Dragon Quest, o como se llamó en Occidente hasta 2005, Dragon Warrior, es una serie de videojuegos que fue best seller internacionalmente. Creado por Yuji Horii y el estudio Armor Project, fue publicado por primer vez en 1986 para las plataformas Famicom / Nintendo Entertainment System.
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Su estilo de juego es el role-playing video game (RPG). En la época de su lanzamiento ganó su fama porque, a diferencia del comienzo de la serie The Legend of Zelda que sucedió ese mismo año de 1986, su complejidad en el modelo RPG era superior: menos acción, menos aventura, más decisiones, más descubrimientos.
Pero esto es It’s Spoiler Time y hablamos de series. Y por eso te presento a Dragon Quest: Dai no Daibōken o, como se llamó en Occidente, Dragon Quest: Las aventuras de Fly.

Es un caso muy extraño el de este videojuego / serie, ya que no pasaron muchos años entre la edición del primer cartucho de videojuego (ya dijimos que fue en 1986) y versión seriada: en 1989 Riku Sanjo y Koji Inada de la revista Shūkan Shōnen Jump partieron del segundo y tercer videojuego para establecer el argumento del manga que luego sería anime.

Con ya muchos tomos del manga en circulación, la productora japonesa Toei Animation, junto a la cadena CBS, el anime que posee tan sólo 46 episodios. Sí, parecen muchos capítulos, pero realmente son pocos: no abarcó el 100% del desarrollo del manga que se publicó hasta el año 1996.

El anime muestra a Fly (Dai) aprendiendo de su abuelo Blas, un mago sin precedentes, quien le enseña el camino del bien y la justicia.
Rodeado de una fauna fantástica (su amigo alado Gome es el mejor ejemplo de ello), Fly va creciendo en cuanto a sabiduría, y es así que vemos que incorpora otra característica: el respeto por sus maestros.

Al igual que el desarrollo del juego, Fly realiza un viaje de autoconocimiento ante un hecho traumático en su vida: la muerte de su maestro Avan, el héroe de la región, a manos de Haddler, el rey del mal.

Junto a Pop, su nuevo amigo y también discípulo de Avan en los artes de la guerra, Fly comienza un derrotero que se basa en la sed de justicia del joven guerrero y la necesidad de vengar el recuerdo de su maestro. Este deambular le amplía la percepción del mundo conocido y a conocer: las aventuras se enaltecen a medida que se van sucediendo hechos y, por supuesto, enfrentamientos contra Hadder y sus casuales (o no) secuaces.
O sea, un clásico que se viene repitiendo indefinidamente en los animes desde que existen.

¿Y en qué momento se hace presente la cuestión del Dragón? Desde todo momento: cuando Fly se enfurece, una suerte de estigma en su frente llamado El Emblema del Dragón se ilumina y la ira se traslada a artes marciales supremas.

Realmente, el caso de Dragon Quest: Las aventuras de Fly fue el detonante particular que hasta al día de hoy funciona: la congruencia y posterior éxito del trinomio videojuego – manga – anime.