Hubo un momento en la historia cuando las películas empezaron a sonar distinto, con ello se dio pie a las franquicias musicales más exitosas del cine, y es que durante décadas, los musicales fueron un género clásico, elegante y reservado para los teatros o los tiempos dorados de Hollywood.
Sin embargo, la industria encontró la forma de reinventarlos, los hizo franquicias y los expandió más allá del cine sino que los volvió parte del ADN de más de una generación.
Podría decirse que uno de los mejores ejemplos es Pitch Perfect, la cuál abrió una nueva era para el género con sus tres películas, una serie derivada y más de 560 millones de dólares en taquilla mundial lo confirman.
Su mezcla de humor, competencia vocal y arreglos a cappella demostró que un grupo de universitarias podía crear una revolución sonora. La interpretación de Anna Kendrick en Cups se convirtió en fenómeno global cuando aún no existía TikTok, al recordar que la voz, sin más instrumentos, puede ser un espectáculo completo.
De hecho, Pitch Perfect 2 sigue siendo el musical dirigido por una mujer más taquillero de la historia, con 287 millones de dólares en recaudación global.
Años antes, Mamma Mia! había sembrado el terreno, basada en las canciones inmortales de ABBA, su energía mediterránea y su elenco encabezado por Meryl Streep, Amanda Seyfried y Pierce Brosnan convirtieron el catálogo pop en un viaje nostálgico.
Las dos películas juntas superaron los 800 millones de dólares en taquilla, y transformaron clásicos de los 70 en himnos modernos que todavía resuenan en bodas, bares y playlists.
De los escenarios escolares a los himnos globales
Sí Mamma Mia! habló de segundas oportunidades, pero High School Musical habló de primeras veces. Lo que empezó como una cinta para televisión se transformó en una franquicia intergeneracional que se compone por tres películas, un spin-off y una serie en Disney+.
Sus protagonistas, Zac Efron y Vanessa Hudgens, se volvieron íconos globales, y We’re All In This Together pasó de ser un número coral a convertirse en un símbolo de unión para millones de jóvenes, y una de las franquicias musicales más exitosas del cine.
Cuando parecía que el musical se estancaba, llegó The Greatest Showman, con Hugh Jackman encabezando una producción que apostó por lo grandioso. Su estética circense y su mensaje de inclusión y autoestima encontraron eco en todo el mundo.
La banda sonora se mantuvo más de 40 semanas consecutivas en el Top 10 mundial, según Billboard, con temas como This Is Me y The Other Side que confirmaron que los musicales aún podían dominar las listas de reproducción.
Franquicias musicales más exitosas del cine animado y clásico
No se puede hablar de franquicias musicales más exitosas del cine sin mencionar a Frozen, el fenómeno animado que derritió récords. Disney no sólo logró una historia entrañable sobre hermandad, sino un impacto cultural de dimensiones épicas.
Let It Go superó mil millones de reproducciones en Spotify, y su legado se extendió al teatro, a los parques temáticos y a la imaginación colectiva de una generación entera.
Mucho antes de todas ellas, Grease ya había mostrado el camino, estrenada en 1978, se convirtió en la pionera del musical adolescente, un retrato del romance juvenil con ritmo, rebeldía y brillantina.
Décadas después, su espíritu sigue vivo en proyectos como Rise of the Pink Ladies, que reinterpreta la historia para nuevos públicos, y recuerda que la música siempre encuentra una forma de regresar.
Desde Grease hasta Pitch Perfect, al pasar por Mamma Mia! y Frozen, todas estas franquicias musicales más exitosas del cine comparten algo esencial, es la capacidad de mantener viva la emoción mucho después de que termina la película.
Son historias que no se apagan con los créditos, porque siguen sonando en la radio, en los karaokes y en los recuerdos de quienes alguna vez cantaron sus canciones a todo pulmón.
Cuando los créditos finales llegan con una canción, el público no se levanta: canta. Porque hay historias que se escuchan mucho después de haberse contado.
