La más reciente apuesta de Cine Caníbal, Pillion, es una obra que nos pone en una posición incómoda: ¿cómo separar la maestría técnica de un mensaje profundamente problemático?
Protagonizada por un magnético Alexander Skarsgård (Ray) y un impecable Harry Melling (Colin), la película es, cinematográficamente hablando, irreprochable. Sin embargo, tras su estética de cuero y motocicletas, se esconde una narrativa que disfraza la violencia de evolución personal.
La Trampa del “Crecimiento” a través de la Sumisión
La historia nos presenta a Colin, un hombre gay sumamente reservado que parece no encontrar su lugar en el mundo. Entra Ray, el líder de una pandilla de moteros, quien lo introduce en una dinámica de poder y sumisión. El problema no es el fetiche o el BDSM per se, sino cómo la película —y su propia sinopsis— nos vende que esta relación “alienta el desarrollo personal” de Colin.
Lo que presenciamos no es un florecimiento de la identidad, sino una codependencia de la validez del otro. Colin no crece; se moldea ante la figura de un hombre que solo está dispuesto a ofrecer “afecto” a través de:
• La violencia emocional: El control y la frialdad como herramientas de dominio.
• La violencia sexual: El encuentro íntimo solo bajo los términos de poder de Ray.

El Peligro de Romantizar el Vacío
Es alarmante cómo Pillion perpetúa la idea de que un hombre retraído necesita ser “quebrado” o “dominado” para salir de su caparazón. La película disfraza de romance lo que en realidad es una búsqueda desesperada de validación en alguien que se niega a expresar cariño si no es mediante la jerarquía.
Ray no es un guía; es un catalizador de una dinámica de abuso que se siente “excitante” porque la cámara es bella y los actores son extraordinarios. Pero no nos engañemos: buscar que alguien que no te quiere de forma sana te “valide” a través del poder es una receta para el desastre emocional, no para la autorrealización.
¿”Pasajero” es mala? En absoluto. El guion es sólido y las actuaciones son de lo mejor que veremos este año. Pero es precisamente esa calidad la que la hace peligrosa. Al ser tan atractiva visual y narrativamente, logra que el espectador baje la guardia y acepte como “romántico” un vínculo basado en la carencia y la sumisión emocional. Es una película que pone temas importantes sobre la mesa acerca de las relaciones de pareja. Advertencia: Puedes salir enamorado de Alexander Skarsgard.




