En algún rincón de internet, entre foros, TikTok y comunidades digitales, existe una palabra que despierta curiosidad: therian. Un therian es una persona que se identifica —de forma psicológica o espiritual— con un animal real. No se trata de un disfraz ni de un simple gusto estético. Es una vivencia interna. Una conexión profunda con una especie que sienten como parte de su identidad.
Algunos describen momentos en los que se sienten más conectados con su animal. Otros lo entienden como una metáfora de su personalidad. No es un diagnóstico clínico ni una moda nueva: es una subcultura que lleva décadas circulando en línea. El cine lleva años explorando lo mismo: la tensión entre humanidad e instinto, civilización y naturaleza, cuerpo y transformación.
Si alguna vez has sentido que tu espíritu es más lobo que oficinista, más oso que ejecutivo, esta lista es para ti.
La mosca [The Fly] (1986)
Jeff Goldblum interpreta a Seth Brundle, un científico brillante que experimenta con teletransportación… y termina fusionándose con una mosca. Lo que inicia como un leve aumento de fuerza y energía pronto se convierte en una transformación grotesca. Uñas que se caen. Dientes que desaparecen. Un cuerpo que deja de obedecer. Sí, es horror corporal puro. Pero también es una metáfora brutal sobre identidad y pérdida del yo. Si eres therian y te interesa la transformación literal llevada al extremo, esta es la versión pesadillesca del concepto. Advertencia: no la veas mientras cenas.
George de la selva [George of the Jungle] (1997)
Brendan Fraser se balancea entre lianas, habla con animales y choca contra árboles. Es la parodia absoluta del mito Tarzan. Pero detrás del slapstick noventero hay algo claro: George pertenece a la selva. Cuando entra en contacto con la civilización, la pregunta es inevitable: ¿debe adaptarse o mantenerse fiel a su naturaleza? Es ligera, absurda y perfecta si tu lado animal también tiene sentido del humor.
La princesa Mononoke [もののけ姫] (1997)
Dirigida por Hayao Miyazaki y producida por Studio Ghibli, esta obra maestra presenta a San, una joven criada por lobos. San no “convive” con los lobos. Se identifica con ellos. Rechaza su humanidad. La película enfrenta industria contra naturaleza, humanos contra espíritus del bosque, y plantea una pregunta que cualquier therian podría hacerse: ¿qué significa realmente pertenecer? Es épica, profunda y emocionalmente devastadora.
Tarzán (1999)
Criado por gorilas. Educado por la selva. Confundido ante los humanos. Tarzan vive el conflicto clásico del niño salvaje: su cuerpo es humano, pero su identidad se forjó en la manada. La versión animada de Disney equilibra acción, humor y una banda sonora inolvidable de Phil Collins. Ideal si tu identidad animal viene con trauma existencial y canciones pegajosas.
Tierra de osos [Brother Bear] (2003)
Aquí la experiencia es directa: un joven cazador se transforma en oso. No es metáfora. Es literal. La película explora cómo cambia la percepción del mundo cuando cambias de especie. La empatía nace desde el cuerpo. Si eres therian y alguna vez has querido experimentar la vida desde el otro lado del pelaje, esta es tu película.
Sector 9 [District 9] (2009)
Un funcionario sudafricano comienza a transformarse en extraterrestre. Aunque no es animal, el paralelismo es claro: el cuerpo cambia, la sociedad rechaza, la identidad se redefine. Es ciencia ficción política con una reflexión potente sobre “el otro”. Si tu experiencia therian se siente como vivir entre dos mundos, aquí encontrarás eco.
El cisne negro [Black Swan] (2010)
Natalie Portman encarna a una bailarina obsesionada con convertirse en el cisne negro perfecto. La transformación es psicológica. El cuerpo parece mutar bajo presión artística. No hay plumas reales, pero sí una identificación total con el animal simbólico. Es intensa, inquietante y perfecta para quienes sienten que su lado animal es una fuerza creativa.
La langosta [The Lobster] (2015)
En esta distopía, los solteros son convertidos en el animal de su elección. Colin Farrell elige ser una langosta. Es absurda, seca y filosófica. Pero plantea algo interesante: si pudieras elegir tu especie, ¿cuál sería? Ideal para reflexionar sobre identidad… y reír incómodamente.
El libro de la selva [The Jungle Book] (2016)
Mowgli fue criado por lobos. Vive según la ley de la selva. El conflicto entre su humanidad y su pertenencia al mundo animal es central. Visualmente espectacular y emocionalmente directa. Un clásico moderno del niño salvaje.
Wolfwalkers: Espíritu de lobo (2020)
Una niña descubre que puede convertirse en lobo mientras duerme. La animación es hermosa y la historia celebra la libertad salvaje frente al control humano. Aquí la identidad animal no es amenaza, es liberación. Probablemente una de las representaciones más luminosas del tema.
Nimona (2023)
Nimona puede transformarse en cualquier criatura. No es solo un poder. Es su identidad. La película aborda la diferencia, el rechazo social y la libertad de ser cambiante. Es divertida, emotiva y sorprendentemente profunda.
Canina [Nightbitch] (2024)
Amy Adams interpreta a una madre que comienza a creer que se está convirtiendo en perro. ¿Metáfora sobre maternidad? Sí. ¿Comentario sobre identidad y domesticación? También. Oscura, incómoda y fascinante. Para quienes sienten que la animalidad puede emerger en los momentos más inesperados.
El cine ha explorado durante décadas lo que hoy llamamos identidad animal. Desde la tragedia grotesca de La mosca hasta la libertad luminosa de Wolfwalkers: Espíritu de lobo, estas historias no tratan solo de colmillos o plumas. Hablan de pertenencia. De transformación. De preguntarnos si lo humano es una frontera rígida… o una línea difusa.
Si eres therian, quizá estas películas no te expliquen quién eres. Pero sí pueden recordarte que el cine siempre ha sospechado que dentro de cada persona hay algo más salvaje esperando salir. Y a veces, lo único que necesita es una buena pantalla y un poco de empatía. Así que prepara las palomitas. Y deja que tu lado animal elija qué ver primero.
