Las series de Chuck Lorre más allá de The Big Bang Theory

Series de Chuck Lorre

Durante años creímos que la risa servía para no sentir demasiado, así es, la comedia existía para suavizar lo incómodo, pero en las series de Chuck Lorre ocurre algo más sutil, la risa no tapa el dolor, lo vuelve visible de una forma que no asusta, por el contrario lo transforma en algo que puede compartirse.

Por eso las series de Chuck Lorre no funcionan sólo porque son graciosas, sino porque son hospitalarias. Reciben lo que normalmente escondemos, sensaciones y emociones como la inseguridad, la soledad, la adicción, el miedo a envejecer; y lo convierten en algo que se puede mirar sin vergüenza.

La risa como lenguaje emocional

The Big Bang Theory es la puerta de entrada más popular, no por sus chistes sobre ciencia, sino por su retrato de gente que no encajaba encontrando un lugar donde, por fin, no estorbaba.

Sheldon no es gracioso por ser brillante, sino por ser frágil frente al mundo, mientras que Leonard no es torpe, sino que es alguien que quiere pertenecer, finalmente Penny no es superficial, es alguien que busca su propio eje.

Esa ternura disfrazada de chiste fue lo que hizo que millones se quedaran. El final fue visto por más de 18 millones de personas, tan sólo en Estados Unidos, no como cierre de una sitcom, sino como despedida de una compañía emocional que había durado más de una década. Además de un legado de spin-offs.

Masculinidades que ya no saben sostenerse

En Two and a Half Men, la risa ya no es refugio sino anestesia en la que Charlie se ríe para no comprometerse, para no quedarse, para no sentir. Mientras que Alan se ríe para no derrumbarse, es ahí donde la comedia no celebra el exceso, más bien lo exhibe.

Debajo del cinismo hay cansancio, en cada sarcasmo hay cierto miedo, es así que la risa funciona como una venda que no cura, pero permite seguir caminando.

El cuerpo, la adicción y la idea de merecer amor

Mom habla de la recuperación no como triunfo sino como proceso con todo y recaídas, comunidad y paciencia, deja claro que nadie se salva solo, ni mucho menos se salva rápido. La comedia en la serie no aligera el dolor, lo hace transitable.

Mike and Molly mira otro lugar igual de delicado, el cuerpo como territorio emocional. El miedo a no ser suficiente, lo que es el amor cuando no se parece al que nos prometieron. Ahí la risa no protege del juicio, más bien lo desarma.

Ahí las series de Chuck Lorre dejan de ser entretenimiento y se vuelven acompañamiento.

Envejecer, perder y seguir respirando

El Método Kominsky ya no mira la inseguridad juvenil, sino la fragilidad adulta en donde el cuerpo que ya no responde, los amigos ya no están y existe esa sensación de que muchas cosas ocurrieron demasiado rápido.

Esta serie no se burla de la vejez, se sienta con ella y la escucha, en eso hay algo profundamente humano que pocas series se atreven a sostener sin caer en solemnidad.

Lo que nos dicen juntas las series de Chuck Lorre

Ese recorrido, de la torpeza juvenil al cansancio adulto, no es accidental. Es una línea emocional que atraviesa toda la obra de Lorre en un mismo gesto repetido con distintos rostros queda clara la lección sobre que no hay una edad correcta para sentirse perdido.

Por eso, vistas juntas, las series de Chuck Lorre parecen menos una colección de títulos y más un diario emocional de varias décadas. Un registro suave de cómo cambian nuestras preguntas con el tiempo, pero no nuestro deseo de no estar solos al hacerlas.

Tal vez ese sea el verdadero regalo de las series de Chuck Lorre, no buscan hacernos reír de la vida, sino reírnos dentro de ella. Para que duela menos, y se parezca más a algo que podemos atravesar juntos.

Spoiler Show #12