Review: El callejón de los milagros, espejo de taras culturales después de 30 años

«El Callejón de los Milagros» (1995), dirigida por el maestro Jorge Fons y con guion de Vicente Leñero, es mucho más que una película; es un visceral y conmovedor mosaico de la condición humana, y una pieza clave en el resurgimiento cinematográfico de México. Su gran acierto fue tomar la novela homónima del premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz, El callejón de Midaq, y realizar una tropicalización tan natural y profunda que el asfalto y el alma del Centro Histórico de la Ciudad de México se convierten en el verdadero protagonista.
La película retrata la vida en una vecindad del centro a través de tres historias entrelazadas (y presentadas desde diferentes puntos de vista), logrando una resonancia inmediata y perdurable con el espectador mexicano. A tres décadas de su estreno, esta obra sigue atacando las emociones y la conciencia colectiva:
El Reflejo del Machismo y la Sumisión: La figura de Don Ru (Ernesto Gómez Cruz), el dueño de la cantina que reprime su homosexualidad con una fachada de machismo violento, encarna una realidad social dolorosa. Su esposa, Doña Eusebia (Delia Casanova), representa la sumisión femenina tradicional, un rol que muchos mexicanos reconocieron en su entorno. Este retrato, lejos de ser un cliché, funciona como un espejo incómodo de ciertas taras culturales.
El Eterno Enamorado: El amor puro y trágico de Abel (Bruno Bichir) por Alma (Salma Hayek), la joven que busca escapar de su destino a través de su belleza, toca la fibra más sensible. Su historia, la del idealismo frustrado por la cruda realidad económica y social, es la de millones. El anhelo de Alma por una vida mejor y su caída es uno de los dramas más intensos del cine nacional.

2 La maestría narrativa de Jorge Fons
Fons era un director con una narrativa contundente y un dominio magistral del lenguaje cinematográfico. Su capacidad para mantener al espectador intensamente interesado en la historia era notable.
Un ejemplo memorable es Rojo Amanecer: En su magistral película sobre la masacre de Tlatelolco de 1968, Fons nunca necesitó mostrar la barbarie sucedida afuera del departamento. Bastó la tensión, los sonidos lejanos y los rostros de terror de una familia confinada. Esa elocuencia a través de la elipsis y la sugestión, y la intensidad de un guion inteligente con actuaciones de primer nivel, demuestran su calidad autoral. En El callejón de los milagros, utiliza un recurso audaz —la narración desde múltiples perspectivas— que revitaliza la estructura dramática.

3 Ruptura y contundencia del Nuevo Cine Mexicano
El Callejón de los Milagros (1995) se erigió como un parteaguas, marcando la contundencia del llamado Nuevo Cine Mexicano de mediados de los noventa. Esta etapa se caracterizó por romper con las narrativas habituales de la época (como el cine de ficheras o las comedias ligeras), ofreciendo historias con una profunda crítica social y una apuesta estética más arriesgada.
Junto a la obra de Fons, otras películas relevantes de este período no dejaban de sacudir la conciencia del espectador con historias que nos plantaban en la realidad mexicana:
Elisa antes del fin del mundo (1997) de Juan Antonio de la Riva, explorando la inocencia perdida frente a la crisis económica.
Sobrenatural (1996) de Daniel Gruener, con una interesante mezcla de thriller y crítica a la modernidad urbana.
Este cine, aunque a menudo duro, demostró que las historias locales podían ser universales y atractivas, preparando el terreno para una nueva ola de talentos.
Los «Tres Amigos»
La vitalidad y las nuevas técnicas de contar historias que se gestaron en los noventa alcanzaron su apogeo y renovación con la llegada de directores que llevaron el cine mexicano al reconocimiento global a inicios del nuevo milenio. La estafeta fue tomada por los llamados «Tres Amigos»:
Alejandro González Iñárritu con Amores perros (2000), una obra trepidante de historias cruzadas y estilo arrollador que redefinió el cine urbano.
Alfonso Cuarón con Y tu mamá también (2001), una road movie que mezcló el despertar sexual con una sutil pero penetrante radiografía del México social y político.
Guillermo del Toro ya había marcado la pauta con Cronos (1993), demostrando que los géneros fantásticos también tenían cabida con una voz profundamente mexicana.
En retrospectiva, El callejón de los milagros es una bisagra fundamental. Demostró que era posible un cine de gran calidad técnica y narrativa que, sin suavizar su realidad, lograra conectar con un público masivo, abriendo la puerta a una nueva era dorada.
A 30 años de su estreno, ‘El Callejón de los Milagros’ de Jorge Fons sigue siendo el espejo más crudo y conmovedor del alma mexicana. Don Ru, Alma y Abel son la prueba de que nuestras historias de machismo, anhelo y tragedia son universalmente poderosas.