad masiva impidió que sus mensajes se convirtieran en tendencia. Ni qué decir de El hombre lobo, estupenda en muchos aspectos, pero aquejada por su paupérrima edición –les sugerimos darle otra oportunidad, esta vez al corte del director– y demasiado convencional en su narrativa, lo que invariablemente atentó contra su consolidación y le impidió generar una mayor conexión emocional con el público.

Estudios aseguran que la humanidad tiene picos de violencia cada 50 años, los cuales pueden atribuirse al incremento en las brechas socioeconómicas.

Esto no significa para nada que los licántropos hayan caído en el desuso ni en la obsolescencia. Todo lo contrario. Como si de un ciclo lunar se tratara, han vuelto a pasar cuatro décadas desde que estos seres tuvieran su último auge y el satélite se acerca de nuevo a su punto climático. Después de todo, el mundo en que vivimos exige el retorno de estos hijos de la noche cuyo aullido sólo puede representar el grito de una sociedad desesperada por el cambio. ¿O deberíamos decir la transformación? El tiempo de lobos ha llegado.

Spoiler Show #11