Los algoritmos, la velocidad del streaming y el avance de la inteligencia artificial están cambiando la industria del entretenimiento a toda prisa. En medio de ese cambio, la autenticidad se volvió uno de los mayores retos para quienes trabajan frente y detrás de las cámaras. Ese fue uno de los ejes del más reciente episodio de Spoiler Show, conducido por Rana Fonk, que reunió al actor colombiano Andrés Parra, al intérprete y músico Nico Haza y a la artista de Foley Sofía Hernández Ortega.
Cada invitado viene de una generación y un área distinta del entretenimiento. Aun así, los tres coincidieron en algo: detrás de una producción que busca conectar con el público sigue habiendo un componente que la tecnología todavía no logra automatizar, la experiencia humana.
Andrés Parra
Conocido por personajes como Pablo Escobar en Pablo Escobar: El patrón del mal, Andrés Parra construyó una carrera a punta de transformaciones que le permitieron interpretar figuras muy distintas entre sí. Ahora explora un territorio bastante más personal con Venga que sí es para eso, un espectáculo de comedia que él mismo describe, sin demasiados filtros, como una “guarrada”.
La propuesta busca incomodar y hacer reír al mismo tiempo. Parra usa la comedia para cuestionar las decisiones que muchas personas toman solo por presión social, aunque no correspondan con lo que en el fondo quieren.
El actor contó que el show ha tenido consecuencias inesperadas entre algunos espectadores, al grado de convertirse, según relató, en detonante de separaciones y divorcios. Su intención es llevar al público a preguntarse si de verdad está viviendo la vida que quiere, o si solo interpreta un papel que le impusieron las expectativas de los demás.
Ahí soltó una de las frases más contundentes de la charla: “Usted es el único responsable de absolutamente todo su sufrimiento”.
Parra también habló de sus planes profesionales, y de una decisión poco común en una industria que suele premiar la hiperactividad. El actor anunció que se alejará temporalmente de la actuación durante 2025 y 2026 para regresar a los escenarios y producciones en 2027.
La pausa, según explicó, tiene que ver con una nueva manera de entender su vida y sus prioridades. Entre ellas: el ciclismo, y la posibilidad de dedicarle más tiempo a actividades alejadas de las exigencias tradicionales de la profesión.
La inesperada anécdota de Andrés Parra con Messi
Entre los recuerdos que compartió en la entrevista destacó su experiencia trabajando con Lionel Messi en Los Protectores.
Más allá de compartir set con una de las figuras deportivas más reconocidas del mundo, a Parra le quedó grabada la sencillez del futbolista. Recordó que Messi llegó acompañado solo de un asistente, que cargaba una bolsa con calcetines recién comprados.
Ahí surgió otra anécdota: mientras el resto del elenco había preparado camisetas para pedirle un autógrafo, Parra fue el único que no llevó ninguna.
Para el actor, el encuentro también sirvió para pensar en la relación entre fama e identidad. Según su percepción, Messi se comportaba con una naturalidad que contrastaba con la enorme dimensión de su figura pública.
Nicolás Haza
La charla tomó después un rumbo generacional con Nico Haza, quien habló del éxito de Nadie nos va a extrañar, serie de Prime Video que conectó con fuerza con el público joven.
La producción apuesta por una ambientación noventera, situada en una época anterior al dominio cotidiano de internet y las redes sociales. Su buena recepción terminó siendo un ejemplo del poder que todavía tiene el boca a boca en plena era del streaming.
Haza recordó que incluso antes del estreno había dudas sobre el futuro de la serie. El grupo de WhatsApp del elenco llegó a cambiar su nombre de “Nadie nos va a estrenar” a “Nadie nos va a renovar”, reflejo del escepticismo que rodeaba al proyecto.
La respuesta del público terminó cambiando por completo ese pronóstico.
Para el actor, una de las claves estuvo en el trabajo hecho antes de llegar al rodaje. El director Samuel Kishi recurrió a sesiones de meditación y talleres pensados para desarrollar la química entre los integrantes del reparto.
Esa experiencia también influyó en cómo Haza entiende su propia carrera. Ahora interpreta a Isidro III en El Señor de los Cielos, un personaje que ya habían interpretado otros actores antes que él. El reto, en su caso, es encontrar una identidad propia sin perder los elementos que ya forman parte de la historia del personaje.
Música, emociones y una nueva forma de crear
Haza también desarrolla una carrera musical bajo una propuesta que él mismo define como Latin Soul. Para él, crear también es una forma de procesar emociones.
“Cuando te guardas las cosas, se transforman en algo bastante feo”, dijo durante la conversación.
Su próximo álbum, La familia del futuro, busca explorar la idea de creación colectiva. La apuesta es alejarse de la noción del artista como una figura aislada y apostar por la colaboración.
Sofía Hernández
Parra y Haza son el rostro visible de una producción audiovisual. Sofía Hernández Ortega, en cambio, trabaja en una de las áreas que el público casi nunca identifica: el Foley.
La artista explicó que su trabajo consiste en recrear sonidos que después se incorporan a una película o serie para reforzar la sensación de realidad. Pisadas, golpes, movimientos de ropa, objetos, toda clase de acciones puede requerir una grabación específica en estudio.
La especialización es tan poco común que, según Hernández, existen más astronautas que artistas de Foley en el mundo.
Uno de los datos más llamativos de su profesión: muchos de los sonidos que en pantalla parecen completamente reales son, en realidad, recreaciones hechas con objetos cotidianos.
Durante la entrevista contó, por ejemplo, que algunos sonidos de huesos rompiéndose se logran con un tallo de apio o pasta seca. La nieve, por su parte, puede recrearse con materiales tan inesperados como la maicena.
La artista participó en proyectos como Bayoneta y Frankelda, y explicó que su trabajo pide algo más que precisión técnica. Para lograr el efecto adecuado necesita reaccionar a las imágenes y entender qué emoción debe transmitir cada sonido.
“Somos reactores; nuestra imaginación es el límite para darle vida a lo que el espectador no ve”, resumió.
La inteligencia artificial frente al error humano
Uno de los momentos más interesantes del episodio llegó cuando los invitados hablaron de inteligencia artificial y su impacto en el entretenimiento.
Parra abordó el tema con humor. Reconoció que estaría dispuesto a usar herramientas de IA si eso le permitiera generar ingresos a partir de su imagen mientras dedica su tiempo a otras cosas.
Pero también marcó una diferencia importante: la tecnología puede volverse una herramienta creativa, aunque no necesariamente un sustituto de la experiencia humana.
Para el actor, la inteligencia artificial hasta podría dar origen a un nuevo género cinematográfico. Lo que difícilmente va a replicar es lo que nace de los errores, las decisiones inesperadas y la sensibilidad de quienes participan en una producción.
Hernández coincidió en que la tecnología representa un reto, sobre todo en un área como la postproducción, que suele trabajar con presupuestos limitados. Aun así, cree que hay un componente artesanal difícil de sustituir: la capacidad de reaccionar en tiempo real y tomar decisiones creativas a partir de una imagen.
El encuentro de Spoiler Show terminó conectando tres perspectivas que, a simple vista, parecían no tener mucho en común.
Parra habló desde la experiencia de un actor que decidió cuestionar las convenciones de su profesión y usar la comedia para confrontar al público. Haza, por su parte, representa a una generación que intenta abrirse camino en una industria dominada por plataformas y algoritmos, sin dejar de reivindicar los procesos artesanales de creación. Hernández, desde un oficio prácticamente invisible para el espectador, dejó claro que buena parte de la magia del cine ocurre lejos de los reflectores.
La tecnología puede cambiar la forma de producir entretenimiento. Pero todavía hay una parte de la creación que depende de la sensibilidad y la imperfección humana, esa que ningún algoritmo termina de replicar del todo.
A veces esa emoción sale de una verdad incómoda, de una actuación inesperada, o del sonido de un tallo de apio rompiéndose.
