Ya vimos más de una vez Ghostbusters: El Legado… ¡y no deja de encantarnos! Y lo más bonito es que no sólo los ghostheads (fans), sino el público cinéfilo internacional ha dado «su bendición» (comprando su boletito y asistiendo) a la secuela de Ghostbusters 1 y 2 dirigida por Jason Reitman, siguiendo de manera impecable el legado de su padre.
¿Por qué la crítica no comprendió el legado de Ghostbusters?

Pero ya reseñamos el filme y hasta hablamos de la redención epiloguera de Winston Zeddemore.
Ahora es el turno de hablar, no del filme, sino del incomprensible fenómeno de la tan temida «crítica»: una masa amorfa de supuestos periodistas especialistas que muchas veces deciden enterrar joyas o glorificar auténticos bodrios.
¿Por qué agarrarla con Ghostbusters: Afterlife?
Para ser francos, Ghostbusters nunca ha sido del total agrado de los llamados especialistas. Y aunque ustedes encuentren reseñas fabulosas y un «certificado de frescura» en el popular portal de los tomates, la realidad es que allá en 1984 y 1989 se atacó injustamente a los filmes de Ivan Reitman, acusando que era «una pésima combinación de comedia y lo sobrenatural», cosa que el trote del tiempo demostró ser completamente falsa.
Lo mismo sucede con el spinoff femenino de 2016, con un cuarteto de actrices impecable en su performance y por mucho el mejor director de comedia femenina de esta era: Paul Feig (Damas en Guerra). ¿Recuerdan cómo atacaron al cineasta y hasta trolleaban a la pobre Melissa McCarthy, metiéndose incluso con su peso?
Pero el respetable público ha hablado, y son miles contra un par de cientos. Miren esta gráfica de Rotten Tomatoes, referente a Ghostbusters: Afterlife:

Así es: 246 críticos dan un consenso de 63% de aceptación a El legado, mientras que más de 5000 cinéfilos registrados brindan una calificación casi perfecta a la secuela.
Muchos críticos acusan que Reitman abusó de easter-eggs, nostalgia excesiva y abuso de sentimentalismos familiares para hacer que funcionara «una trama muy simple», mientras que fans de la saga (y hablamos de los que consumimos series animadas, videojuegos, cómics y novelas de la misma) aseguran que Jason Reitman se dio el lujo de dejar los cameos más fuertes para el final, e incluso eliminar el peso de la siempre adorable ciudad de Nueva York y hasta un soundtrack poderoso, en favor de una historia digna de «levantar de nuevo» una franquicia que había estado en letargo durante décadas (perdón, chicas cazafantasmas).
Y regresamos al inicio: la taquilla favorable más allá de Acción de Gracias en EU (porque el éxito es mundial) comienza a garantizar una secuela, así que… ¿cómo quedan quienes presumen de vivir de dar su opinión fílmica, cuando quien vale –el público– certifica lo contrario?

¿Concuerdan? No se pierdan Ghostbusters: Afterlife en su cine favorito, ¡les aseguramos que nunca se verá tan grandiosa como desde una butaca!