Hay obras que aparecen, desaparecen y un día vuelven justo cuando más las necesitas, así fue Wicked en mi vida; un regreso inesperado que, más que un estreno, se convirtió en compañía.
Todo comenzó desde que inició el 2024, cuando le pedí a mi jefe que sí podía dar cobertura a todo lo de Wicked, aún sin saber que en la Ciudad de México habría un fan event, envuelto en el brillo verde del hype y la energía contagiosa de cientos de fans que parecían haber esperado toda su vida este momento.
Estaba ahí con Spoiler, sí, pero también estaba ahí por mí. Regalamos boletos, digitalmente y en conjunto de mi amigo Ian Plata, hicimos dinámicas en redes, compartimos emoción en persona.
Y desde ese instante, al cerrar el fan event, entendí que este sería el año donde Wicked en mi vida lo transformaría todo.
Encuentros que cambian algo en ti
Vinieron las entrevistas, los videos, las coberturas. Conocí y platiqué con Jonathan Bailey, con Danna y Ceci de la Cueva, quienes cargan este universo con talento en Latinoamérica y una luz que se contagia. Cada interacción dejaba una huella, ya sea profesional, emocional y creativa.
Mis videos comenzaron a circular con fuerza, trajeron nuevos seguidores a Spoiler y a mis redes, reforzaron el vínculo con mi comunidad. Y, sin darme cuenta, Wicked en mi vida ya no era un proyecto, era el eje narrativo de lo que fueron 20 meses de mi vida.
El día que volví a sentir como theatre kid
La primera vez que vi la película fue en aquella función previa al junket. Estaba rodeado de colegas que son amigos y también theatre kids, almas afines, espejos de mi versión. Y cuando llegó ese final, la piel se me erizó.
Fue como reencontrarme con el Mihael universitario que leyó el libro original y pensó: “wow, esta historia me ha cambiado para bien”.
Ese momento selló lo inevitable, Wicked en mi vida había tocado algo profundamente personal.
Trabajo, clases, vínculos… y el corazón
Hablé de Wicked en cada invitación que me hacían a entrevistas y participaciones, cuando se comentó los Oscars. Lo analicé en mis clases, lo acompañé con obsesión sana desde Spoiler. Mantuve conversaciones con la distribuidora imaginando ideas enormes.
Y sí: hasta le pedí a mi persona favorita, que la viera por mí desde Mérida, como quien comparte algo íntimo que no puede guardarse, gracias Edu.
Todo eso convirtió Wicked en mi vida en una corriente que cruzó mi año entero, y para mi buena suerte no estaba solo, había muchos amigos que vivieron esto durante este año de intermedio entre ‘Wicked’ y ‘Wicked Por Siempre’.
El hype que nos unió a todos
Hubo algo mágico en ver cómo personas alejadas del teatro se acercaron sin prejuicios. Cómo la dualidad de Cynthia y Ariana, y en México de Danna y Ceci, se volvía símbolo de amistad, complicidad y vocación. Cómo los trends verdes iluminaban la conversación.
Eso también explica por qué Wicked en mi vida no fue sólo un gusto personal, fue un movimiento emocional y cultural que contagiaba incluso a quienes no habían pisado un teatro.
Wicked en mi vida como recordatorio de volver a volar
Este año supere crisis de ansiedad, dudas, silencios. Y Wicked en mi vida llegó justo cuando lo necesitaba. Me recordó que mi theatre kid sigue vivo, que las historias capaces de conmoverte también pueden reconstruirte, y que todos, absolutamente todos, merecemos una oportunidad de volar otra vez.
Volvió cuando yo necesitaba luz. Y trajo la suya.
Hay historias que se te pegan a la piel y te acompañan como un susurro verde. Wicked en mi vida fue eso: una cuerda que me sostuvo, un abrazo inesperado, un recordatorio suave de que lo extraordinario siempre encuentra su camino de regreso. Y cuando lo hace… te eleva.
