Review: Supergirl: ¿Héroes o parodias de sí mismos?

James Gunn ha consolidado su estatus como un verdadero maestro del cine de superhéroes al entender que el género no es solo espectáculo, sino la construcción mítica de un individuo. Sin embargo, parece haber un abismo entre su visión y la ejecución de Supergirl. Si bien Superman logró ser una película sólida y respetuosa con el arquetipo del héroe, lo que hemos visto aquí dista mucho de esa maestría.

La epidemia de la “ridiculización”

Estamos ante una tendencia preocupante: la necesidad imperativa de ridiculizar a los protagonistas para hacerlos “cercanos” o “instagrameables”. El camino del héroe, en su esencia, ya es un proceso de transformación que parte del “hoyo” emocional del que todos salimos; no necesitamos convertir a nuestras figuras icónicas en seres estúpidos, disfuncionales o cínicos al extremo para justificar su humanidad. Al hacerlo, se diluye la fuerza de su viaje.

La identidad diluida: Cuando el productor devora al director

Lo más decepcionante de Supergirl no es solo el guion, sino la preocupante desaparición de la voz propia de Craig Gillespie bajo la sombra omnipresente de James Gunn. Estamos hablando del mismo cineasta que nos regaló la visceralidad y el ritmo frenético de I, Tonya, y la elegancia estilizada de Cruella. En esas obras, Gillespie demostró ser un maestro en la construcción de personajes complejos, incomprendidos y, sobre todo, profundamente humanos.

Sin embargo, aquí su estilo parece no solo camuflado, sino directamente diluido. La película no respira a “Gillespie”; respira a un intento de imitación del estilo de Gunn. Es un ejercicio de ventriloquía donde el director parece haber recibido instrucciones precisas para emular una fórmula que ya conocemos de memoria: la ironía constante, el humor descolocado y una banda sonora que, en lugar de subrayar la emoción, parece forzada para intentar emular la magia de Guardianes de la Galaxia.

El resultado es un pastiche que carece de personalidad propia. Si el estudio hubiera permitido que hubiera más “Craig” y menos “James” —dejando que Gillespie explorara el luto y la alienación de Kara Zor-El con su lente característica, en lugar de obligarlo a jugar al copy-paste de un tono que no le pertenece—, Supergirl no solo habría sido una película funcional, sino, probablemente, mil veces mejor. Cuando se busca clonar un éxito, lo único que se consigue es un reflejo borroso, y lamentablemente, eso es lo que ha terminado enterrando una de las figuras más potentes del catálogo de DC.

Milly Alcock, por su parte, es un hallazgo brillante. Su cinismo encaja con la premisa, pero el guion la sabotea, atrapándola en situaciones que carecen de base dramática. Lo único que se salva, irónicamente, es Krypto; el único elemento que parece tener verdadera alma en pantalla.

Al final, Supergirl termina por ser el cliché de todo lo que James Gunn prometió no hacer. No obstante es una mirada para una nueva generación que busca en los héroes una humanización con arcos dramáticos que a DC puede funcionarle o no.

Spoiler Show #20