Después de las excelentes Midsommar y Hereditary llega la nueva película de Ari Aster titulada Beau Is Afraid (Beau tiene miedo), protagonizada por el siempre efectivo Joaquin Phoenix, el director nos entrega su película más inquietante y profunda. Fue aplaudida por Martin Scorsese, y con razón. Es Aster en su punto más alto.
Ari Aster es conocido por su enfoque oscuro y retorcido. Sus películas están llenas de personajes traumatizados, que son aterrorizados en sus relaciones personales, pero el verdadero motor de su obra radica en la capacidad que tiene de explorar el miedo universal a la pérdida del control. Beau Is Afraid (Beau tiene miedo) explora temas relacionados con las dificultades en la relación materna. A diferencia de sus películas anteriores, en esta cinta Aster presenta un enfoque más humorístico y podría ser la más divertida de sus producciones. Sin embargo, con esta mezcla de temas serios y humor, el director explora de manera más profunda la condición humana y sus miedos más profundos.
Es difícil explicar de que va Beau Is Afraid (Beau tiene miedo), pero los conocedores de la obra de Aster reconocerán el primer bloque como una calca de su primer cortometraje Beau (2011). A través de esa pulida introducción (comparada con el corto mencionado) es como el director nos introduce al mundo de Beau: nos presenta a su madre y nos describe claramente al personaje principal, un ser humano con sus miedos más profundos a flor de piel.
Beau Is Afraid (Beau tiene miedo) nos muestra otra cara del cineaste: sus dos primeras películas se centran en relaciones disfuncionales y eventos traumáticos. En Hereditary, una familia es destrozada por su legado brujeril y luego revivida de maneras inesperadas; en Midsommar, un grupo de amigos jóvenes e imprudentes viajan a una idílica comunidad rural en Suecia, solo para convertirse en víctimas de un culto pagano asesino. En ambas, Aster utiliza efectivamente las convenciones del género de terror, incluyendo su fascinación por las decapitaciones. Sin embargo, lo que realmente define su estilo es esa habilidad para crear ese fascinante horror ambiental que se siente más de cine de arte que del género de terror. En Beau Is Afraid (Beau tiene miedo), Aster continúa explorando los temas anteriores, pero con un enfoque más humorístico. La película muestra que el director está dispuesto a experimentar y llevar su trabajo en una nueva y fresca dirección, lo que es un gran soplo de aire fresco para el público y para su carrera.
La historia se nos cuenta a través de una serie de capítulos de diferentes duraciones y tonos, en los que Beau trata de llegar a su destino, el funeral de su madre. Después de un incidente que lo lleva a correr desnudo por las calles, Beau resulta gravemente herido y es cuidado por Nathan Lane y Amy Ryan, quienes interpretan a dos padres amorosos que ocultan su propio dolor bajo sonrisas forzadas mientras cuidan de él y lo mantienen dopado. Sin embargo, la familia no es tan perfecta como parece: Beau se ha convertido en un reemplazo del hijo fallecido en el ejército, y la hija de la familia, Toni (Kylie Rogers), está molesta con eso. El excelente personaje de Rogers provoca que Beau tenga que salir huyendo de la casa para seguir su odisea que cada vez se va poniendo más bizarra.
Hacia la mitad de la cinta, el personaje interpretado por Phoenix cae dentro de una secuencia de stop motion, animada por los directores Cristóbal León y Joaquín Cociña (La casa de los lobos). Esta impresionante animación es una película dentro de la película, que toca temas sentimentales, alucinaciones y poesía que refleja el estado mental de Beau. La animación es una muestra del talento creativo de León y Cociña, quienes capturan la atmósfera onírica de la película y reflejan la atormentada psique del personaje. Sin duda, es uno de los puntos fuertes de la producción.
Otro punto fuerte es el flashback, en el que un joven Beau (Armen Nahapetian) nos cuenta el recuerdo de un crucero donde conoció a una niña que hace que su madre se sienta amenazada. Las escenas son visualmente impactantes, por como Nahapetian parece un Joaquin rejuvenecido digitalmente. La interpretación fría e inexpresiva del Beau joven se vuelve aterradora en sí misma, ya que deja pensando al respetable si lo que está viendo es real, un sueño o un reflejo del inconsciente del protagonista. Un sentimiento que va en crescendo durante toda la cinta y que explota de manera genial en los últimos minutos.
La historia de Beau se va convirtiendo en una bola de nieve de traumas emocionales y psicológicos que incluyen momentos de terror, parodias absurdas y una mezcla incómoda de flashbacks con el presente musicalizada por una canción de Mariah Carey mezclada con la exquisita partitura de Bobby Krlic.
Así, hay varias situaciones insertadas que equilibran el tono de la cinta y alternan risas con metáforas visuales. Sin embargo, en última instancia, Beau Is Afraid (Beau tiene miedo) diluye sus profundas metáforas visuales con risas ahogadas que dejan al público desconcertado en la mayoría de los casos, pero en otros con una gran interrogante que se tendrá que responder internamente.
En conclusión, Beau Is Afraid (Beau tiene miedo) es la mejor película de Ari Aster a la fecha, una cinta que lo acerca más a los recovecos inconscientes de David Lynch que al terror de casa de arte. Los fanáticos de Hereditary y Midsommar saben que sus cintas requieren de varios visionados y una observación detallada para comprender completamente la complejidad de cada puesta en escena.
La habilidad de Aster como cineasta se revela en cómo logra transmitir al público sensaciones diferentes en cada vista de sus cintas. En este sentido, Beau Is Afraid (Beau tiene miedo) es su película más ambiciosa: con tres horas de duración Aster no deja títere con cabeza y lleva la trama hasta los lugares más insospechados posibles.
Beau Is Afraid (Beau tiene miedo) es una obra maestra, es una experiencia que desafía al espectador, agotadora y desconcertante en igual medida. Aster se niega a ceder ante la condescendencia, lo que resulta en una película inolvidable y perturbadora. Aunque su estilo puede ser aturdidor, no hay duda de que el director es una de las voces más extraordinarias e importantes del cine actual.
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