Estos últimos años, con el éxito de los true crime, nos adentramos cada vez más en las psiquis de esos asesinos seriales que pasaron a la historia. Documentales y producciones que retratan las vida de Ted Bundy o Charles Manson, por citar ejemplos, hay miles. y algo muy normal en estos es que se expliquen situaciones traumáticas que han atravesado esas personas y que quizás fueron el puntapié para convertirse en los monstruos que fueron.
Sobre esto hay que destacar que en los últimos años la perspectiva de este tipo de show comenzó a modificarse para dejar de romantizar a los asesinos. Eso no quita que uno reflexione sobre cuestiones que colaboran a realizar un perfil sobre sus comportamientos. Ahora sí, es real que poco se habla cuando son mujeres las que matan.
Es muy habitual que tengamos muchos documentales donde sean las víctimas. Claros ejemplos de esto son The Staircase (2004-2018), Las tres muertes de Marisela Escobedo (2020), Carmel: ¿Quién mató a María Marta? (2020), etc. Y es entonces cuando nos preguntamos si las mujeres asesinas son realmente criminales o complejas víctimas de situaciones de abusos. Si bien no queremos justificar las acciones finales, no podemos negar que vivimos en un mundo en el que, estadísticamente, la mujer es más la víctima que la victimaria. Eso no niega que existan mujeres sociópatas que utilizan a la muerte por muchos otros motivos que no tienen que ver con escapar de situaciones de abusos. Y es real que en la industria audiovisual tenemos ejemplos de ambos. El primero que se nos viene a la mente es el caso de Lorena Bobbitt, que en el documental titulado Lorena (2019) narra las situaciones de abuso que sufría por su marido y la salida que ella encontró. Pero poco a poco se comenzó a poner el ojo en otro tipos de casos, como el de Elize Matsunaga: Érase una vez un crimen (2021), donde ella asegura que había violencia, pero el documental está construido para que el televidente sea quien saque su propia conclusión. ¿Es víctima o no?
